Dirty Dancing: Havana Nights – Dirty Dancing 2

Antes de relatar mi viaje voy a quitarme este espinazo de encima. Justo antes de las vacaciones fui al cine creído que iba a ver Starsky & Hutch, que era la película que había anunciada en todos los foros como sneak preview de la semana. Cual fue mi sorpresa y la del resto del cine cuando la película que comenzó fue Dirty Dancing 2, también conocida como Dirty Dancing: Havana Nights, la continuación de la archifamosa Dirty Dancing.
Os juro por lo que más queráis que más de cincuenta espectadores se marcharon sobre la marcha. La película ya comienza con música y baile. Y de ahí no sale. Ambientada en la Habana, justo cuando Batista está a punto de marcharse.
Bueno, es una sucesión de números de baile. Baila Diego Luna, que hace de cubanito pobre, baila la Romola Garai, absolutamente desconocida y por bailar, baila hasta Patrick Swayze. Se me cambó la peluca cuando apareció este. Y yo que lo hacía muerto y enterrado. No hace el mismo papel que en la primera. Aquí es profesor amariconado de baile para mujeres americanas ricas. Se le ha puesto un hocico de Boris Izaguirre que no veas.
Cada nuevo número de baile se acompañaba de nuevas deserciones en la sala. De cuatrocientos que comenzamos la película, no pasábamos de cincuenta los que llegamos al intermedio. Nunca antes he visto tanta gente dejar una sala, ni siquiera con la patética y soporífera Lord of the Cock Rings I. Me quedé hasta el final por orgullo, porque la película no vale nada de nada. Lo único bueno es la banda sonora, pero seguro que la encontráis en internet sin tener que pasar por lo que yo he pasado.
Como me pilla de generoso, le daré medio gallifante. No he encontrado información en español, lo siento.

Publicada el
Categorizado como Cine

Kill Bill: Vol. 2

Gracias maestro. Gracias por la lección. Gracias por el arte. Gracias por todo. Me arrodillo ante ti.
O B R A M A E S T R A
Hay muchas palabras que podrían definir Kill Bill: Vol. 2 pero ninguna le haría justicia. Es un clásico, una joya.
Quentin Tarantino ha bordado una obra asombrosa. En la primera parte ya mostraba un dominio absoluto de la cámara y del lenguaje visual. Aquí cambia de registro y te sorprende una y otra vez. No es una continuación de la primera parte, es una película que se sostiene por sí misma, que mientras transcurre te zarandea, te vapulea, te noquea y no puedes hacer nada para impedirlo.
Me descubro también ante Uma Thurman, que despliega todo su arsenal. Nunca antes se vio en escena un asesino (o debería decir una asesina) semejante. ¡Bravo! Siguiendo con las felicitaciones, no quiero dejarme atrás a Daryl Hannah, majestuosa en un papel secundario. Y dejo para el final a David Carradine, Bill, el sujeto por el que ha sucedido todo. Desde el primer volumen y gran parte del segundo te vas creando tu propia imagen de Bill y cuando finalmente aparece, en un solo plano manda a tomar por culo tu imagen y crea una totalmente distinta, un millón de veces más potente de lo que jamás pensé que podría ser.
En fin, no tengo más que decir. Número máximo de gallifantes. Os recomiendo que no me hagáis ni puto caso y sigáis yendo al cine a ver toda esa mierda que hay en cartelera y os abstengáis de ir a ver algo tan puro y hermoso, este clásico.

Publicada el
Categorizado como Cine