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  • Vueling voy, Vueling vengo

    12 de marzo de 2007

    No hay dos experiencias de viaje iguales. Siempre sucede algo que hace que cada vez sea distinta. Mi viaje a Barcelona comenzó con tiempo suficiente. A fuerza de viajar uno aprende que mejor aburrirte dos horas en el aeropuerto que perder el vuelo, sobre todo cuando tienes billetes cuasi regalados que no te dan derecho a nada si no estás a tiempo en el aeropuerto. Por eso salí de casa con tres horas y media de tiempo para llegar al aeropuerto tranquilamente. Normalmente es un viaje de cuarenta y cinco minutos, con diez minutos en guagua, comprar el billete de tren y esperar a que salga el siguiente Intercity que te lleva directamente en media hora.

    La parte de la guagua funcionó muy bien. Llegué sobradísimo y cuando subí al vestíbulo principal de la estación de Utrecht me encontré una muchedumbre bulliciosa y todos los carteles llenos de mensajes en rojo. ¡Desastre! En una de las pantallas decían que por culpa de un fallo en un ordenador el sistema informático se había desconectado y casi no había trenes saliendo o llegando a la estación de Utrecht, la más importante del país. También decían que los retrasos eran de al menos una hora y que miraras las pantallas de información para averiguar que trenes llegaban y salían. ¡No había trenes al aeropuerto! Recomendaban ir hacia Amsterdam Duivendrecht e intentar tomar un tren allí. Todos mirábamos los paneles y tras un cuarto de hora anuncian que llega un tren que va hacia Amsterdam Central y que tendrá paradas adicionales, entre ellas una en Duivendrecht. ?ramos una muchedumbre corriendo a las escaleras, arrasando lo que se nos ponía por delante. Cuando finalmente conseguí llegar al andén el tren estaba hasta la bandera pero con suerte y constancia logré meterme por una puerta y me quedé allí mismo con mi maleta. Era un tren de los más largos y de dos plantas. Fácilmente mil quinientas personas o dieciocho mil si quien cuenta trabaja para la comunidad autónoma de Madrid o el Ayuntamiento, que como todos sabéis poseen los mejores matemáticos del mundo. El día que esos se encarguen del presupuesto del Estado nos convertiremos en potencia galáctica.

    Volviendo al tajo, el tren se llenó completamente, con gente de pie por todos lados y sin capacidad de moverte. Estuvimos otros diez minutos en la estación hasta que finalmente cerraron las puertas y arrancamos pero al no haber señalización el conductor dijo que iríamos a cincuenta kilómetros por hora. El tiempo seguía corriendo y yo cada vez veía más lejos mi objetivo de llegar a coger mi avión a tiempo.

    Pese a estar todos a una distancia de oreja contra boca allí no hablaba nadie. Esto es algo que siempre me ha encantado de los Países Bajos, este respeto por la intimidad de los otros en situaciones tan inconvenientes. En España empieza una a quejarse, tres más a recolectar firmas y los más ignorantones terminarán el viaje como miembros de los Simplones negros o similares. Aquí no, cada uno a lo suyo que para eso todos estamos equipados con un iPod.

    La primera parada era Duivendrecht y allí me bajé y corrí con medio tren hacia el andén donde paran los trenes que van hacia Schiphol. El anuncio era de una hora de retraso. Comencé a llamar a mis amigos el Rubio y el Moreno para organizar un plan de emergencia. Aún tenía media hora de margen, después de eso vendría el abismo y la desesperación.

    Yo no era el único con problemas, casi todos estábamos en la misma situación. El andén era impracticable con tantas maletas y gente mirando el reloj sin parar. En un momento determinado, quince minutos más tarde apareció un tren que no salía en las pantallas e iba en la dirección correcta. Por megafonía nos dijeron que aquel iría hacia el aeropuerto. Llegó y tuve la suerte que al detenerse el tren una de las puertas quedara frente a mí así que salté en el interior y me apalanqué en un rincón porque sabía que detrás de mi había una muchedumbre. Cuando se cerraron las puertas al tren le costó arrancar por el peso, comenzó a vibrar como si las ruedas estuvieran patinando en los raíles hasta que se movió y renqueando salimos hacia nuestro destino. Al llegar al aeropuerto había gente que directamente te empujaba para abrirse paso hacia las escaleras mecánicas, supongo que ellos estaban en peor situación que yo. Mi avión salía en una hora y podía facturar hasta cuarenta y cinco minutos antes de la salida así que todavía me quedaban quince preciosos minutos que aproveché para comprar algo de chocolate. La chica del mostrador de facturación me preguntó si pasaba algo porque no se había presentado casi nadie y le conté el problema. Después de darle un beso de despedida a mi maleta y desearle un buen viaje me fui a pasar el control de seguridad.

    A lo lejos venía gente corriendo con las maletas en nuestra dirección. Por lo visto les habían dicho que era muy tarde para facturar el equipaje y que lo tenían que llevar con ellos al avión. La teoría es sencilla, la práctica siempre resulta algo más complicada. Les dejamos colarse pero los de seguridad no tragaron y cuando las maletas pasaban y veían los líquidos los detuvieron y les plantearon el ultimátum: O dejan aquí todos los líquidos o vuelven hacia atrás y facturan las maletas. Una mujer trató de discutir con ellos pero pronto se dio cuenta que es más fácil que un musulmán le coma el chichi a que un empleado de aeropuerto suavice las reglas. Champú, laca, crema de afeitar y algunas cremas vieron su viaje interrumpido mientras nosotros mirábamos entre divertidos e indignados. Pasé el control y mi avión tenía veinte minutos de retraso así que aún me sobró tiempo para cenar en uno de los restaurantes en donde se olvidaron de cobrarme la botella de agua que compré para el vuelo.

    La experiencia con Vueling fue excelente, igual que en la ocasión anterior. Sus aviones son nuevos, sus tripulaciones son jóvenes y amables, chicas encantadoras que no llevan haciendo ese trabajo doscientos años como las dinosaurias de Iberia y que aún creen que tienen un trabajo divertido. El nombre del avión era Vueling voy, Vueling vengo y sin más problemas salimos en dirección a Barcelona. Llegamos cerca de medianoche. Fui a recoger mi equipaje a la cinta 28, la cual estaba escondida detrás de unas obras. Después de encontrarla tuvimos que esperar UNA HORA a que salieran las maletas. Eso sí que fue tercermundista. Para ir al hostal en el que nos quedábamos tomé un taxi y el hombre resultó ser un cruce entre el Fari y Torrebruno. Tenía el pelo más falso que recuerdo, parecía una peluca de payaso y no tenía ni puta idea de donde estaba la calle a la que me tenía que llevar pero eso no lo detenía y mientras conducía intentaba buscarla en un libro gordísimo que llevaba a su lado. Era una cosa un poco peligrosa porque de cuando en cuando daba bandazos pero bueno, al final hubo algo de suerte y pasada la una de la mañana llegué a mi destino, más de siete horas después de haber salido de mi casa.

    Ahora que has leído los previos puedes seguir leyendo sobre el resto del viaje en Barcelona – Primer día con Gaudí

    Technorati Tags: Viajes, Vueling

  • Brooklyn Ice Cream Factory

    12 de marzo de 2007
    Brooklyn Ice Cream Factory

    Brooklyn Ice Cream Factory, originally uploaded by sulaco_rm.

    A la vera del Puente de Brooklyn se encuentra este bonito edificio junto a un muelle que tiene las vistas más espectaculares de la ciudad. Es una construcción sencilla pero bonita en un lugar fantástico. No es raro ver a parejas recién casadas haciéndose las fotos de la boda allí. Si tienes suerte y es un día sin nubes, el fondo es precioso.

    Si quieres ver otras fotos del viaje a Nueva York las puedes encontrar en el álbum de fotos de Nueva York y si quieres leer el relato de dicho viaje, comienza en Desde Washington a Nueva York

  • The Pursuit of Happyness – En busca de la felicidad

    11 de marzo de 2007

    Una película que venía acompañada de un montón de ruido mediático, de gente hablando del gran papel del actor protagonista y con tanto ruido no me fijé que jamás hablaban de la historia, solo se centraban en esa interpretación. Al final piqué y fui a ver The Pursuit of Happyness que en España se transformó en En busca de la felicidad por aquello de las ventajas del doblaje.

    Un simio julay con asas en vez de orejas se folla a una maruja cualquiera siempre que puede y por una mala corrida tiene un hijo más feo que Tizio y más plasta que la Veneno. Vende máquinas de coser venidas a menos y la zorrilla termina por dejarlo porque dice que un hombre que vende ese tipo de aparatos ha de ser mariquilla o incluso maricón. Una vez con su pequeña bestezuela se mete a hacer un curso de CCC y a partir de ahí pretende darnos pena con los solapones del niño y poniendo caritas mientras blancos malos malísimos se las hacen pasar putas. Como toda película de tontos ha de tener un final feliz tuvo suerte y ya cerca de los títulos de crédito puede respirar tranquilo.

    Creo que al final dicen que está basada en un hecho real. Si esto me lo cuentan antes de entrar me la ahorro que estas películas de superación personal las ponen gratis en la tele los domingos por la tarde y están más vistas que las tetas de Sabrina. Definitivamente la magia de la actuación de Will Smith falló conmigo, no consiguió embaucarme. Me pareció sosa y poco interesante al igual que la historia que contaban. El uso (o abuso) del niño para dar pena tampoco me conmovió en demasía. Al chiquillo lo ponían con caritas de pena y siempre de la mano del colega pero ni así despertaban interés. El hombre comienza como perdedor, perdiendo a la esposa, perdiendo dinero, perdiendo la casa y como ya ha tocado fondo solo podemos ir hacia arriba. Consigue una beca para estudiar para tiburón de Wall Street y las pasará canutas para alimentar a su hijo y al mismo tiempo sacar los estudios. En una ciudad con millones de habitantes pierde un par de los cacharros que vende pero gracias a la magia del cine siempre se cruza por la calle con los que se los han robado y consigue recuperarlos. Por lo demás es un envoltorio creado para el lucimiento de Will Smith que no será recordado y que en mi caso estoy dispuesto a olvidar en cuanto termine de escribir esto.

    Supongo que para muchos será una historia enternecedora y sobre todo si tienes esa sensibilidad tan especial te identificarás con el sufrimiento del protagonista y te enternecerá el niño cuando sale en pantalla y cuando está sufriendo en la guardería de coreanos malvados en la que su padre lo aparca todos los días durante un montón de horas. Conmigo eso no funcionó.

    Lo mejor de la película es la ciudad y lo real que parece. Por lo demás, seguro que quieres verla y seguro que te gustará pero no te esperes tener una película con Chocha guapa y esas cosas. Esto es solo drama aburrido que tiene un pase, pero más bien de domingo tirado en el sofá con una cerveza sobre el barrigón cervecero.

  • Imagine

    11 de marzo de 2007
    Imagine

    Imagine, originally uploaded by sulaco_rm.

    Justo enfrente del edificio Dakota tenemos el Strawberry Fields, un rinconcito de Central Park nombrado así en honor de John Lennon. Junto al lugar está este mosaico donde la gente sigue rindiendo tributo a este gran genio y encendiendo velas para recordarlo. El día que hice la foto se conmemoraba el aniversario del asesinato de John Lennon. Unos pocos días antes su viuda, Yoko Ono, había puesto un anuncio a página completa en el New York Times para pedir a la gente que ese día rezaran por el fin de todas las guerras que hay ahora mismo en el mundo y por todos aquellos que son asesinados.

    Si quieres ver otras fotos del viaje a Nueva York las puedes encontrar en el álbum de fotos de Nueva York y si quieres leer el relato de dicho viaje, comienza en Desde Washington a Nueva York

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