
Con la racha de comedias neerlandesas de este 2025, yo ya cuando veo que estrenan otra, enseguida reservo entrada porque parece que es el año, pero bueno, tenía que tropezar tarde o temprano y el tropezón llegó con la de hoy. En el cine éramos un montón con unas ganas locas de echarnos unas risotadas salvajes, sobre todo porque el póster de la peli promete mucho, pero no fue así. La película se titula Augurk aan zee y jamás se estrenará fuera de las fronteras de este país, ni siquiera con un título tan comercial como truscoluña no es nación.
Un julay que se creía huérfano se entera que su madre es una malaje y que su papuchi está en Bonaire.
Tenemos un friki que vive con su madre y que siempre ha creído que era huérfano, hasta que descubre que su madre era una pelandusca y un pavo en Bonaire la empreñó y su padre sigue vivito allí y el pavo decide ir a verlo, descubre que tiene un complejo turístico en el lugar, el padre la palma y queda el chamo como heredero del susodicho, sin tener ni puta idea de qué hacer. Allí descubre dos hermanastras casadas con dos criminales locales que le harán la vida imposible, se encoñará de una alemana y tratará de sacar adelante el negocio de su padre que está prácticamente en la ruina.
Esto es como las pelis esas malísimas que está haciendo ahora Santiago Segura y hasta el humor es del mismo estilo, del malo tirando a malísimo. En ningún momento consiguen arrancar una carcajada de los espectadores y bueno, es hasta ofensivo ver que pusieron a un pavo como supuestamente venezolano y era un neerlandés chapurreando palabras en español pero es que ni siquiera las pronunciaba bien y había una alemana que cuando hablaba, se notaba a la legua que era una neerlandesa hablando en alemán. En la primera parte tenemos al pavo en Holanda, viviendo con su madre y trabajando en una fábrica de botes de pepinillos en conserva o algo así, con un grupo de compañeros de trabajo patéticos. Después lo vemos en Bonaire y bueno, aquello va a peor y sigue en una espiral que no parece tener fin y con una especie de batalla final estúpida y absurda en la que por supuesto, tienen que ganar para que haya final feliz.
A cualquier miembro del Clan de los Orcos que se le ocurra ir a verla, seguro que acaba prendiendo fuego a la sala. Prohibida terminantemente para los sub-intelectuales con GafaPasta con riesgo de perder sus gafas si ignoran la prohibición.


