
Esta fue una peli que yo estuve a punto de desechar porque la palabrota del título suena a insulto, aunque después me enteré, que no lo sabía porque no soy ni podemita, ni truscolán ni suciolista y no cometo delitos, que es un concepto usado por la chusma y gentuza cuando son detenidos. Esto al parecer fue un proyecto educativo de las ciudades de Rotterdam y Amsterdam y muchos de los que trabajan en la película son jóvenes sin experiencia previa. Se titula Zwijgrecht y en España jamás se estrenará, ni con el título de truscoluña no es nación ni con el de Derecho a guardar silencio, que es la traducción correcta de esa palabra impronunciable para un cristiano de la Isleta.
Unos julays que trabajan para el Güaca las pasan putas y también se van de putas.
Dos jóvenes se han hecho un nombre laburando como extractores, que vienen a ser los que van a los contenedores que llegan a los puertos belgas y neerlandeses petados de droga de sudamérica y cambian la droga a otros contenedores que no están marcados para revisar. Cuando la novia negra del moro queda empreñada, el chamo quiere dejar el negocio para criar a su hijo pero los criminales que lo contratan no están de acuerdo, le encargan un último trabajo y allí todo sale mal y hasta peor y se termina montando un pitote que no veas.
Ya sé que en España, gracias a truscolanes, suciolistas y podemitas, si un moro marroquí mata a una chama o a una vieja, es porque esas putas se lo merecen, pero aquí en los Países Bajos, se considera que la mayor parte de la criminalidad es realizada por la mafia marroquí, o los mocros, que es el apodo despectivo y asqueroso que se les da. Aquí tenemos un montón de marroquíes en su salsa, cometiendo crímenes y de vez en cuando, la pasma mata alguno pero como sus padres se agarran a las ayudas y tienen sesenta y tres hijos por familia, ni se nota que algunos mueren. Los protagonistas, que son delincuentes, tienen que vaciar un contenedor que ha sido marcado por la aduana y que está petado de drogas pero son traicionados por el moro que los contrató, que roba la droga a su jefa mora para hacer más dinero. Después de eso, se matan unos a otros con ilusión y alegría, la pasma no se entera de nada y los espectadores flipamos. La película es muy didáctica, nos da una imagen muy clarita de los que supuestamente pagarán nuestras pensiones cuando nos jubilemos. Entretiene pero también me pareció que se repetían bastante, que siempre es ir a buscar un contenedor a un muelle y hacer más de lo mismo.
Esto en principio podría ser cine como para los miembros del Clan de los Orcos, pero claro, es que estos orcos son jalales y no hay pedorras en bikini agitando las lorzas, que sería algo que vendería la historia mucho más. Los sub-intelectuales con GafaPasta la despreciarán.

