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  • Ese otro brazo

    3 de febrero de 2021

    Uno de los grandísimos problemas que nos trajo el virus truscolán y podemita fue el encarcelamiento consentido de la humanidad y la migración desde la vida social y tal y tal en carne, hueso y muchísimos peos (pedos para los godos) y el enmarcamiento de esa actividad social en una ventana dentro de esa otra ventana que es la pantalla de nuestro ordenador, o aquello que los grandes expertos llaman monitor. Cuando eso sucedió, mi problema era cuando debía usar un micrófono, porque en el portátil del trabajo los que traen esas máquinas no sirven para nada, no podía conectar alguno de los blutús que tengo y mis opciones se limitaban a unos auriculares de cable que tienen un micrófono y a ese micrófono que estaba en mi casa desde tiempos inmemoriales, de muchísima más calidad y direccional, con lo que, teóricamente, mata el ruido que no produzco en las cavidades de gárgaras. Intenté lo de ese micrófono pero mi problema era enfocarlo exactamente hacia la boca, daba igual si yo no me movía mucho, con la distancia, era muy difícil conseguir una buena calidad. La solución, mirando por las internetes, era comprar un brazo de gitano de esos como las lámparas flexo que todos teníamos antes y que de repente se convirtieron en viejunas y desaparecieron, o al menos yo no he visto una en eones, aunque eso cambiará en unos meses porque uno de mis proyectos incluye el acondicionamiento de una zona de trabajo muy pero que muy profesional y en esa mesa pondré una lámpara flexo sí o requeteque-sí. Cuando vi que se usan esos brazos flexibles también para los micrófonos, miré primero en las tiendas locales (que están cerradas) y finalmente recalé en la gran tienda ondeline china que lo tiene todo pero que cuando compras por dos perras gordas, te lo mandan y ya te puedes poner a encender velas negras a todos los dioes que eso tarda siglos y siglos en llegar. Pese a este pequeño inconveniente, se me ocurrió mirar en la susodicha tienda y encontré que hay algo nuevo, o que yo no había visto antes, una opción para elegir un tiempo de recepción de diez días, doscientas cuarenta horas de nada y lo más fascinante fue que encontré un brazo de gitano para micrófono con ese sistema y el precio era de dos leuros más caro y por concretar mucho más, con los gastos de envío se quedaba en dos leuros por debajo del diez. Lo compré y seguí con mi vida, sin creerme que eso me llegaría a tiempo, aunque cada día miraba el estado para comprobar si era cierto. El paquete lo enviaron, momento en el que empezaron a contar los diez días y vi que pronto lo habían recogido, que pronto se lo habían dado al transportita y que pronto, había llegado a Bélgica, que parece que es el punto de entrada más cercano a mi keli desde la China, supongo que porque el control aduanero de ese país es de una calidad muy inferior al del mío, algo demostradísimo y que todos los españoles saben porque en esa tierra vive la escoria, chusma y gentuza esa del Puercagón, el defensor de truscoluña que folla rumanas porque las truscolanas le dan más asco que al resto de nosotros, que ya es difícil, que yo preferiría una truscolana a una rumana, aunque quiero que quede claro que ambas tendrían que vivir en una caseta en el jardín, que uno no está para meter bestias repugnantes en su casa. Una vez el paquete en Bélgica, le tomó una hora o eso que otros cuantifican como tres mil seiscientos segundos el pasar el control aduanero y entrar en Europa y después unos tres días para subir hasta mi barriada periférica. Ayer ya sabía que traerían mi brazo de gitano microfónico hoy entre las dos y media y las cuatro y media de la tarde, que parecen ser incapaces de ser más precisos, algo totalmente inaceptable, pero bueno, al menos el chamo vino a las tres y media, justito a medio camino entre el límite inferior y el superior. Inmediatamente lo apalanqué junto al ordenador, le conecté mi micrófono y hasta el quitavientos para micrófono que me regalaron junto con el mencionado hace la tira de tiempo. Después lo probé creando una reunión fantasma conmigo mismo y lo flipé, la calidad del sonido es de fábula y además, por la posición de la cámara, ni siquiera se ve el tinglado que tengo montado para el sonido. Lo que tengo que inventarme una buena explicación fantástica y fastuosa porque cuando mi vecino lo vea, se va a pensar que estoy trabajando en radio las Palmas o en alguna otra emisora porque esto se aleja demasiado del sistema tradicional con el auricular con cables y el mini-micrófono en el mismo.

  • Iglesia de Nuestra Señora de Loreto

    3 de febrero de 2021

    Cuando me movía por el casco antiguo de Bratislava, en el borde del mismo está esta preciosa iglesia que parece empotrada en un edificio que se va hacia el lado derecho, con lo que la fachada y el lateral parecen estar del mismo lado. Es la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto, aunque la gente allí la conoce como la iglesia Uršulínska. Es de estilo renacentista y pertenece a la Orden Ursulina. Curiosamente, la iglesia la construyeron los protestantes entre 1659 y 1663, pero en 1672 los echaron a la puta calle por ser chusma y gentuza de la peor y se la dieron a las ursulinas. La cúpula del campanario es de 1683 porque la anterior se incendió.

  • El regalo inesperado

    2 de febrero de 2021

    Hoy, en el universo de la monotonía y el aburrimiento en el que nos ha tocado vivir en el 2021, era un día un poco menos aburrido porque tengo clase de italiano. Me levanté a las ocho y al poco rato salí escopeteado para el super, que al parecer siempre llueve un montón los martes y los viernes a primera hora y esos son los dos días y momentos que he elegido para aprovisionarme, en un supermercado en el que como mucho, somos cinco clientes y puedes vivir toda la experiencia sin tener a ciento cincuenta personas con las mascarillas mal puestas a tu alrededor arruinándote el día. Tenía mi lista y como la lluvia es un mal que tiene algo de cura, me condomicé de la cabeza a las uñas negras de los pies y salí de mi casa en bici. Llegué al super y en condiciones normales podría haber hecho la compra en cinco minutos, pero cuando volví de Gran Canaria cerraron el super durante cuatro días y lo remodelaron y de paso, cambiaron todo de sitio y cambiaron hasta los emparejamientos, que yo antes sabía que los huevos, la harina y la leche gustaban de compartir zona y ahora la harina se ha mudado a donde el atún en lata y el azúcar ha dejado los líquidos y se ha arrejuntado con los güevos. El chocolate parece que se peleó con las galletas y las gominolas y ahora se arrejunta con los productos esos raros para gente con alergias o directamente, para los comemieldas que se creen que por comer cosas sin les va a ir mejor. Encontré todo lo que quería haciendo barridos por todas las calles del super y por supuesto, con mi lista, que yo sin lista de la compra no entro ni en una iglesia, que después te cuelan cosas que no quieres. Como el martes es día de mercado en el aparcamiento que hay junto al super e impiden a la gente aparcar por ahí, eso explica la ausencia de clientes. Salí del super y volví a casa para desayunar y prepararme para la clase de italiano, básicamente, el mayor entretenimiento de la semana por las risas que nos echamos y como se descarrila la lección que planea el profesor y terminamos hablando de otras cosas, como hoy, que en lugar de hablar de las nuevas formas de familia que han surgido en los últimos treinta años, terminamos discutiendo sobre la diferencia entre calamar y pota, que es un tema muy candente y que nos tiene a todos muy preocupados.

    Cuando terminó la lección, me estaba descojonando con los comentarios de cierta culocochista que comenta un día al mes, quizás dos y en eso que alguien toca el timbre de mi puerta y oigo las voces de dos pavas. Como junto al timbre tengo la pegatina esa que comenté en Conozco el caminito, que aquí pese a lo que diga algún lenguaraza, se escribe de muchas cosas que no por nada este sigue siendo el mejor blog sin premios en castellano y prácticamente el último, que ahora todos, como Virtuditas, se han hecho influencer, que ya hay más que seres humanos en el universo conocido y como sé de qué pezuña cojeáis y ninguno va a mirar el enlace, en la anotación previamente mencionada se explica que la pegatina claramente indica lo siguiente:

    • No toques pa’pedí
    • No toques pa’vender
    • No toques pa’convertirme a tu puta religión de mielda

    Como si yo fuera una olla a presión, se me puso la sangre en unos milisegundos a hervir y me puse a raspar el suelo con el zapato como un toro antes de embestir porque asumí que eran dos pavas de las del tercer grupo y a falta de nada mejor que hacer, iba a salir a montarles un número del que no se iban a olvidar en su puta vida y a mandar a su Dios al decimoséptimo infierno o quizás incluso al carajo. Cogí la llave para abrir la puerta ya temblando con toda la rabia que estaba acumulando, abro la puerta y me encuentro a dos pavas de las que trabajan en el cine con una bolsa del cine llena de regalos.

    Por supuestísimo y como estamos obligados por una o varias leyes, ambas mantenían la distancia de seguridad, aunque estoy seguro que viajaron en el mismo coche y me apostaría la uña más negra de los pies a que ninguna de las dos usaba la mascarilla en el mismo. Me dijeron que siendo como soy el Elegido y con muchísima diferencia, él más mejor de los clientes del cine o al menos el que lo visita con más frecuencia, me habían traído unos cuantos regalos porque me echan una jartada de menos, como yo, que puedo vivir y hasta malvivir con todas las reglas para evitar la propagación del virus, pero lo de que los cines vayan a estar cerrados al menos hasta marzo lo llevo muy pero que muy mal. Casi me salto las reglas esas del distanciamiento insocial y les doy un abrazo a cada una y definitivamente, la cadena de multicines a la que estoy abonado me alegraron el día, la semana y seguramente hasta el mes, que en un mes en el que ya se sabe que no vamos a tener los cines abiertos, yo casi que preferiría que me indujeran un coma y me despertaran cuando los vuelvan a abrir, o me metan en una cámara de hibernación como al Disney y no me vuelvan a sacar hasta que esto acabe. Por supuesto, cuando entré en mi casa le hice una foto a la bolsa (que está más arriba) y otra al contenido de la misma:

    Gracias a Dios que yo cago más que como y esto servirá para engordar las ratas del alcantarillado. Tenemos cotufas dulces y saladas, las bolas esas que son como cagaditas de cabra rellenas, una bolsa de tele con esa verdad tan grande que la vida es comer, dormir, ir al cine y repetir todo lo anterior y también pusieron una bebida de esas de cierta marca conocida, una cervesilla sin alcohol y un bono con cinco leuros para gastar en el cine, que se suma al que tengo de treinta y pico y al otro de veinte y a los seis refrescos gratis que tengo acumulados, que como siga acumulando bonos y refrescos, voy a poder poner un estanco. También hay una mascarilla con el logo del cine, que no es de máxima protección y que como mucho me pondré en los ascensores en los que deje mi carga asesina en la temporada de castañas. Todo un detalle de los cines.

  • Palacio Primacial en Bratislava

    2 de febrero de 2021

    El Palacio Primacial en Bratislava está por detrás del ayuntamiento viejo y es un edificio neoclásico espectacular. Aunque lo mandó construir un arzobispo cerca del final del siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito), en la actualidad el alcalde trabaja en este edificio y no tiene nada que ver con la iglesia. Está en una pequeña plaza y hacerle fotos es una pesadilla porque sin un gran angular no hay manera de pillarlo entero en una foto. Desconozco si se podía visitar el edificio pero puedo confirmar y confirmo que de ser posible, yo no lo hice.

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