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  • Ruidos

    13 de marzo de 2008

    Toda mi vida salvo en los años que he pasado en Holanda se escuchaba el ruido del mar desde mi habitación. En las tres casas que he vivido en Gran Canaria el mar estaba cerca, presente, y además de olerlo por la noche su ruido de fondo era el que me ayudaba a coger el sueño. Ahora cuando vengo de visita a Gran Canaria me duermo casi al instante, es como si mi cuerpo recuperara esa banda sonora que me falta allá y celebrara su regreso.

    En los Países Bajos, en mi casa, hay una asombrosa falta de ruidos. La casa está tan bien aislada que raramente escuchas nada que provenga de fuera y solo de cuando en cuando en el verano, al dormir con la ventana abierta me da la impresión de oír algún tren carguero que pasa durante la madrugada y ni siquiera estoy seguro que sea real, ya que las vías están a casi un kilómetro y es un ruido muy lejano. En el invierno no hay sonidos extraños, sólo la oscuridad más absoluta y el vacío de la ausencia de ruidos. Si se interrumpe esta paz, posiblemente sea el rumor del agua al correr por las tuberías de la calefacción y esto tampoco pasa a menudo porque a la medianoche se apaga y a menos que la casa se enfríe por debajo de cierto umbral, no arrancará hasta diez minutos antes de despertarme.

    Me gusta ese silencio tan poderoso, saber que no hay ruidos de coches, motos de escape libre, gente gritando por la calle y demás. En los años que viví en Hilversum, en pleno centro de la ciudad y en una de las calles de bares de copas, los viernes y sábados por la noche eran una sinfonía de sonidos extraños que cruzaban limpiamente a través de las paredes de madera de la vieja casa en la que vivía. A veces eran conversaciones a gritos entre borrachos, otras alguna moto, pitas de vehículos, peleas de novios y de cuando en cuando las sirenas de la policía o los bomberos. No tengo grandes problemas para dormir y una vez me acostumbro a los ruidos, mi cerebro es capaz de aislarlos y ni me entero pero sigo prefiriendo el ruido del mar al romper contra las rocas, esa serenata suave en ocasiones y brava en otras que parece no tener fin y que no tiene dos movimientos iguales.

    La contaminación acústica ha pasado a formar parte de nuestras vidas. He estado en multitud de sitios y en todos hay sonidos distintos que la gente ya ni siquiera nota. En Nueva York era la continua presencia de las sirenas de los bomberos. No sé como se las apañan pero cada poco tiempo hay un coche de ellos en la calle haciendo ruido a destajo. En Washington era la cercanía del aeropuerto Washington National y su constante flujo de aviones. En Nueva Orleans el tranvía que pasaba por Charles St. y que parecía rodar dentro de la habitación. En Sudáfrica no era contaminación acústica, era un exceso de naturaleza, con miles de animales gritando tan pronto salía el sol y en el desierto de Omán, en Sur, allí también se escuchaba el mar y un viento insidioso que parecía no parar. En Lanzarote la banda sonora estaba compuesta por viento y más viento y en Madrid o Barcelona escuchaba el tráfico incesante por esas autopistas en que se han convertido las avenidas de las grandes ciudades. En todos los sitios hay algún tipo de ruido y salvo en contadas ocasiones, es nuestra sociedad la que los produce. Allí a donde voy, al acostarme presto atención a los ruidos del lugar, procuro identificarlos y reconocerlos para dormirme tranquilo. Es algo que quizás uno hace inconscientemente pero que a mí me gusta paladear, separar los unos de los otros y una vez ha terminado mi inventario, me duermo sin más problemas.

    La banda sonora de la naturaleza parece crear música, ya sea con los pájaros cantando, con las olas del mar, con el viento silbando o con las hojas de un gran árbol rozándose entre ellas. No es así con los ruidos producidos por el hombre. Son rudos, repetitivos, violentos y adolecen de gracia alguna. Aún así tenemos que convivir con ellos.

  • Un molino muy especial

    13 de marzo de 2008
    Un molino muy especial

    Un molino muy especial, originally uploaded by sulaco_rm.

    Entre todos los molinos que hay en Kinderdijk destaca el de la foto de hoy por su extraño aspecto. Se llama de Blokker y fue reconstruido hace unos años después de un incendio. En uno de sus lados tiene una rueda para mover el agua.

    Tienes más fotos de Kinderdijk en el Álbum de fotos de Kinderdijk y si quieres visitar el lugar puedes encontrar la información en Excursión a Kinderdijk. No te olvides tampoco de toda la información turística disponible en la Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda.

  • Ciclos

    12 de marzo de 2008

    Ver el mundo a través de los ojos de otras personas es algo que no podemos hacer aunque lo intentemos con todas nuestras ganas. Cada uno de nosotros es un ser único y que se cree irrepetible. En nuestra programación interna llevamos un pequeño bucle que nos hace mantener esa creencia aunque otros se empeñen en demostrarnos que no es así. Eso es lo que nos hace seguir adelante, mantenernos en nuestro sendero y llegar al día siguiente. Yo soy muy simple. Divido a la gente en tres grupos: los que me importan, los que no me importan y los que ni siquiera sé si existen. Procuro mirar el mundo intentando ponerme en la posición de aquellos que me importan para saber qué es lo que buscan y cómo poder ayudarlos, según mi limitada visión de su mundo. No es un acto generoso y desprendido, es una forma consciente de manipulación porque si las personas que me importan son felices, incrementarán mi felicidad o en el peor de los casos no me complicarán la vida. Con los que no me importan sucede algo similar pero opuesto. Busco anticiparme y bloquearlos antes que se conviertan en una amenaza. Finalmente tenemos los que no existen, esa inmensa multitud de la que de vez en cuando sale alguien que llama tu atención y le asignas alguna prioridad y en la que acaban los que culminan su ciclo.

    Todo tiene un ciclo. La amistad también. O el amor. El problema es que en aquellos asuntos que implican a dos seres humanos, sus velocidades son distintas y se producen desfases. Tú puedes estar cegado por tu amor y tu pareja anda ya husmeando otras flores porque su ciclo ha concluido. En esto es en lo que somos bastante malos, en los cierres de ciclo. Destinamos un montón de energía para crear y mantener las relaciones y en la fase final de las mismas no sabemos muy bien qué hacer para poner un punto y aparte que al menos sea elegante.

    Si piensas sobre ello un poco seguro que identificarás tus propios ciclos e incluso puedes detectar los momentos en los que te das cuenta que se ha perdido el sincronismo y una de las personas ha cambiado de estado. Mis ciclos son muy rápidos y veo una y otra vez que la gente se desorienta cuando cambio de ciclo. Me falta la paciencia para aguantar un tiempo prudencial antes de hacerlo visible. Yo lo demuestro desde el primer instante y después avanzo hacia el siguiente nivel, hacia la próxima aventura y no miro atrás más de lo necesario. Mis ciclos son también iterativos. Puede pasar el tiempo y en otras circunstancias, en otro tiempo y quizás en otro espacio no tengo ningún problema en comenzar con las mismas personas un nuevo ciclo, uno distinto y del que lo único que sabemos es que también acabará. Aquellos a los que yo importo parece no importarles y se prestan al juego de segundos y terceros ciclos.

    En todo este cambio que sucede a nuestro alrededor y del que a veces pensamos que no nos afecta, la manipulación juega un papel crucial. Manipulamos y nos manipulan, en ocasiones suave y dulcemente y sin que no lo notemos y en otras de una forma tan ruda que da vergüenza ajena. Yo reconozco que soy un manipulador, que altero mi entorno para que se ajuste a mi antojo. Aquellos que me importan son también manipuladores, pero de un tipo distinto. Algunos son capaces de hacer que yo crea que mantengo el control. En este juego tienes que ser muy bueno. Cuando tropiezo con una persona cuya capacidad para la manipulación no está a la altura, la despedazo si insiste en cruzar mi camino. No solo no dudo un solo instante, ni siquiera tengo algún tipo de remordimiento por lo que hago. Son ciclos que no me interesan y los termino de forma rápida. Uno aprende esto con los años. Te puedes engañar a ti mismo y creer que las cosas son de otra forma pero eso no te llevará a ningún lado.

    Una de nuestras libertades es la de comenzar y acabar ciclos, repetir con aquellos que te parecieron interesantes y enterrar en el olvido los que no merecen una segunda oportunidad. Todas estas boberías me vienen como siempre a la cabeza cuando estoy encerrado en un cilindro de metal a once kilómetros de altura y por mi ventanilla puedo ver una puesta de sol increíble con el astro rey retirándose tras la isla de la Palma y al frente Tenerife y Gran Canaria recortadas contra un cielo en el que los tonos rojos predominan y dan un aspecto tenebroso al mar de nubes que cubre el archipiélago.

  • Molinos en línea

    12 de marzo de 2008
    Molinos en línea

    Molinos en línea, originally uploaded by sulaco_rm.

    En los Países Bajos siempre ha sido muy importante el drenar el agua y para automatizar en la medida de lo posible el sistema se usaban los molinos. Kinderdijk está en una zona del país que se encuentra bajo el nivel del mar y todos esos molinos que veis en la imagen estaban allí para extraer el agua y verterla en un canal desde el que se drenaba hacia el mar. Todo este despliegue de ingeniería fue realizado hace varios siglos y sigue en funcionamiento en la actualidad. Si visitáis Kinderdijk, hay unos barcos que os pasean por el lugar en un pequeño crucero que dura alrededor de media hora.

    Tienes más fotos de Kinderdijk en el Álbum de fotos de Kinderdijk y si quieres visitar el lugar puedes encontrar la información en Excursión a Kinderdijk. No te olvides tampoco de toda la información turística disponible en la Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda.

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