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Distorsiones

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  • Tránsito de Siem Reap a Phnom Penh y visita al Palacio Real

    8 de junio de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    No sé por qué las compañías de autobuses que se mueven entre ciudades en Asia tienen la manía de salir a horas intempestivas. El día que me marchaba de Siem Reap me recogían a las 6.40am así que desde pasadas las cinco y media estaba levantado preparándolo todo. He conseguido controlarme y no he comprado una sola camiseta que incremente el peso de mi mochila lo cual es todo un logro. El año pasado cuando salí de Malasia llevaba como diez camisetas más de las que tenía inicialmente.

    En la recepción del hotel aproveché para consultar el correo y cuando me recogieron era con un mini-bus que iba vacío salvo por dos chicas. Pensé que íbamos a tener un viaje relajado y placentero pero me equivoqué completamente. Estaba vacío porque yo era el segundo al que recogía. Después paramos en un montón de sitios hasta que lo llenó hasta la bandera, con mochilas apiladas por todos lados y un montón de gente que petaba el cacharro. Nunca pensé que se pudieran meter 21 asientos en un mini-bus pero ahora sé que se puede porque lo he vivido.

    A las siete y media llegábamos a la terminal de autobuses y allí nos cambiaron a uno grande, el cual también se llenó. Al salir el padawan del conductor nos dio a cada uno una toallita de refresco y una botella de agua, en plan azafato de medio de transporte aéreo de los ochenta y no aerolínea de bajo costo actual. En la carretera paró en un par de sitios para recoger gente y como ya no había asientos libres, se ponían sentados en los pasillos de la guagua. En la pantalla de vídeo nos regalaron con 5 horas de karaoke camboyano que no se lo deseo a nadie en el universo. La sexta hora fue una especie de espectáculo con unos julays en plan Jose Luis de los Morenos que te hacía desear que volvieran a poner el karaoke.

    La carretera por la que circulábamos era la Nacional 6, un camino de cabras ensanchado un poco y asfaltado por el que se circula. De cuando en cuando el conductor comenzaba a tocar la pita como un loco y frenaba y claro, lo de siempre, una vaca o un búfalo que se atraviesa en la carretera. A las gallinas directamente las obligaba a huir o morir.

    Hicimos una parada a las dos horas y media y mientras algunos se iban a un restaurante cercano para mear, otros nos quedamos mirando un mercadillo que había delante del autobús. ¡Esta gente come insectos! Tenían pilas de saltamontes fritos y otros que ni siquiera reconocí. Todavía se me pone el vello de punta cuando lo recuerdo. Una mujer se compró tres bolsas y se las llevó para la guagua como aperitivos. Iba sentada al lado de un alemán que no podía ocultar su cara de asco absoluto.

    Para neutralizar el karaoke me puse a escuchar un audiobook y finalmente me dormí. Llegando a la capital el tráfico se comenzó a intensificar, la densidad de chabolas a los lados de la carretera se multiplicó hasta el infinito y antes de darnos cuenta estábamos cruzando un puente enorme y ya estábamos en Phnom Penh, la capital de Camboya. La estación de autobuses estaba en el norte de la ciudad. Al llegar sacaron todas nuestras mochilas y las pusieron dentro de la oficina y después cada uno iba buscando la suya. Afuera, una multitud de conductores de tuk-tuk se daban de hostias por llamar nuestra atención y conseguir una carrera. Yo opté por un taxi, algo más caro pero más seguro y es que en Siem Reap me habían lavado el cerebro conque la capital es muy insegura y hay que tener mucho cuidado. Por primera vez en mil millones de años me quité la cadena que siempre llevo al cuello y no me quité el reloj porque me lo dejé en los Países Bajos.

    El taxista me llevó hasta mi hotel, llamado The Villa Paradiso, un boutique hotel y Spa. Nada más llegar me dijeron que la habitación que había reservado estaba en obras y que me habían asignado una mejor, la suite número 7, llamada The Island. Mirad la foto para que flipéis.

    The Villa Paradiso, Phnom Penh

    El sitio solo tiene diez habitaciones y es increíble. Además los empleados son fantásticos. Me explicaron todo para poder ir al centro y como tenía tiempo decidí hacer algo de turismo e ir al Palacio Real. Tomé un tuk-tuk para que me acercara porque con 36 grados no apetece mucho hacerte un kilómetro andando a menos que quieras acabar más sudado que el coño de la Veneno. El Palacio Real está en un complejo que comprende también la Pagoda de plata, ambos rodeados por unos muros de más de un kilómetro de perímetro. La entrada es algo cara para lo que se suele pagar por aquí pero lo normal es que traten de ordeñar a los turistas así que pagué los seis dólares y veinticinco céntimos de la entrada y mi primera parada fue en el Salón del Trono, un edificio alucinante construido a primeros del siglo XX y que se usa para las coronaciones y ceremonias reales. No dejan hacer fotos en el interior y hay que quitarse los zapatos para entrar pero el edificio es tan bonito que da igual ya que las fotos del exterior son preciosas. Está escoltado por el edificio del Tesoro Real y la Sala de espera Real. El primero se puede visitar y tiene un museo en el que entre otras curiosidades se pueden ver los siete uniformes de los empleados de palacio, que cada día visten de un color distinto. El único edificio feo de todo el complejo es el Pabellón de Napoleón III, un edificio que usó la emperatriz Eugénie durante la inauguración del Canal de Suez en 1869 y que después desmontaron y Napoleón III regaló al rey de Camboya.

    Sin perder más tiempo pasé a la zona del palacio reservada para la Pagoda de plata, la cual tiene unos grandes jardines. El edificio en sí también es precioso y en su interior está totalmente cubierta por 5329 losetas de 20×20 de plata, cada una pesando algo más de un kilo. La pieza principal es el Buda Esmeralda, una figura de 50 centímetros de buda sentado en postura de meditar aunque a su lado hay un buda a tamaño real de oro puro que para mí es mucho más espectacular. Tenían unos cuantos budas más y otras figuras.

    En los jardines hay una estatua con un rey a caballo. Inicialmente el busto era de Napoleón III pero le cambiaron la cara y le pusieron la de su rey. Hay un pequeño templo escondido en un jardín dentro del jardín y todo el perímetro del templo está cubierto con un gran mural de seiscientos y pico metros pero está en muy mal estado de conservación.

    Cuando acabé la visita, regresé andando al hotel, busqué un supermercado para aprovisionarme y pasé el resto de la tarde en la piscina. Para cenar no me apetecía salir y cené en el hotel, que además de ser fantástico tienen una buena cocina. Después me retiré a mi fastuosa habitación con hamaca para meditar y realizarme como ser humano e incluso como persona.

    Así acabó este día en el que el escenario cambió de Siem Reap a Phnom Penh.

    El relato del viaje continúa en Turismo por Phnom Penh

  • Condon man en el club de las 500

    8 de junio de 2010
    Condon man

    Condon man, originally uploaded by sulaco_rm.

    De nuevo ponemos en marcha la máquina del tiempo y retrocedemos a la celebración del Día de la Reina (el Koninginnedag) del año 2005. Yo estaba por Amsterdam con unos amigos y entre los muchos bichos raros que nos cruzamos aquel día destacó el señor Condon man, al cual vimos por primera vez en esta bitácora en junio de ese mismo año. Ha llovido un montón desde entonces pero finalmente hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.

  • Por los alrededores de Siem Reap

    7 de junio de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Para mi último día completo en Siem Reap había pensado hacer turismo y ver las cosillas que nombran en mi guía. No nos debía tomar demasiado tiempo así que quedamos en empezar a las ocho de la mañana. Después de la noche estomacalmente movidita que tuve decidí no desayunar para que se vayan asentando las tripas y cuando bajé el señor Bun ya estaba esperándome. Curiosamente comenzamos volviendo a la zona de Angkor Wat pero para verla desde el aire, desde unos doscientos metros de altura (yo creo que eran menos) en un globo de helio. Me compré mi entrada y al momento salimos. Iba con tres japonesas, una de las cuales comenzó a gritar como un cerdo en el matadero desde que se empezó a mover y se agarró a la jaula negándose a mirar. Las otras le hacían fotos riéndose de ella y yo también tengo alguna fotillo de esa chancha, porque encima es que estaba encochinada.

    Las vistas de Angkor Wat son geniales y usé toda mi artillería de objetivos, haciendo fotos con el gran angular (11-16mm), el 24-70mm y el 70-200mm. La experiencia en total dura unos quince minutos y que nadie se alarme, el globo lo tienen sujeto con cables y lo dejan libre para que suba y después tiran de él de vuelta a tierra. Fue mi primera experiencia en un globo aunque no sé si cuenta.

    Al bajar fuimos al Museo de la Guerra, cerca del aeropuerto y totalmente ignorado por los guías turísticos y demás, de hecho el señor Bun alucinó cuando le dije que quería ir. En el interior del museo (que está en una especie de solar vallado lleno de restos de armas) viven 30 personas que quedaron mutiladas en las múltiples guerras y atrocidades que ha vivido este país y que sacan dinero de las donaciones de los que van allí (que somos muy pero que muy pocos). El chico que me lo enseñó hablaba un inglés perfecto y me dijo que intentó convertirse en guía turístico pero el gobierno no le permitió hacer el examen porque solo tiene un brazo y sin el otro no puede ayudar a cargar el bolso de los turistas o abrirles la puerta. Seguramente es el mejor guía turístico que me ha acompañado nunca. También me contó que durante el régimen de Pol Pot murieron su padre, su madre y sus dos hermanas y él acabó mutilado. Le cortaron el brazo con un alambre fino, tardando en total tres horas y sin anestesia. Dentro de su cuerpo todavía tiene un montón de metal de la mina que estalló cerca de él y le suele doler un montón cuando hace frío. Paseamos y me enseñaba todo tipo de minas antipersonal, tanques, pistolas, rifles, bazucas e incluso un helicóptero y un jet. A Camboya le ha tocado en desgracia el ser campo de batalla para todos. En la segunda guerra mundial llegaron los japoneses, después los echaron los franceses, luego vinieron las bombas perdidas de los B52 de los americanos que se supone que estaban destinadas a Vietnam pero acababan allí matando a decenas de miles de personas y cuando superaron eso llegó Pol Pot con el apoyo del régimen comunista chino y acabó con dos millones y medio de sus compatriotas, además de dejar un país en el que aún hay dos millones de minas perdidas que explotan continuamente y que se desplazan por culpa de la temporada de lluvias que lo anega todo. Esas minas tardan hasta setenta y cinco años en desactivarse. Camboya tiene en este momento más de un millón de lisiados por armas entre una población de unos catorce millones lo cual igual os da una idea de la proporción de la catástrofe que les ha tocado vivir. Sales del lugar tocado pero es algo que definitivamente hay que ir a ver si estás allí.

    Para pasar página y seguir adelante nos fuimos a los Jardines Reales que están en el centro de la ciudad muy cerca de donde yo me hospedaba. Lo más significativo son los miles de murciélagos que cuelgan de las copas de los árboles y a los que hice un montón de fotos. En el lugar también hay un templo (actual) pero después de haber visto la grandeza de los otros este da hasta lástima.

    Tomamos de nuevo la carretera durante más de media hora para llegar al sitio en el que puedes coger un barco e ir al lago de Tonle Sap, un lago inmenso que se ve claramente en el mapa de Camboya. En el mismo hay pueblos flotantes de pescadores y eso es lo que iba a visitar. Alquilé un barco enorme para mí solo y me llevaron primero por un estrecho canal de aguas que parecen barro y casi sin profundidad porque estamos al final de la temporada seca. Hubo varios momentos en los que pensé que no lo contaba pero finalmente salimos a aguas abiertas (aunque con medio metro de profundidad) y llegamos al dichoso pueblo flotante, el cual no es más que una recolección de barcos en estado decrépito y una tienda que han montado con precios abusivos para tratar de exprimir a los turistas. Ya en ruta nos abordaron desde una falúa y el padre lanzó dentro de la nuestra a su hijo de cinco o seis años para que intentara venderme una lata de coca-cola que había vivido mejores días en la década pasada por dos dólares. El sitio no me impresionó demasiado. Te enseñas un montón de pescados que tienen encerrados en un lugar (lo llaman granja) y que se revuelven en el lodo, te llevan a una granja de cocodrilos que no es más que un corral en el que tienen un montón de ellos y después miras las vistas y de vuelta a tierra firme. En total hora y media pero que si lo sé la aprovecho en la piscina.

    Tras la media hora de vuelta a la ciudad hicimos una última parada en el monasterio de Wat Bo, el más antiguo de los que existen en Siem Reap. Tras todo lo que he visto estos días no me hizo ni levantar una ceja.

    Finalmente llegamos de vuelta al hotel, le pagué al señor Bun y le agradecí sus servicios y pasé el resto del día en la piscina hasta la hora de cenar y para entonces, volví al restaurante en el que había cenado los dos primeros días en el que los empleados me hicieron un regalo al despedirme. Así concluye más o menos mi periplo en Siem Reap ya que la jornada del día siguiente es de transición. 

    El relato del viaje continúa en Tránsito de Siem Reap a Phnom Penh y visita al Palacio Real

  • La semana pasada en Distorsiones

    7 de junio de 2010

    Aunque pueda parecer difícil de creer, esta mañana a las seis y cuarto tomó tierra el boeing 747-400 que me traía desde Hong Kong y nada más salir del aeropuerto, pasé por mi casa, me di una ducha y he ido a trabajar. Es la mejor forma de aclimatarse al trabajo, a pelo y de golpe. La semana pasada tuvimos varios capítulos de mi viaje por Asia, el cual ya está todo escrito e irá apareciendo poco a poco. Estuvimos de Tránsito de Kuala Lumpur a Siem Reap y al llegar a Camboya vimos Los templos de Angkor. Primer día, el Segundo día y el Tercer día. Por lo demás, ya estoy buscando billetes para pasarme por Gran Canaria.

    Terminamos con las flores de tulipanes de este año. La última fue una curiosa Mezcla de tulipanes y después vimos dos fotos de Amsterdam con las que quería completar el álbum de esa ciudad. Se trató de una de Rembrandtplein y otra de la Munttoren desde Rembrandtplein. Durante los próximos días veremos unas cuantas imágenes que entran a formar parte del Club de las 500. Esta semana tuvimos mi cámara, la Canon 50D + Tokina SD 11-16 F2.8 DX en el club de las 500, una foto tomada en Maspalomas y titulada Huellas en la arena en el club de las 500 y una Escalera hacia el cielo en el club de las 500. Este repaso al club no durará mucho y después saltaremos a Malasia.

    Hubo una foto de bicicletas y de nuevo fue con temática asiática. La imagen de esta semana fue un Rickshaw adornado con flores.

    I Love You Phillip MorrisPrince of Persia

    Fui a ver una película en Malasia y como sigo teniendo algunas en mi particular bodega hablé de dos películas en la sección de Cine. Se trató de la entretenida y chocante I Love You Phillip Morris que imagino que nunca se llegará a estrenar en España y de la ligera y divertida Prince of Persia: las arenas del tiempo ? Prince of Persia: The Sands of Time.

    Y así transcurrió la semana. Espero ir retomando los hábitos normales en los próximos días.

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