Seguimos rastreando templos por Bangkok y llegamos al Wat Saket, también conocido como la Montaña dorada porque el templo está como en una colinita o mini-montaña y hay que ascender por unas escaleras con trescientos y pico escalones para llegar al templo y ver una vista muy espectacular de Bangkok. En la ascensión, estamos rodeados por horrendas esculturas pequeñas y en un punto determinado, llegamos a un lugar lleno de campanas, que es el que vemos en la imagen de hoy. Supuestamente, tocar estas campanas te puede dar suerte, así que todos los creyentes van campana por campana haciendo ruido, que los vecinos del barrio tienen que adorar eso.
Por la derecha al fondo podemos ver el espectacular Loha Prasat con sus espiras y torres, al centro un templo que seguramente pertenece al Wat Ratchanatdaram y a la izquierda la estatua del rey Rama III (palito-palito-palito), gracias al cual se construyeron muchísimos de estos templos y que está en el podio de reyes tailandeses más populares. El lugar se ve muy espectacular, muy bien cuidado, pero lo que llama la atención es la ausencia de julays, que con los calores brutales que hay por allí y una humedad cercana al cien mil por ciento, pasan un kilo de garbear por la calle en pleno sol. En donde está la estatua es un parque en el que parece que no se les ocurrió poner bancos para los visitantes, aunque igual lo hacen adrede para evitar que la gente se apoltrone.
Como se dice y se confirma que todo ya está escrito, hace casi diez años hablaba por aquí de una Sinterklaas chocoladeletter, aunque con la debacle y la traición sucia, rastrera, podemita y truscolana del flickr, la foto de esa anotación, como tantas miles de fotos, se perdieron. El cinco de diciembre se celebra en los Países Bajos Sinterklaas, o San Nicolás de Bari y este santo es el que inspiró el Papá Noel de los gringos. Aquí, la tarde-noche de ese día, es cuando en las familias se dan regalos, sería el equivalente al día de Reyes español, ya que la tradición de regalar en navidades se ha ido imponiendo en el país por las multinacionales y las cadenas comerciales. Una de las costumbres locales, que todavía se respeta, es regalar una letra de chocolata, a ser posible con la inicial del que la recibe, pero en mi caso, con la confusión de conocerme como il Scelto, de Uitverkorene, el Elegido o the Chosen One, optaron por la letra E, que aparece en todas las versiones de mi nombre, aunque también podrían haber elegido la letra O y seguirían jugando sobre seguro. Ayer en la oficina, me regalaron la letra, que es la que vemos en la foto. De mis tiempos con mi primera multinacional del país del sol Naciente, todos sabemos que me compraban una letra con el peor chocolate que podían conseguir, la más barata que había en el mercado y a ser posible, con chocolate caducado, que mira que eso es difícil. Algunas de esas letras eran tan duras que se te podía romper el alma al intentar comerlas, así que ayer, cuando me dieron mi letra, flipé porque venía de una empresa que hace helados, pasteles y chocolate y me molesté en ir a su página güé y mirar el precio y aluciné, esto es un puro derroche, casi nueve leuros en chocolate. En la empresa además, como que le estampan la letra en la cara a podemitas, truscolanes, musulmanes y toda la miasma, que en la letra aparece el gorrillo de obispo católico, que el pavo era obispo y si a alguno le molesta el motivo religioso, que no se la coma y que le den por el orto.
Hoy, me junté con mis vecinos y la mucama y partí la letra en cuatro trozos y allí todos fliparon con la calidad del producto, es que como mañana vea en la oficina alguna sobre los escritorios de los colegas, la traspapelo y la guardo en mi mochila.
Esta semana, entre el viernes negro, el lunes de pasión y Sinterklaas, estamos en la temporada más altísima de compras en los Países Bajos y tras el seis de diciembre, básicamente comienzan las rebajas porque ya nadie compra nada, lo único que queda por delante son las comidas navideñas, que no implican regalos de ningún tipo.
Sinterklaas, en el pasado, venía acompañado de Pedro el Negro, algo que todos sabemos porque leímos y estudiamos Sinterklaas y Pedro el Negro, aunque ahora los tiempos han cambiado y nosotros no podemos ir a un país de joputas-terroristas-musulmanes-de-mielda y ponernos un brazalete o la ropa que nos salga de los mondongos, pero nosotros, en nuestra tierra, tenemos que respetar a esa gentuza y miasma de lo peor y ahora ya los niños no se pueden pintar la cara de negro, ni poner pelucas negras, ni hacer nada que pueda ser considerado racista, así que ahora los Pedros que acompañan a Sinterklaas son una pálida sombra de lo que fueron, aunque siguen habiendo rebeldes, sobre todo entre los estudiantes universitarios y el otro día por la calle me crucé con un grupo de unos diez y todos llevaban la cara pintada de negro y con pelucas del mismo color. Supongo que a más de un progresista se le bajó la tensión al verlos.
Pegado al templo que vimos ayer está el Loha Prasat, un edificio muy curioso. Son cinco torres metidas unas dentro de otras y tres de ellos tienen las espiras de hierro esas que se ven en la foto. En total son 37 espiras que representan la virtud de ser podemita, truscolán o suciolisto o en definitiva, un ladrón, criminal y delincuente. Este edificio no es original y en el pasado, hubo hasta tres en el universo, pero solo queda este. De los que desaparecieron e inspiraron este, uno en Sri Lanka tenía mil cuartos. Al ser el unico que queda, está en la lista de Monumentos Mundiales de la Unesco.
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