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  • Algo para recordar – Sleepless in Seattle

    11 de febrero de 2023

    Hoy viajamos hacia atrás en el tiempo, pero que un montón, a una época en la que no existía el cine digital y tal y tal y eran tan bárbaros que tenían unos rollos enormes de película revelada que conectaban a unas máquinas y movían esas fotos a una velocidad dantesca para producir el movimiento y crear el cine. Ya sé que resulta difícil de creer, que eso sucedió en otro siglo y en otro milenio, pero es que es así. Por alguna movida romántica, en el cine están poniendo en febrero pelis viejas y eso me permite hablar de Sleepless In Seattle, película cuyo título original se masacró y en España se estrenó en 1993 como Algo para recordar, que supongo que nos recuerda que truscoluña no es nación.

    Una julay se cansa del cipote que le empetan y se encoña de un panoli viudo que busca chichi que lamer.

    Tenemos que un panoli viudo con un chapulín se marcha de Chicago porque le recuerda a su hembra y se va a vivir a Seattle. En el otro lado del país, una pava neurótica y quizás hasta esquizofrénica pa’l coño está enrollada con un pavo más aburrido que un telediario de La2 y piensa casarse con él sin ilusión ni fantasía. Cuando escucha por la radio al hijo del panoli diciendo que su padre necesita pero-que-ya un coñito para lamer y empetársela, se emociona hasta las chacras y como es periodista, se amaña un chanchullo para que la manden a Seattle. Allí se cruza con el panoli varias veces y finalmente se vuelve a su gris y monótona vida. Una amiga malévola recupera una carta que escribió para mandar al panoli y nunca lo hizo y la manda y como que el hijo del panoli piensa que esta es la hembra que necesitan. Se supone que se tendrán que ver en San Valentín, en la terraza del Empire State. Si queremos final feliz, todos sabemos lo que tendrá que pasar.

    Probablemente esto fue tan fabuloso porque Nora Ephron y ella era fabulosa como guionista y en este caso hasta dirigió la película. Por supuesto, todo funciona porque la maravillosa Meg Ryan está en su edad de oro y borda el papel y hasta Tom Hanks está fantástico. La historia se ve vieja, vamos, de cuando todo el mundo fumaba en todos lados y la gente se gritaba continuamente y se tenían que mirar unos a otros porque no tenían pantallas portátiles en sus bolsillos. Todo funciona muy bien porque el público busca un final feliz y apuesta de lleno por la pareja. Algunos de los diálogos han envejecido muy mal, se nota demasiado la condescendencia con las hembras, pero pese a ello la peli entretiene un montón y divierte. Fascinante ver los primeros computadores en películas, con una escena reservando un billete de avión fabulosa.

    Yo no la llamaría un clásico pero se queda cerca de conseguirlo. Esto no lo pueden ver los miembros del Clan de los Orcos porque podría saturar su única neurona. Tampoco creo que esté a la altura de lo que esperan los sub-intelectuales con GafaPasta. Tengo que decir que a mí me gustó un montón y volver a ver a Meg Ryan actuando es un gustazo, aunque sea en una película del milenio pasado.

  • El inocente – L’innocent

    11 de febrero de 2023

    Yo siempre voy a las pelis gabachas con el corazón encogido porque es que esa gente interpreta el cine de una manera diferente al resto y sobre todo cuando se trata del humor, lo tienen pero que super-hiper-mega desviado en la dirección equivocada. Aún así, lo sigo intentando una y otra vez y así fue como llegué a L’Innocent, película que se estrena en España en abril como El inocente y claro, no pudieron poner lo de truscoluña no es nación porque allí lo que no se encuentra ni de coña son inocentes, esa chusma y gentuza de la peor son todos culpables y ya estamos tardando en montar el garrote vil en unas cuántas plazas y comenzar con la fase de la ejecución de las condenas.

    Una julay se encoña de un preso y se casa con él y su hijo se lo toma pero que fatal. Con chimpún.

    Tenemos que una pava que da cursos o algo así en la cárcel se ha encoñado de un preso, que además es negro o persona de color marrón obscuro casi negro, si eres muy sensible a los conceptos. La pava se casa con el pavo y al hijo le dan varias taquicardias y cuando el negro sale de la cárcel, de la nada le aparecen los leuros y va a montar un negocio de floristería con su hembra y el hijo investiga con una amiga y aquello se desmadra que no veas.

    Esto es definitivamente una comedia y el argumento se va complicando hasta niveles imposibles según avanza la película, que además solo dura hora y media y en ese tiempo pasan un montón de cosas. Hay muchísimo humor absurdo y a veces funciona muy bien y en otras, como que falla. Para mí lo mejor es Louis Garrel, que hace del hijo de la chiflada que se casa con el preso y que está durante toda la película al borde de un ataque de nervios, creando teorías cada vez más absurdas para justificar o comprender lo que hace la madre. La película tiene un par de momentos en los que perdió el rumbo, pero se recuperan bastante. Cerca del final hay una supuesa escena super-hiper-mega dramática en un restaurante que para mí no terminó de funcionar. El final tampoco me pareció el más adecuado.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos, esto definitivamente no es para ti y tampoco creo que mole demasiado a los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • Galletas de mandarinas

    10 de febrero de 2023

    Esta es una receta que tengo para poner por aquí desde el año pasado y que definitivamente, se ha convertido en una de mis favoritas en lo relativo a las galletas. Es tan fácil de hacer que yo afirmaría, aunque no tajantemente, que se puede hacer con la punta de eso mismo, pero yo no lo aconsejaría. Como el ingrediente principal son las mandarinas, mejor en temporada de las susodichas, aunque esto seguro que se adapta perfectamente con zumo de naranja y algún día me arriesgaré y probaré con el de limón, que puede que la gran sorpresa nos esté esperando por ese caminito. Después de preparar la masa la meto en el congelador quince minutos, aunque en la receta original sugerían la nevera.

    Los ingredientes: Para las galletas, 40 g de piel de mandarinas cortada fina, 60 ml (1/4 taza) de zumo de mandarina, 260 g (1 1/2 taza) harina, 100 g de mantequilla, 90 g (2/3 taza) azúcar, yema de 1 huevo, 1 cucharadita extracto de vainilla, 1 cucharadita y media de levadura química y sal al gusto. Para el recubrimiento, azúcar de repostería y azúcar normal.

    La implementación: Lo mejor es empezar pelando una o dos mandarinas y conseguir los 40 g de cáscara y con un cuchillo y mucha voluntad, cortar en partes minúsculas. Después, agarra las mandarinas y con mano fuerte, exprímelas en un bol. Añade al jugo de mandarina la mantequilla y el azúcar y a mezclar con alegría y un tenedor o si tienes máquina de amasar, ya sabes quién puede hacer el trabajo. Añadimos la piel de las mandarinas cortada y seguimos mezclando. Después ponemos la yema de huevo, el extracto de vainilla y un poco de sal y seguimos mezclando. Finalmente, llega el momento de añadir la harina y la levadura química y mezclar hasta que tienes una bola de masa elástica. Yo la envuelvo en film transparente y la meto en el congelador quince minutos, supuestamente la nevera también sirve, según la receta original.

    Ahora vamos a empezar a hacer las galletas. Encendemos el horno a 180 ºC en modo con aire para que se vaya calentando. Vamos haciendo bolas de unos veinte gramos y amasándolas con las manos y en dos platos pequeños (o en dos cuencos) ponemos azúcar fina en uno y azúcar de repostería en el otro. Primero pasamos las bolas por el azúcar fino y después por el otro. Ponemos un papel de hornear en la bandeja del horno y vamos colocando las bolas después de pasarlas por las dos azúcares. Si no me equivoco contando, con estas cantidades me salieron veintiocho galletas. Cuando todas estén en la bandeja, al horno entre diez y doce minutos.

    Galletas de mandarina

    Están de puro vicio. Aunque regalo un montón, aprovecho el bote que tengo para conservar sin aire para poder seguir comiéndolas durante una semana o así, si es que consigo controlarme.

  • Playa pública Jumeira

    10 de febrero de 2023

    Una cosa con la que flipé en Dubai es que yo pensaba que siendo desierto, las playas serían naturales, pero vamos, son totalmente artificiales y amañadas, con muros y diques. También flipé porque la mayoría son privadas y en algunas de ellas, dos hamacas y sombrilla costaban hace seis años, cincuenta dólares por día, que vamos, eso es un atraco, un robo y un rescándalo, es un rescándalo. En la foto tenemos la que oficialmente se llama Playa pública Jumeira, sin hamacas de ningún tipo y allí el calor era de pescadilla antes y después de la Navidad, mira que yo tengo un aguante épico y legendario para pasar horas bajo el sol, pero allí, en diez minutos quieres morirte y escapar al cielo. De hecho, al final opté por tomar sol en la piscina del hotel que podía ir del agua a la sombra y evitar exponerme al sol, que no quemaba, abrasaba. A mi izquierda está el hotel ese que es tan famoso y que ha salido en tantas pelis, pero habrá que esperar a la siguiente imagen para verlo.

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