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  • Chacho que estaba escoñada

    13 de mayo de 2020

    Siguiendo la línea de la semana, hice una incursión en Iquea para aprovisionarme de Leghos en Compras y juegos de adultos y después ya en mi casa estuve con mi amigo el Turco y su novia Jugando o montando y que sepáis que de esta no voy a hablar que es medio latina y me puede leer y además, ya me han dicho que no me invitarán al bodorrio, que ya han contactado con la marquesa Pelúa vicepresidenta del gobierno de España para ver si pueden alquilar el casoplón y hacer la celebración allí. En toda esta aventura del domingo, hubo algo raro con la parte que le encomendé encarecidamente al Turco, la barbacoa. Ya le he explicado que yo soy más del equipo logístico a la hora de las barbacoas y siempre he delegado en otros el jugar con fuego, que no es algo que me ponga nada, además, esas actividades son muy esclavistas y después tienes que estar al loro mucho tiempo. También le recordé al Turco que él se las da de macho alfa, como la coletas y que entre las sacrosantas tareas de ese sub-grupo está la de encender y manejar la barbacoa y que a mí, más limitado en la pirámide evolutiva esta, me había tocado hacer la ensalada fabulosa que solo me tomó tres minutos quizás cuatro.

    El Turco, en la barbacoa anterior que hicimos, usó una bolsa de tres kilos para una barbacoa para tres y ya le dije y le repetí que me parecía excesivo, que tenía la impresión que lo suyo no era lo de la comida hecha en ese tipo de artilugios. En esta segunda ocasión, antes de que la encendiera, corrí a hacerle una foto a la coña:

    Estaba el hombre venga a echar briquetas en el brasero y yo escandalizado, que me compré este saco de briquetas para el resto del verano y básicamente lo vació en el brasero y después encendió aquella pira funeraria y empezó a salir humo en cantidades tan grandes que confundió a una tribu de arapajoes que estaba de camping o algo así o quizás buscaban coletas a los que trepanarles la melana, particularmente si son podemitas. Nosotros mirábamos desde lejos asombrado, que lo que no puede decir es que no tenga una barbacoa de calidad, que es una original, la famosísima y legendaria Smoquey Yoe (o Lloe para los argentinos que la otra letra me la pronuncian muy fuerte y me da repeluz). Tuvimos que esperar como una hora antes de que pudiera poner la comida y nosotros venga a quejarnos y decirle que puede ser un muy alto ejecutivo, pero que cuando no se trata de decir SÍ o NO, que es lo que hacen los ejecutivos, que está muy pero que muy limitado.

    Al final comimos y todo eso y saltamos al domingo por la mañana, ya que con la de kilos que puso de briquetas, yo creo que estuvo ardiendo toda la noche y que algunos en mi barrio se pensaron que yo estaba hospedando la llama olímpica esa. Cuando la estaba limpiando me di cuenta que me faltaba la parrilla interior, una sobre la que se pone el carbón o las briquetas y que desde el inicio, habíamos estado usando el cacharro sin una pieza esencial y quizás el Turco, tan ninguneado por mi y su novia, quizás tenía razón y no era su problema. Me lancé a buscar en la página de la empresa que fabrica esos artilugios y en su tienda ondelain encontré la pieza y la iba a pedir cuando noté que uno de los mayores vendedores en los Países Bajos está al lado de Iquea, a paseo de mi casa y abrían el domingo durante cinco horas. Por supuesto no fui andando, ya que esa mañana salí a correr seis kilómetros y quería aprovechar el rato de buen tiempo, pero pillé mi privilegiada bicicleta eléctrica y llegué en seis parpadeos de ojos. Entré a la tienda, con todas las reglas del virus este tan puñetero, sin estornudar, sin rascarme los mondongos, sin parpadear, sin tocar nada, sin, sin, sin y fui a la estantería en la que tenían partes de barbacoas sueltas y efectivamente, allí estaba la pieza. La compré y me la llevé a mi casa y le mandé una foto al Turco con la barbacoa RESTAURADA:

    Aquí se puede ver la parrilla de la comida o superior y la parrilla del carbón o las briquetas, que es la inferior. En la foto además se pueden contar perfectamente diez briquetas, ni nueve ni once, así que ya le he dicho que la próxima vez, le doy exáctamente diez briquetas y espero que no me vuelva a decepcionar por tercera vez. Le he dejado el papel por si tiene instrucciones sobre como encender una barbacoa, aunque ya le he dicho que se vaya al llutuve que por allí seguro que hay gente explicando los conceptos.

  • Vista lateral del Castillo Dhamma

    13 de mayo de 2020

    Una última foto del Castillo Dhamma en la que lo vemos por uno de sus lados y se intuyen los cuartos que hay en la planta alta y en la baja. Es más que probable que el jiñote lo plantaban en el jardín o cerca de alguna de las casas circundantes. Por el lado desde el que hice la foto están los jardines, llenos de figuras de animales hechos con plantas o directamente a lo hortera, comprándolos en su tienda favorita del chino Kudeiro. El mega balcón de la planta alta te permite ir de un lado del edificio al otro por fuera.

  • Jugando o montando

    12 de mayo de 2020

    Ayer en Compras y juegos de adultos veíamos que la mitad de la diversión de ir a una tienda como la de Iquea es comprar las cajas. La otra mitad de la diversión comienza cuando llegas a tu casa y las abres y están llenas de piezas sueltas, bolsas de tornillos y cutre-herramientas y una especie de plano gigantesco traducido a todos los idiomas de este lado de la galaxia en el que ponen una serie de jeroglíficos supuestamente fáciles de entender pero que cuando los llevas a la práctica siempre la cagas.

    Yo había comprado una mesa de jardín y cuatro sillas. Desconozco como lo hacen los demás pero yo cada uno de estos proyectos me los planteo como una lista de ventajas e inconvenientes y miro las dieciocho mil alternativas antes de decidirme por uno. En este caso, entre los requisitos que tenía, estaba el que todo fuera plegable, tanto la mesa como las sillas, para así guardarlo en invierno en el cuarto de las bicicletas. También quería dejar atrás mi fase del plástico y pasar a la de la madera, que aún no he llegado a la edad del hierro, aluminio o acero, a esas llegaré cuando madure. Miré infinidad de tiendas que venden en los Países Bajos a través de sus páginas güeb pero siempre seguía volviendo a la que elegí y finalmente decidí que tanto dar vueltas para tropezar siempre en la misma mesa debe tener un mensaje claro y diáfano de mi Ángel de la Guarda.

    Sacamos las cinco cajas del coche y las llevamos al jardín. Cada uno se lanzó a montar un producto. Yo elegí una silla, que con lo que pesaba la caja de la mesa se intuía que traía más complicaciones. No sé por qué, siempre supuse que estaban plegadas en la caja y no habría que montarlas pero me equivoqué, la parte movible de la silla, el asiento, estaba separado del resto, pero ponerlo fue un ejercicio fácil y gratificante. El Turco prefirió un reto a su nivel de alto ejecutivo y tiró para la mesa. Él es el primero que me ha dicho, varias veces, que odia Iquea y que prefiere no comprar allí y después lo veías sobre el césped, con su plano de jeroglíficos, mi destornillador eléctrico, el martillo, que hasta mi padre lo decía siempre, que para arreglar o hacer cualquier cosa, lo primero que hay que tener en las manos es el martillo que es la herramienta más versátil. Lo dejamos a su bola y sorprendentemente, se las apañó para ir juntando piezas de aquel rompecabezas, aunque hubo un momento cerca del final en el que todos nos temimos lo peor, pero fue una falsa alarma y las instrucciones no tenían ningún fallo. Ni nos sobró ni nos faltaron tornillos, lo cual es algo que te pone eufórico de alegría. Cuando terminamos de montarlo todo, los dejamos allí, ninguneados, como haría cualquier chiquillo con un juguete nuevo, perdimos el interés inmediatamente y nos centramos en el sol, que había un día espectacular, prácticamente de verano neerlandés y sabíamos que era el último, así que distribuimos por el césped la estructura para colgar la hamaca y la susodicha, la tumbona de playa que acabo de descubrir que se vende en las tiendas de este país pero no en España y una de las sillas viejas que eran reclinables y entre los tres pusimos una mesa y pasamos unas horas tapeando, charlando y en mi caso tomando el sol y en el suyo, quemándose, que aquí todos los pálidos creen que el sol del norte no quema pero están equivocados. Ya avanzada la tarde, el Turco se encargaba de encender el brasero para la barbacoa y eso fue un drama que dejaremos para más adelante. Nos quedamos con el conjunto ya montado y con la mesa puesta esperando que llegara la carne de la barbacoa

    En la configuración mostrada la mesa está totalmente extendida pero se pueden bajar las dos alas laterales y hacerla más pequeña y cualquiera que pase por mi jardín un día normal se la encontrará solo semi-abierta. Los cojines, obviamente, se recogen al acabar el jolgorio. A la derecha se coló en mi foto mi piña, que está crecida qeu no veas, también se puede ver la estructura para colgar la hamaca y por la izquierda pegados a la valla tenemos las plantas de lavanda que transplanté desde la zona en la que quiero poner el césped y que ya parece que se están acomodando a su nuevo hogar.

  • Otra vista del Castillo Dhamma

    12 de mayo de 2020

    Tengo claro que le hice un montón de fotos al Castillo Dhamma porque me pareció tan agitanado que no me podía creer lo que estaba viendo. En esta foto se puede ver mucho mejor que el espacio habitable es bastante limitado, el edificio es más grande pero se le va todo en tejados y zonas abiertas y lo que se dice cuartos, hay un par de ellos, con lo que lo de llamarlo castillo es estirar el concepto un pelín, mucho más incluso que lo que vimos en el Lago Bled recientemente. Esto no llega ni a casoplón de coletas podemita.

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