En Oostvaardersplassen los caballos Konik andan siempre en manada. Es raro ver alguno solitario por el parque, se pasan el día juntos, comiendo, corriendo, jugando y observando a los humanos que muy de cuando en cuando se acercan a verlos.
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El Niño
Este sábado me levanté con ganas de ir al cine pero no me apetecía viajar hasta Amsterdam, así que después de mirar la cartelera decidí volver a ver WALL-E en Utrecht, una película que es todo un clásico. Me fui al centro de la ciudad con tiempo suficiente y me dediqué a rastrear las tiendas habituales a la búsqueda de alguna chorrada innecesaria pero chula que comprar. También me comí mi ración habitual de papas en el Mannekken Pis, los puestos que han ganado el premio a las mejores papas fritas de Holanda y sin lugar a dudas de la Vía Láctea. Hay un antes y un después claramente separados por el día que por primera vez comes papas fritas allí. Aún disfrutando de los múltiples orgasmos que tuve mientras las comía me acerqué al cine y compré mi entrada. Me esperaba una sala abarrotada de niños y padres deseosos de descansar un par de horas pero la realidad fue muy distinta. Todos éramos adultos que íbamos a ver una película de animación. Los niños estaban en la sala de al lado en la que daban la misma película doblada al holandés.
Al salir del cine y mientras paseaba hacia la estación en un delicioso atardecer cuasi-otoñal me llamó mi amigo el Niño y quedamos para vernos al día siguiente en Amsterdam e ir al cine juntos y cenar en algún lugar. El Niño fue el becario de nuestro equipo durante la primera mitad del año. El día que nos conocimos lo adopté, se mudó a mi despacho y a partir de ahí el trabajo que tenía que hacer durante sus seis meses fue rodando sin problemas. Pese a la escandalosa diferencia de edad nos llevamos muy bien y aunque ahora está trabajando en otra empresa no hemos perdido el contacto.
El niño me llama a mí el Enano porque no le llego ni al sobaquillo. Cuando nos movíamos por la empresa parecíamos el Gordo y el Flaco y yo era el que hacía el papel del Gordo. Nos lo pasamos genial puteando jefillos y creo que le abrí los ojos bastante sobre el entorno de trabajo y como moverte por el mismo. Se pueden escribir varias bitácoras sobre la fauna que hay en cualquier multinacional y si no lo creéis, leed las tiras de Dilbert. Se convirtió en fan declarado de mis magdalenas y aún ahora, siempre que nos vemos le llevo media docena que se lanza a devorar sin ningún pudor. Su novia es una delicia de chiquilla que me recuerda a Karen Allen
en la primera película de Indiana. Parece tan frágil y delicada y sin embargo cuando nos ponemos al tajo y competimos en los bares, la cabrona se baja las cervezas con más facilidad que nosotros. Dentro de un par de semanas hemos quedado para emborracharnos juntos en la Haya y supuestamente me van a llevar por todos los cutre-pubs de la ciudad. Después repetiremos experiencia en Utrecht, en donde ya estamos en la lista negra de algunos pubs.
Los meses que pasamos como compañeros de oficina dejaron además un montón de historias que me contó y que me autorizó a distorsionar. Es una saga fantástica con la que llevo riéndome desde febrero, una especie de culebrón de adolescentes con todo tipo de giros absurdos. Según me lo iba relatando yo lo iba alterando y manipulando y después nos partíamos de risa con mis versiones totalmente absurdas que por supuesto, no tienen mucho que ver con la realidad. Algunos ya habéis escuchado capítulos sueltos cuando nos hemos visto y se me dispara el modo payaso. Han pasado los meses y la historia sigue sin salir, está en la alacena, macerándose y esperando el momento oportuno. Hay gente que cree que esto de desvariar es algo sencillo y directo y en mi caso no es así. Unos días las cosas vienen directamente del caudal de eventos de ese mismo ciclo solar y en otras ocasiones las historias que quiero escribir pasan semanas, meses o incluso años hasta que están listas. Yo ya he aprendido que no hay que forzarlas, que salen cuando quieren y de la forma en que lo desean. Las historias del Niño serán parte de la línea de este otoño/invierno porque presiento que están casi listas.
Estad atentos porque un día de estos, el Niño comenzará sus andanzas en Distorsiones.
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Pavoneándose un poco
Cuando visitamos los caballos Konik en Oostvaardersplassen disfrutamos con sus juegos y rituales para impresionar a las hembras. También vimos algún miembro dilatado hasta niveles que nos hicieron llorar de envidia.
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En bicicleta con minusválidos
Una de las bicicletas más curiosas que he visto en Holanda es la de la foto de hoy, una bicicleta que permite llevar al abuelete o a una persona minusválida contigo. La vi en el parque nacional de Hoge Veluwe, también conocido como el parque de las bicicletas blancas porque hay miles de ellas disponibles para los visitantes, qeu pueden usarlas en los más de cuarenta kilómetros de carriles bici que hay dentro del parque. Otro día volveremos a este parque para ver con más atención las bicicletas blancas (Witte fiets). Es una lástima que el Hoge Veluwe no sea un parque de fácil acceso para los turistas que no tienen un coche alquilado porque os aseguro que es un lugar increíble para pasar un día completo y tiene el añadido de contar con un museo en su interior en el que hay varios de los más famosos cuadros de Van Gogh.
Volviendo al tema de las bicicletas, he visto varias adaptadas para personas con algún tipo de minusvalías y es relativamente normal ver a gente con los soportes para muletas moviéndose en bicicleta por la calle o ancianas de más de ochenta años que casi no se pueden mover y que circulan en bici (a veces arrastradas por sus perros)
En el Álbum de fotos de bicicletas encontrarás un montón de bicis que he ido fotografiando a lo largo de los años



