Cámara oscura

Una de las grandezas del cine español es su capacidad para fabricar mierdas, producidas eso sí por infinidad de comunidades autónomas, ayuntamientos, empresas públicas, que tiran los millones para satisfacer el ego de algunos. A pesar de todo, yo nunca he perdido la fe y continúo viendo cine español siempre que puedo.

El título que me enerva hoy es Cámara oscura, una película supuestamente de terror que consigue llevarnos a cotas de aburrimiento nunca antes experimentadas. Ya desde los primeros minutos se ve lo que hay. Alguien puso dinero, alguien quería unas vacaciones pagadas en un exótico destino africano y alguien sumó A + B estafando a unos cuantos incautos y pariendo esta basura.

Todo comienza cuando un grupo de panolis que merecen una muerte lenta y dolorosa la cagan hasta el fondo y acaban tirados en medio del mar. Por intervención divina consiguen subir a un barco sin que los vean y allí pasan el resto de la película, corriendo siempre por el mismo puto pasillo una y otra vez. A veces la cámara está en el techo del pasillo, a veces en un lado, a veces en el suelo y a veces debería haber estado en el puto culo del director.

De los geniales actores y actrices que forman el elenco de tan soberbia obra no merece la pena hablar. Son nombres familiares en el firmamento de estrellones españoles. Por nombrar a dos de estos innombrables, salen Silke y Adrià Collado.

Lo mejor de la película fue el aire acondicionado de la sala y la comodidad de las butacas. Lo demás prefiero olvidar lo antes posible. Si eres masoca, primo, sobrino, tío o hermano de cualquiera de los que colaboraron en este fracaso, ve a verla. Si no, gasta tu dinero en algo más útil. Si queréis más información en español, haced clic aquí
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Compañeros de clase

Hoy hemos tenido la segunda clase de holandés. Se dice que la confianza da asco, así que ya hemos empezado en plan asqueroso a querer saberlo todo sobre los demás. Es lo bueno que tienen estas experiencias intensas. Sin comerlo ni beberlo te enteras de la vida de un montón de gente.

Básicamente hay tres grupos en la clase. Está el Latin-Power compuesto por una mexicana, un chileno, un guatemalteco, un italiano que habla español y un canario (Rodolfo seguro que preferirá el termino Españooó, pero es que leyendo la prensa española parece ser que ahora nuestra nacionalidad es la de la comunidad autónoma en la que nacimos, y yo por desgracia nací en África ;-)).

El segundo grupo está formado por las rusas. Ya he comentado en otra ocasión que por aquí por el centro de Europa se considera socialmente aceptable que los frikis compren esposas en otros países ante su incapacidad de conseguir hembras locales (Miraos Hembras à la Carte). Por supuesto estas transacciones son con contrato de por medio en el que ambas partes se declaran de acuerdo. Rusia debe estar entre las mayores potencias mundiales en esto de las esposas a la carta, porque tenemos cuatro en clase. Al igual que los latinos, ya se han agrupado.

El tercer grupo es el resto del mundo. Es bastante variado. Hay una neozelandesa, una indonesia, una checa, dos ingleses, una griega y algunos más de los que aún no tengo datos.

Yo creo que estoy perdiendo mi tiempo en mi trabajo. Lo que yo sé hacer de forma intuitiva es crear redes de conocimiento. Lo he hecho toda mi vida. Igual que hay gente que hace punto, o juega al fútbol, o toca en un equipo de música, yo organizo redes. Así que roto el hielo, ya he establecido las relaciones en la clase.

Las rusas prometen y mucho. Son las esposas perfectas. Viven por y para su hombre. Las ves venir a clase totalmente arregladas, listas para irse de marcha. Maquilladas, cuidándose mucho, saben que todo lo que son es lo que vale su cuerpo. Hay una que ha conseguido la unanimidad de todos. Es la «chocha del martes». El súmun entre las suyas. La hijaputa está superorgullosa de sus uñas, que tiene pintadas haciendo unos dibujos espectaculares y todas diferentes aunque conjuntadas. Las teorías en clase es que se pondrá guantes de lana para follar, porque como se le joda una se agarra una depresión. La tía es perfecta. Tiene todos los accesorios necesarios colocados en los lugares adecuados y con las cantidades precisas. En la clase hay sólo otra mujer capaz de hacerle sombra. La neozelandesa se da un aire a la Angelina Joile que no veas. Y encima se mete el bolígrafo en la boca de una forma que parece que está chupando pollas. Se ha sentado al lado de la rusa guapa para controlarla a ella y a nosotros y como siga haciendo eso con el bolígrafo, vamos a tener que empezar a llevar bolsas de hielo para las calenturas.

Visto que hoy estoy muy insubstancial y vulgar, vamos a centrarnos un poco en esta jodida lengua bárbara. Hoy me he enterado después de cuatro años aquí que el artículo indefinido «un» y el número «un/o» se pronuncian de formas distintas. El artículo indefinido se pronuncia como «en» y el número como «ein». Me he quedado de piedra. En la escritura el primero se escribe een y el segundo één. Ya me parecía a mí que alguna gente lo pronunciaba de forma distinta. Yo siempre pensé que eran la misma palabra. También me mosqueaba que a veces la gente los tildaba y otras veces no. Uno de mis amigos españoles siempre comienza las conversaciones en el messenger con un Ein, así que gracias a este curso ya sé lo que quiere decir. :mrgreen:

La sombra de un secuestro – The Clearing

Esta es la historia de un error. Una de esas equivocaciones tontas que todos cometemos alguna vez. Estando en Gran Canaria de vacaciones, fui uno de los días al cine a ver The Clearing, conocida en español como La sombra de un secuestro. A priori lo único interesante era el cartel y los nombres de los actores principales. A posteriori fue lo único interesante.

Para aquellos especializados en los soporíferos telefilmes de Antena3 en los fines de la semana, esta película debe ser como el caviar. Una joya. Para los que nos dormimos con esas mierdas, la película fue una sesión intensiva de tedio y aburrimiento. El puto novato de Pieter Jan Brugge, el director, consiguió lo impensable. En la sala durmieron hasta las butacas. El guión es plano, aburrido y previsible. Las interpretaciones son nulas. Tanto Robert Redford como Willem Dafoe pasan sin pena ni gloria. Además se les notan los años, sobre todo al primero, que parece una momia andante. Sus conversaciones en el bosque son de pena. De los demás, mejor no hablar.

No hay mucho más que decir. Una Mierda con mayúsculas. Seguro que romperá records de audiencia cuando la estrenen en Antena3. Hasta entonces, maldito sea el director y toda la gentuza que salió en la película. Si queréis más información en español, haced clic aquí.
medio gallifante

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