Nos bajamos de la falúa al lado del Wat Phutthaisawan y el dichoso lugar no aparece con nombre en ninguno de los mapas que he mirado. Era como una extensión moderna y fastuosa del templo de al lado, con mucho marmol, con mucha urna y con unas ideas de decoración fabulosas, como esas espirales chiripitiflaúticas que parecen también paraguas o cabezas de cohetes interbalísticos. Las estatuas de los pavos son de reyes tailandeses, pero no de los que se pasan el día en Suiza con sus putitas, que ellos las llaman concubinas.
Lo mejor de no estar atado a un contrato laboral es que cuando salgo a pasear, lo hago a una hora en el que las marujas están de compras o recogiendo la keli, sus machos están haciendo como que trabajan desde casa o en algún lugar contaminado por el virus truscolán, los niños están en el colegio y yo me veo en un mundo increíble adornado con los colores del otoño y en el que no hay ningún peligro porque no hay nadie, nadie, nadie caminando a esas horas, que pueden ser las once de la mañana, que ninguno se vaya a pensar que estamos hablando de horas intempestivas. No sé si podré acostumbrarme a compartir el camino con la multitud, esto de ir a tu bola y si te cruzas con alguien, seguramente es un ancestral o la chama esa que camina pa’trás como los cangrejos y que seguro que tiene una historia fascinante para explicar el por qué lo hace, aunque como lleva dos bolsas de plástico en las manos llenas de otras bolsas de plástico, yo no me atrevo a preguntarle porque tiene tantos puntos para estar chiflada y yo he visto las suficientes películas de terror como para saber que si me acerco, esa se saca un cuchillo de la pipa del coño o de algún otro lugar en el que lo tiene escondido, me mata, me trocea y como por allí no pasa nadie, tardarán días y días en encontrarme. Lo mismo me está pasando con los días que voy a correr, lo hago fuera del horario habitual, que la gente o se levanta a las seis de la mañana para correr en plena obscuridad o lo hacen por la tarde, cuando han regresado de trabajar y entre ambos momentos, hay horas y horas en los que puedo ir a correr sin toparme con nadie.
Hoy en día y con la que está cayendo y con tanto experto que cambia de opinión cada dos mareas, casi que lo mejor es tener tu trocito del universo pa’tí solo, sin nadie alrededor, que nunca se sabe quién es un apestado, que la gente se apelotona en los lugares más insólitos y sin razón aparente, como en el supermercado, que controlan el aforo pero después resulta que hay un montón de gente, todos sin máscara, compitiendo para comprar embutido o algo de queso y yo los veo y me pregunto por qué no existe una cepa más brutal del virus que realmente elimine todo este código genético erróneo de nuestra especie, que esos están pidiendo morir a grito pelado. En el supermercado, pusieron la franja horaria de siete a nueve de la mañana para uso exclusivo de los ancestrales, que pueden ir a comprar a esa hora con la seguridad que no permiten la entrada de más nadie y tuvieron que quitar la restricción porque el número de clientes en dos horas oscilaba entre uno y cinco. Resultó ser que los ancestrales se pasan el día quejándose de lo poco o nada que duermen pero a la hora de la verdad, es una trola y no les mola nada salir de la cama antes de las nueve de la mañana.
En un pasado no muy lejano vimos un barco turístico a la vera del río en muy mal estado y hoy tenemos otro petado de turistas y en toda su gloria. Yo iba en una falúa que puede ir a mucha velocidad y éramos cuatro gatos y medio y todos turistas extranjeros y los locales prefieren barcos como el de la foto, petados de gente y en donde todos se arraciman para compartir mejor sus virus. Esos barcos van más despacio y creo que en su interior venden bebidas no alcohólicas.
La semana pasada teníamos la anotación Despegando en Amsterdam de noche y hoy llegamos al aterrizaje de ese mismito vuelo. La selección de asiento en el lado izquierdo del avión es porque salvo que haya tiempo del sur, en el aeropuerto de Gran Canaria se aterriza siempre hacia el norte y teniendo asiento en esa parte, vemos la isla mientras aterrizamos aunque nos perdemos el verla mientras nos acercamos, algo que en un día como el de este aterrizaje no habría sido posible porque estaba nublado. He ajustado un pelín el vídeo para encajarlo perfectamente con la canción You Can Call Me Al de Paul Simon, una de esas viejunas y que un día vuelves a redescubrir y recuerdas que te encantaba y aún te encanta.
El vídeo comienza en el instante en el que el avión está girando para alinearse con el aeropuerto y con la autopista GC-1, la que conecta la zona turística al sur de la isla con el aeropuerto y la ciudad de las Palmas y que parece haber sido puesta ahí para que los pilotos lo tengan más fácil. Según vemos tierra y nos vamos acercando, tenemos pegado al mar Pozo izquierdo, que es en donde hacen una de las pruebas del mundial de windsurf y para ponerlo más fácil, es lo que vemos en la imagen que hay cuando aún no has hecho clic en el vídeo para comenzar a verlo y más importante, se ve una ciudad grande por detrás y es Vecindario, capital de Mordor y en donde las hembras acumulan lorzas por todas las partes de su cuerpo y las ensalzan con lycras de colores escandalosos. Por debajo del ala tenemos la autopista y vamos pasando poblachos y la parte más seca de la isla hasta aterrizar. Justo al acabar el vídeo hay una escena estremecedora, cuando el avión enfila la terminal, todas las pasarelas para aviones están vacías salvo una, que creo que tenía un avión de Liberia express, el aeropuerto estaba prácticamente muerto.
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