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  • Thomas Jefferson Memorial

    4 de octubre de 2007
    Jefferson Memorial

    Jefferson Memorial, originally uploaded by sulaco_rm.

    Ya dije en su momento que el Thomas Jefferson Memorial es mi favorito y sin embargo no es muy popular entre los turistas. Diez minutos antes de ir a ver el Lincoln Memorial estuve allí y fue una pequeña aventura. Mi primo me dejó en la zona en la que se permite parar para que la gente se baje pero donde no te puedes detener salvo que quieras comenzar la Tercera Guerra Mundial y yo fui paseando con la cámara, el trípode y todo el equipo hasta el Memorial. Me lo encontré totalmente vacío, con Jefferson únicamente acompañado por el soldado que hacía la guardia y que podéis ver aburrido apollado contra una de las columnas. Les hice un montón de fotos.

  • Primer día – Pisa y un viaje catastrófico a Florencia

    3 de octubre de 2007

    Aunque algunos pueden creer que me he olvidado de contar el viaje a Pisa y Florencia, lo cierto es que no es así, he intentado escribir mis recuerdos del viaje un par de veces pero entre el curso de Holandés y sus deberes, la vida social y el jardín no siempre encuentro tiempo. Este es un pequeño relato en tres partes, una por día.

    Ya hablé del viaje a Pisa y nos habíamos quedado en el aparcamiento de coches de alquiler. Mi viejo teléfono MDA Vario ayudado de una antena GPS bluetooth era el supuesto asistente de viaje. Lo encendimos y pronto nos ubicó correctamente y marcamos la dirección de una calle muy cerca de la torre de Pisa para que nos ayudara a llegar. Siempre cuesta un poco adaptarte a las señales y a la forma de conducir de cada país e Italia es uno de los más difíciles por lo agresiva que es la gente que anda al volante. Sin muchos problemas llegamos a la ciudad y conseguimos aparcar en zona azul a menos de cien metros de la torre, un lujo que recordaré toda mi vida porque lo habitual es tener que dejar el coche a mil kilómetros del sitio que quieres ver o pagar un impuesto revolucionario escandaloso para poder dejarlo cerca. Subimos paseando por la calle y salimos directamente a la explanada de la catedral de Pisa. Ya sabéis que la torre es un monumento protegido por la UNESCO por ser patrimonio de la humanidad y para mí se merece un puesto entre las grandes maravillas del mundo. La impresión al ver el lugar fue tan fuerte como la vez anterior, siendo un adolescente. La torre de Pisa da la impresión de estar a punto de venirse abajo y la magnífica Catedral parece sacada de otro universo. Fuimos andando a una de las oficinas de información y compramos entradas para subir a la torre. No hay mucha cola porque no todo el mundo está dispuesto a aflojar los quince euros que cuesta la entrada, la cual es para una hora determinada. Hay tres grupos cada hora que suben y están compuestos por unas treinta personas. Se pueden comprar las entradas a través de internet y entonces pagaréis diecisiete euros por julay. Si además queréis visitar la Catedral, el Baptisterio, el Camposanto o el Museo de la Opera tendréis que pagar 5 euros por ver uno de esos lugares, 6 euros por ver dos de ellos (a elegir) o 10 euros por verlos todos. Nosotros compramos entradas para la torre, la Catedral y el Baptisterio. Supuestamente el dinero va íntegramente a la conservación y el mantenimiento de estas maravillas.

    Mientras esperábamos la hora de subir aprovechamos para comer algo por allí rápidamente y después pasear por el Campo de los Milagros y entrar en la Catedral, un soberbio edificio de estilo Románico que se comenzó a construir en el siglo XI y se acabó un siglo más tarde. He visto iglesias más espectaculares pero aún así uno no deja de admirar la capacidad que había hace casi mil años para construir esas esplendorosas obras. Por supuesto yo soy un poco inculto y seguro que pasé por alto algunas joyas de las que hay en su interior pero como hago cientos de fotos, seguro que las tengo en algunas de ellas. Después de la catedral fuimos al Baptisterio, un edificio separado de planta circular, asusta un poco y no puedo imaginar como sería el bautizar chiquillos allí dentro con la gente mirándote desde arriba y esa enorme piscina para el bautismo.

    Un rato antes de subir a la torre dejamos las mochilas en la consigna porque no se puede llevar nada (salvo la cámara) y nos juntamos con la gente de nuestro grupo en la puerta. La subida es un tanto extraña porque la inclinación de la torre es tan acusada que los sentidos te mandan señales erróneas mientras avanzas hacia arriba. Tuvimos que parar a medio camino a esperar que el grupo anterior bajara y después continuamos nuestra subida. Ya he dicho que fuimos tres personas y una es alérgica a las alturas y a las bajuras y por la escalera ya se puso nerviosa. Cuando sales a la parte superior, el lugar en el que están las campanas, la vista es soberbia. La torre no es muy alta, 55 metros y 284 escalones, pero desde allí se ve la ciudad y los alrededores perfectamente. Para llegar a la parte más alta hay que rodear la torre y la verdad que se nota la inclinación. Bajamos después de unos diez minutos arriba y tras pasear un poco más por la zona nos encaminamos al coche para ir a Florencia. De esta forma acabó nuestra visita a Pisa, viendo únicamente aquello por lo que se ha hecho famosa.

    El GPS decidió que era un momento tan bueno como otro para dejar de funcionar y tuvimos que ir a Florencia sin mapas, en plan gitano. Llegar a Florencia fue fácil pero encontrar el sitio en el que nos quedábamos fue toda una aventura porque estaba a diez kilómetros de la ciudad, en la montaña y los italianos no parecen tener un sistema muy sofisticado de señalización. Si existe un Dios en el universo, ese día nos ayudó porque fue poco menos que un milagro que llegáramos a la casa. En un acto supremo de maldad el GPS volvió a funcionar justamente cuando llegamos al lugar. Espero que Microsoft acabe en la ruina y con sus accionistas ardiendo en el infierno por mil millones de años porque jamás han sabido hacer productos de calidad y mi teléfono funciona bajo Windows Mobile, una basura de sistema operativo que no le deseo ni a mi peor enemigo. Como llegamos tan tarde no tuvimos muchas opciones para cenar y nos acercamos al poblacho cercano para cenar en el único restaurante del lugar, un sitio familiar y lleno de gente de los alrededores. Me asombró la capacidad que tiene todo el mundo para gritar, pero claro, yo venía de Holanda, el país del silencio y los latinos siempre son más bulliciosos.

    Después de la cena volvimos a nuestro cuartel general y decidimos recogernos porque el sábado teníamos una agenda muy apretada en la ciudad de Florencia y ese relato lo tendréis que leer otro día.

    Si quieres seguir con el relato del viaje tendrás que saltar a Segundo día – Florencia es una ciudad muy especial.

    Pisa, viajes
  • Lincoln Memorial

    3 de octubre de 2007
    Lincoln Memorial

    Lincoln Memorial, originally uploaded by sulaco_rm.

    Lincoln casi nunca está solo. Siempre hay gente que lo visita, ya sean las dos de la tarde o la medianoche. A la hora a la que hice esta foto aún llegaban autobuses con turistas en una fría noche de diciembre para ver al Padre de la Patria. El aguanta estoico sentado en el centro de su gran templo mirando hacia el Capitolio.

  • Velas y amigos

    2 de octubre de 2007

    Me encanta la luz de las velas. Me fascinan los movimientos de la llama, que parece colgar impertérrita de la mecha y danza alegremente una veces retorciéndose, otras veces quedándose quieta y en muchas ocasiones jugando a parpadear durante unos instantes como si se fuera a apagar para de repente recuperar la calma. Ahora que se va la luz volvemos a acordarnos de las velas y mi casa está llena de ellas. Mientras escribo esto tengo diez velas enormes encendidas en la mesa del salón y si me decidiera a usar el cien por cien del inventario podríamos estar hablando de unas veinte velas. Las hay de diferentes colores: terracota, rojo, beige, blanco, naranja y negro, unas de setenta horas de duración, otras de cincuenta o de treinta y si hay algo para lo que siempre encuentro tiempo es para ir a las tiendas a comprar más velas.

    Me habría gustado tener una chimenea en mi casa pero no pudo ser, al menos no en esta vivienda. En la próxima me aseguraré de tener una gran chimenea y un rincón en el jardín lleno de troncos de madera para alimentarla. Este fin de semana estuve en casa de mi amigo el Rubio. Me invitaron a pasar con ellos el viernes por la tarde y el sábado por la mañana porque yo tenía otra cita por la tarde ese día. El viernes nos dedicamos a cortar madera en el jardín, con la sierra mecánica y el hacha. Es una actividad totalmente alejada del mundo cibernético, algo mecánico y físico que implica una gran coordinación. Al principio es como si fueras un bebé incapaz de golpear en el sitio adecuado pero poco a poco le vas cogiendo el tranquillo y terminas por dominar este arte. Nos hicimos un montón de madera enorme y después encendimos la chimenea y nos sentamos a su alrededor a tomarnos un capuchino y contar historias.

    La lluvia solo consiguió volver perfecta la noche, la cual se alargó hasta bien entrada la madrugada, regada de cervezas belgas triples que acompañamos con jamón serrano y cacahuetes. Habíamos cenado un kilo de mejillones holandeses cada uno y estuvieron sencillamente perfectos. Es la cuarta vez esta temporada que como mejillones y espero que no sea la última.

    Por la mañana nos reunimos todos en la cocina a comer pannenkoeken, crepes holandeses regados de un sirope riquísimo y tras el desayuno estuvimos cortando madera un rato más antes de irnos a caminar a un bosque hasta la hora de comer, momento en el que me despedí y me dirigí hacia mi segunda cita.

    Ya hay setas por todos lados. Han aparecido en las dos últimas semanas y pronto comenzaré a hacerles fotos a granel. Ya sé que siempre parecen las mismas fotos pero para mi todas son distintas y aún más divertido que ver la foto es componerla, tirarte en el suelo sobre una bolsa enorme de basura para encontrar el ángulo que quieres, jugar con una linterna con la que apuntas hacia la seta para resaltarla y limpiar sus alrededores para hacer la foto de la seta perfecta. Definitivamente estamos en otoño, la mejor estación del año, la más hermosa. Bienvenidos al mundo de las hojas caídas, las setas y la luz de las velas.

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