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  • Sexto día de buceo en Fuvamulah, mi encuentro con el tiburón zorro

    23 de mayo de 2023

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Fuvamulah

    Llegamos al último día de buceo en Fuvamulah, que no el último día en la isla, ya que al ser todos grandes expertos en el tema subacuático, es bien conocido que después de una traca de buceo como esta, tienes que poner veinticuatro horas entre tu última inmersión y tu vuelos para que no explotes en el avión y les llenes la cabina de mielda de la peor, que es algo que puede suceder y ha sucedido. La rutina es la habitual, levantarse a las seis, jiñote, ducha sin jabón y a desayunar con encochinamiento máximo, duolingo y a las siete de la mañana, camino del club de buceo. Para nuestra primera inmersión nos dijeron que volvíamos a Farikede y que íbamos a ver si teníamos suerte con los tiburones martillo, pero en plan relajado y en lugar de correr y correr, dejar que ellos se acerquen a nosotros. Nos tiramos al agua y nos dividimos en tres grupos. Nuestro grupo se encontró con un enorme tiburón gris de arrecife y en el fondo marino del agua del mar vimos algún tiburón martillo pero estaba muy profundo, así que hicimos la inmersión en el azul y nos hartamos a ver azul pero no hubo tiburones martillo.

    Regresamos a puerto y aproveché para finiquitar con el club de buceo y después fui por la lonja a flipar con el descuartizamiento de los atunes, que es como que lo único que quizás comió esta gente durante la pandemia truscolana y podemita, que viven rodeados de ellos. Cuando llegó la hora de la segunda inmersión nos dijeron que el sitio no tiene nombre, que es una pared que básicamente empieza a la altura de la residencia en la que me quedo y va subiendo hacia Kedevari, con lo que como ya hice la que continúa esa, habré hecho prácticamente la mitad noreste de la isla. El Dive Master nos dijo que era ir como mucho a veinticinco metros, ir viendo la pared vertical, que es preciosa y disfrutar, sin preocuparnos por cosas grandes. Comenzamos y ciertamente, era preciosa, llena de corales y de peces pequeños, diminutos, medianos, peces ballesta que no me atacaban y una cantidad ingente de vida. La corriente nos empujaba con lo que íbamos sin esfuerzo recorriendo la zona, todo super-híper-mega genial. En un punto determinado, nos hemos dividido en dos grupos, yo voy en cabeza con un chamo del club que tiene una cámara de fotos profesional en una carcasa y que va haciendo fotos, él iba a unos veintidós metros y yo a diecisiete. Me avisa y señala hacia abajo y me indica que bajemos. Yo estaba haciendo un vídeo así que no paré y fui descendiendo. Al llegar a treinta y tres metros, tengo dos minutos antes de entrar en descompresión y allí hay un fabuloso y precioso tiburón zorro, en una estación de limpieza, dando vueltas para que lo limpien. Nos quedamos en un lado y el animal ni se inmutó y estuvimos allí casi dos minutos en un momento fabuloso. Después subimos lentamente a los quince metros. El segundo grupo llegó más tarde y lo vieron, pero nunca llegaron a estar tan cerca como nosotros, que ellos no llevan de copiloto a su Ángel de la Guarda, que yo nunca me deshice de él de pequeño. Fue un momento mágico. Después seguimos un rato más por el arrecife y salimos a superficie alucinando en todos los colores y alguno más.

    No veas lo excitados que salimos. Nos fuimos a comer a donde las hamburguesas de atún, que están de fábula y después me regalé como premio un helado, aunque la heladería, que aquello es una heladería, fue una decepción, ya que tienen helado de chocolate o de vainilla, que me parece muy miserable en cuanto a sabores. Regresé al club para la tercera y última inmersión en el zoológico de los tigres. Éramos nueve y nos tocaba a las dos de la tarde, con marea llena. Había poca visibilidad y la verdad que la inmersión empezó muy mal, la corriente nos agitaba y los tiburones no se acercaban y no parecían ser capaces de comerse las dos cabezas de atún enorme que tenían. Cuando llevábamos allí como veinte minutos, quizás más, cambiaron de posición a algunos de los buceadores, nos pusieron haciendo una línea y trajeron una de las cabezas a dos metros de nosotros. Un tiburón tigre enorme, una hembra, se acercó y se la zampó, con el acojono nuestro que si la cabeza esa rueda un poquito, que estaba en una rampa y nosotros por debajo, allí hay una escabechina. Después trajeron la otra cabeza y la pusieron aún más cerca de mí y vino otro tiburón y la escena es terrorífica y fascinante, con el animal que casi no puede cerrar la boca porque es que no le cabía todo aquello, pero se lo jincó como una gran campeona, que también era una hembra, creo que casi todos los tiburones tigre que hemos visto son hembras, al parecer los machos aparecen cuando empieza la temporada del chimpún. Como no vino ningún grupo después de nosotros, estuvimos casi cincuenta minutos y pese a la mala velocidad, fue un espectáculo.

    Al salir me despedí de la tropa y regresé con los que están en mi residencia, aunque igual vuelvo a ver algunos al día siguiente, que tengo todo el día para caminar y pajariar. Por la tarde salí más tarde a cenar y pasé de caminar, no sé, como que mi Ángel de la Guarda me motivó a gandulear y resultó que caían unas trombas de agua brutales, con lo que no conseguí mi cuota de pasos diarios, pero chico, no me mojé. A la hora de la cena cogí un paraguas, fui a cenar, que me pedí un curry Maldiviano de pescado que estaba de que te cambas y mientras cenaba, cayó el diluvio, pero brutal y después de cenar tuve que esperar como quince minutos para salir del sitio y regresar. En las calles, el agua saturaba el sistema de drenaje y en algunos sitios, no había manera de pasar sin meter el pie en la susodicha, con lo que tener unas cholas Moisés ayuda pero que muchísimo.

    El relato continúa en El salto desde Fuvamulah a Guraidhoo

  • Asilo de ancianos de Skiddy

    23 de mayo de 2023

    El Asilo de ancianos de Skiddy es el edificio habitado más viejo de la ciudad de Cork, en la que parece que solo las iglesias han sobrevivido al paso del tiempo. Es un edificio de 1718, prácticamente anteayer. Al parecer antes de ese edificio ya había otro que era del siglo XVI (equis-uve-palito) en el mismo lugar y el tal Skiddy, al diñarla, dejó en su herencia que al asilo se le asignaba un dinerillo cada año. El edificio se restauró en 1975, cuando derribaron todos los que había en los alrededores. El edificio estaba cerrado cuando pasé por allí con una bonita reja que aproveché para incluir en la foto. Se sigue usando como Asilo, o al menos se seguía usando hace unos añitos.

  • Quinto día de buceo en Fuvamulah, con tiburones tigre

    22 de mayo de 2023

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Fuvamulah

    Parece que fue esta mañana cuando empecé a bucear en Fuvamulah pero en realidad llegamos a este punto con doce inmersiones y listo para las tres siguientes. Tras el ritual mañanero descubrí que en la residencia en la que me quedo hay tres españoles buceadores, una pareja con su hija. También apareció una gringa que vive en el reino desUnido y el australiano está de baja por dolor de oído, con lo que este universo parece muy flexible y la gente entra y sale del mismo continuamente. Llegamos como siempre al club de buceo a las siete de la mañana y la primera inmersión era en Varuvaa Thundi, básicamente es la continuación de Kedevari, más al norte y en el extremo de la isla. La idea es conocida, encontrar tiburones zorro pero como que no se quieren dejar ver y en realidad la inmersión fue por una pared espectacular llena de bancos de peces, sobre todo crías, alguna tortuga y algunos peces ballesta, que a esos no les tengo mucho aprecio porque me han atacado en alguna ocasión. El momento complicado o quizás complicadísimo de esta inmersión era en la entrada porque para llegar a la pared teníamos que descender por un lugar a todo meter con corrientes fortísimas. Los saqué saltaron del lado izquierdo del barco, que era el lado de la pared, lo hicieron sin problemas, pero el Elegido y una alemana saltamos del lado derecho y la corriente nos alejaba que no veas y nos costó lo que no está escrito llegar con el resto y de hecho la tedesca me dijo que pensó en rendirse y subir a la superficie. Aunque vimos un montón, no vimos tiburones zorro.

    La segunda inmersión era en el zoológico de los tiburones tigre. De nuevo un grupo grande, esta vez mucho antes de la marea llena y conseguí una mejor posición para ver el espectáculo. Vinieron tres tiburones, pero igual ya me estoy ablandando por haberlo visto varias veces pero como que me pareció bastante suave, ya es que les he perdido el miedo a esas bestias, que dicen que solo atacan a los debiluchos y aquellos con pañales de viejo que no vamos a mentar, que nos han explicado que estos tiburones mantienen las poblaciones de los otros peces sanas ya que desde que ven a uno renqueando, se lo comen y eliminan el problema. El espectáculo dura media hora y es increíble, pero es que está todo dicho anteriormente, solo nos falta que ataquen a alguien para darme material nuevo para escribir.

    Hoy era viernes, el día del musulmaneo ese y los bares y restaurantes cerraban hasta las dos de la tarde para que todo el mundo vaya a rezar, aunque esto es de boquilla, que después las mezquitas están vacías a la hora del rezo, como puedo dar fe y la doy. El único que no cerró es un café en el muelle que lleva un indio que tiene claro que los moros-de-mielda irán al infierno con podemitas y truscolanes.

    A la tercera inmersión fuimos muchos menos y era un nuevo lugar, llamado Bilhifeysh y que es la extensión de Farikede, más cerca del muelle. El que nos la explicó nos dijo que esto era una ruleta, que puede ser la inmersión más aburrida del mundo o una pasada. Al final se quedó en el grupo de las aburridas. No pasaba nada a nuestro alrededor y me limité a explorar la pared y acosar a las tortugas que pasaban. El único momentazo fue al comenzar la inmersión que vimos un gigantesco tiburón tigre.

    Al regresar al club de buceo nos pusieron una presentación sobre tiburones y nos enteramos que en Fuvamulah está la población más grande de tiburones tigre del universo, tienen censadnos casi trescientos, los censan porque cada tiburón tiene cosas únicas y con las fotos se analizan y se les bautiza, el que manda la foto, si es nuevo, tiene el dudoso honor y aún más dudoso privilegio de ponerle nombre, con lo que yo voy a mandar de todos los que he visto para ver si puedo bautizar uno como truscoluña no es nación y otro como Chacho. Los españoles iban a cenar en el mismo sitio que yo así que fuimos juntos, aunque cuando nos dijeron que no tenían mesa y que teníamos que esperar diez minutos, que pueden ser veinte, cambiamos de restaurante y pasamos la velada juntos.

    Me queda un último día de buceo en la isla. Tres inmersiones y mi aventura subacuática en Fuvamulah será historia.

    El relato continúa en Sexto día de buceo en Fuvamulah, mi encuentro con el tiburón zorro

  • Iglesia de Santa Ana en Shandon

    22 de mayo de 2023

    La Iglesia de Santa Ana está en una colina en el barrio de Shandon y se puede ver desde el río Lee. El campanario, que está a la entrada de la iglesia es el símbolo de la ciudad. La iglesia se construyó en el siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito) y definitivamente no se hizo pensando en multitudes. La iglesia se hizo usando dos tipos de piedra y por eso hay una diferencia significativa de color entre el campanario y la nave de la iglesia. El campanario tiene algo más de cincuenta metros de alto. Al parecer, en determinadas épocas, el reloj del campanario, que está en las cuatro caras del susodicho, marca diferentes horas si el viento le afecta por un lado más que por otro. Supuestamente se puede subir al campanario, pero el día que yo pasé por allí era muy pronto y aún no estaba abierto.

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