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  • The Secrets We Keep

    19 de diciembre de 2020

    Estoy casi seguro que algún día que fui al cine pusieron el trailer de la película que voy a comentar pero como yo aprovecho para hacer ejercicios del duolingo, como que nunca lo llegué a ver y cuando fui al cine no tenía ni puta idea de lo que trataba. Como hay tan pocas películas entre las que elegir, tampoco es que hubiese podido hacer algo. La película se titula The Secrets We Keep y no parece que se vaya a estrenar en España, aunque el título si lo traducen debería ser truscoluña no es nación.

    Una julay le coge tirria a un vecino y se las hace pasar putas y canutas pero sin chimpún

    Una pava con un acento horrible que seguramente sea rumana y que vive en gringolandia se tropieza con un pavo en el parque y resulta que según ella es un nazi que se la folló y mató a su hermana, así que lo rapta y lo guarda en el sótano de su keli haciéndole pupita de la mala mientras su marido la ayuda.

    Al parecer esto es un plagio o un remake de otra peli que no he visto. Lo que sí que puedo decir es que cada vez que la protagonista abría la boca, yo rezaba para que se la cerraran a piñas y dejara de torturarnos con el acento más horrendo de la historia de la humanidad. En ningún momento consiguió ganarse la empatía de los espectadores y lo único que le reprocho al nazi es que no la matara, mira que dejar escapar a esa gilipollas fue un error imperdonable. El que hace de su marido es como un híbrido entre retardado y calzonazos y pasa por la película sin pena ni gloria, corriendo de un lado a otro y diciendo polladas pero incapaz de hacer frente a la penca con la que se casó y que está clarísimo que lo hizo para conseguir que la llevaran a gringolandia y obtener la nacionalidad. La historia cansa y aburre y algunas escenas se repiten una y otra vez en ese jodido sótano. La película dura noventa y siente minutos de los que le sobran al menos sesenta y siete, ya que bien cortada, se puede hacer un episodio televisivo de treinta minutos y no nos perderíamos nada. El final es como que lo peor, cuando estás convencido que no la pueden cagar aún más, en eso tenemos como un epílogo que demuestra que al director y al guionista aún les quedaban cartuchos en la recámara y logran echar dos palas más de mierda sobre su producto. En fin, esto es un telefilm y jamás se debería haber permitido su paso a los cines.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos o un sub-intelectual con GafaPasta, ambos haréis bien en huir de cualquier cine que anuncie esta película.

  • Costillas con salsa de barbacoa y miel

    18 de diciembre de 2020

    Después de que llegó el encierre del universo en marzo y todo lo demás, lo de ir a Hilversum a comer costillas en el Cartouche se ha vuelto como una misión imposible y era una cosa que echaba de menos. Como siempre estoy mirando recetas nuevas para hacer en mi olla a presión eléctrica, que es una Crockpot Express, vi que había un montón de costillas en las que las cocinas hasta que la carne está perfecta y después se combina con el horno para darle el toque final. Mirando las recetas, todas se veían simples aunque variaban en técnicas y en tiempos. Finalmente he encontrado una que me gusta un montón y que produce un buen reemplazo de las costillas que tanto me gustaban y además, en menos de una hora, aunque mirando fotos mías de aquellas, ellos las queman muchísimo más que yo. La receta es simple y simplona pero requiere de una olla exprés y supongo que se puede usar hasta la que pones en la cocina, aunque entonces habría que incrementar la cantidad de líquido y tener algo para que las costillas estén sobre el susodicho, que en las eléctricas te viene con uno de esos accesorios metálicos. La cantidad de carne es para una persona así que se puede incrementar, aunque por el tamaño de la olla, yo no pondría más tres kilos de costillas.

    EDITADO: He añadido una salsa alternativa, Sweet Chili, que es espectacular y que le da un saborcillo más picante. Por lo demás, se hacen de la misma manera pero a la hora de pintarlas con la salsa, usamos esta otra.

    Los ingredientes: 800 g de costillas de cerdo, 1/2 bote de salsa de barbacoa con miel (también sin miel vale, pero después no me digas que no saben como las de mi bar/restaurante favorito) o salsa de chili dulce (sweet chili sauce), 1 taza de agua, 1 cucharadita de ajo en polvo, 1 cucharadita de cebolla en polvo, 2 cucharadas de vinagre de manzana y sal y pimienta al gusto.

    La implementación: Comenzamos una o dos horas antes con el marinado y si tiene membrana, quitándole la membrana a las costillas, aunque mejor si lo hace el carnicero y si la tiene, pues al llutuve para ver a los expertos en el tema. Mezclamos el ajo y la cebolla en polvo con el vinagre de manzana y con eso marinamos el costillar por ambos lados. Después le ponemos sal y pimienta y metemos en la nevera entre una y dos horas. El vinagre supuestamente ablanda la carne y permite que la sal entre en la misma.

    Cuando llega el momento, ponemos nuestra olla express en modo manual a presión alta y aquí hay dos opciones, aunque yo solo he usado la primera. Si quieres que las costillas queden con la carne prácticamente soltándose de los huesos, pon 25 minutos de presión. Si quieres que la carne esté más agarradas, entonces serán 16 minutos de presión. Se pone dentro de la olla la rejilla que hace que la carne esté sobre el líquido y echamos dentro la taza de agua (250 ml). Ponemos sobre la rejilla el costillar y lo mejor es que esté de costado (en vertical). Cerramos la olla, cerramos el pitote de la presión y le damos a encender y alrededor de treinta y poco minutos más tarde ha terminado. Dejamos que la carne permanezca dentro otros quince minutos con lo que la olla perderá la presión por completo. Mientras están pasando estos minutos, enciendes el horno en modo de grill a la temperatura máxima y en mi caso, yo recubro la bandeja con papel de aluminio.

    Pasados los quince minutos, sacamos las costillas con cuidado de la olla, las ponemos en la bandeja (primero boca abajo, del lado del hueso) y las untamos con la salsa barbacoa (o la de chili dulce). Le das la vuelta y untas el otro lado (el de la carne, el que se ve en la foto por arriba) y al horno, en mi caso unos diez minutos. Acompañadas con papas fritas están épicas y legendarias.

  • Wihan Phra Mongkhon Bophit

    18 de diciembre de 2020

    Hace un par de días vimos este mismísimo edificio pero de noche. Es el salón de ordenación Wihan Phra Mongkhon Bophit y aquí tenemos básicamente la misma foto pero hecha con la luz del día. De nuevo, no tuve tiempo para entrar a hacerle unas fotos a los budillas que tienen por allí, que en el caso de este es uno grande de ladrillo que escapó a la rapiña de los birmanos porque no era de oro del que cagó el moro.

  • Por los pelos

    17 de diciembre de 2020

    El otro día hablé del día antes del encierro y ese día me hicieron una prueba PCR que era requisito obligatorio e imprescindible para poder entrar en España. El martes se supone que me daban los resultados y según la página web de la empresa que hace las pruebas, te llegaban a partir de las once y media de la noche y aquí las palabras importantes son A PARTIR. Durante el día, primero con el cierre de tiendas, fui a clase de Italiano, que como solo vamos dos alumnos por semana podemos ir a la casa del profesor y me tocaba a mí, después de eso pasé por el super a comprar lo que me faltaba para llevar conmigo y el resto del día lo pasé escribiendo las últimas anotaciones, que por si alguno no lo ha notado estamos en modo híper-mega automático y creo que en total escribí cuarenta y pico anotaciones hasta el día que vuelvo. Me despedí de mis vecinos y ya bajé todo lo que me quería llevar a la planta baja de mi casa para tenerlo a mano a la hora de tirarlo todo en la maleta y en mi bolso de cabina. A la una de la mañana, cuando me acosté, aún no me había llegado el correo con los resultados y ya no me molesté ni en meditar porque ahí ya la angustia comenzaba a girar montaña abajo y coger tamaño. Creo que no me dormí hasta las dos y cuarto, me desperté veinte minutos más tarde y ahí ya había recibido el correo, con un documento que decía que mi PCR era negativa y por tanto podía viajar. Con la angustia ya me desveló y en total y hasta las seis de la mañana esa noche dormí menos de tres horas.

    Según me levanté, me duché y desayuné y ya me puse en serio a meterlo todo en la maleta y la mochila y a revisar mi lista de viaje para asegurarme que no me olvidaba de nada. En realidad lo preparo todo en diez minutos o menos pero después lo reviso tres veces para comprobar que no hubo errores. También regué mis piñas, le llené el tanque a la albahaca y saqué la basura y me aseguré que la calefacción solo se encienda si el interior de mi casa se pone a menos de doce grados, lo cual no ha pasado ni en el más frío de los inviernos en mis vacaciones navideñas pero estas no han sido nunca tan grandes. A las ocho menos dos minutos salía de mi keli para ir a coger la guagua hasta la estación y desde allí el tren al aeropuerto, donde esperaba llegar y llegué justo antes de las nueve de la mañana. Al viajar a España la facturación online no es posible porque comprueban que tienes el código QR para poder entrar al avión. A la gente que no lo tenía, al final les facturaban igual pero les decían que tenían que ir a la página güé del gobierno y rellenarlo y obtener su código. Yo de allí me fui a pasar el control de seguridad y como que me extrañó que el aeropuerto estuviera petado que no veas, pero petado hasta el punto en el que lo de la distancia de seguridad era imposible.

    Los vuelos a Italia parece ser que son más radicales que los españoles y para esos vuelos han inventado una nueva puerta de embarque, la B0 (Bé-ZEROLO) y en ella te obligan a rellenar los datos, comprueban que lo has hecho y tras esto te ponen un sello en tu tarjeta de embarque y además la desbloquean en el sistema y cualquiera que se salta el paso cuando va a entrar al avión el sistema da un error y le impiden el acceso al susodicho hasta que lo haga. El sistema de España es similar pero hecho en la facturación y mi tarjeta, como yo enseñé el código QR, tenía un sellote rojo.

    A la hora del embarque aquello fue un escándalo, no había distancia de seguridad ninguna y como todos tienen una prueba PéCéeRre negativa, como que la gente ya no tenía miedo. En la cola para entrar al avión, fallaban las tarjetas de los que dijeron que conseguirían el código QR y no lo hicieron y los ponían a un lado y les decían que ahora, lo hacían allí y no entraban hasta enseñarle a las azafatas el susodicho, con lo que muchos querían entrar en el avión los primeros y fueron los últimos. El avión iba petado, completito, hasta familias con niños que huían de los Países Bajos. Yo tenía mi tradicional asiento en la última fila en ventana, que con esto del virus truscolán y podemita no quiero tener a nadie detrás de mi chepa estornudando. El vuelo salió en hora y llegó antes de tiempo por las ventoleras sobre España y Portugal. Por supuesto hice vídeos que veremos algún día en enero. El de despegue es soso porque había niebla pero la llegada a Gran Canaria es espectacular y se verá la isla de Tenerife, Gran Canaria y si tienes buena visión está a lo lejos hasta la Palmas.

    Al día siguiente o ese mismo día en las noticias de la noche salieron imágenes del aeropuerto de Schiphol abarrotado con miles y miles y miles más de holandeses que se pasan por el forro del culo le indicación del gobierno de no viajar al extranjero y eso ha cabreado tanto al gobierno que algunas compañías de charters han cancelado todos los vuelos de los próximos días y hasta traerán de vuelta a Holanda a los que se llevaron. A mí que me vengan a buscar y quizás algún día me encuentren, pero nunca antes de enero. El gobierno holandés no prohibió la salida del país, aconsejó no hacerlo y como ellos mismos son los que la han cagado tantas veces, nos pasamos su consejo por los pelos del culo, que hace un mes sí que les gustó mandar a los Reyes de vacaciones a Grecia cuando se lo prohibían a los demás.

    Una cosa que no comenté de Gran Canaria es que al llegar, nadie, repito, N-A-D-I-E me revisó a mí o a ningún otro pasajero o me pidió la prueba PCR, con lo que todos tiramos un pastón para nada. Así que con angustia y tensión, pero con éxito, ya he llegado a Gran Canaria y quizás salí en uno de los últimos vuelos, por los pelos, que se dice.

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