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  • Ñam, ñam

    29 de abril de 2020

    Si tenemos que creer el dicho ese que dice que una imagen vale más que mil truscolanes o palabras, entonces hoy vamos a tener como tres mil de esas o esos. En la Edad de la Reclusión o el Confinamiento, la mayor de mis preocupaciones no es el papel higiénico, que al fin y al cabo, mientras haya agua siempre hay forma de limpiarte el culo. No, lo que a mí realmente me preocupa es no tener variedad de platos cocinados y verme limitado a una dieta de esas de más de lo mismo, repitiendo un plato hasta la saciedad. Por eso, desde dos semanas antes de que nos encerraran, yo ya comencé a llenar el congelador de mi nevera con diferentes opciones y desde que nos encerraron, he ido esperando impacientemente a que haya hueco para cocinar algo más. Cualquiera que haya seguido mi istagrame o los estados de mi guazá lo puede confirmar porque lo pongo todo por allí. Al primar las cenas y hacer cantidades industriales con mi Crock Pot Express, los desayunos son los que más han quedado limitados y este fin de semana decidí darles el espacio de congelador que les he estado negando durante tantas semanas. El domingo hice Rollitos de canela, que llevaba con antojo desde hace por lo menos cuatro semanas. El problema es que preparo doce, así que dejando uno para desayunar el lunes y comiéndome otro porque no lo pude aguantar, me quedaron diez para congelar. Por suerte mis cálculos de volumen son fabulosos y si no, saco todo del congelador y lo reubico, que en realidad es un poco lo que hice ya que el primer cajón, o el superior, es aquel en el que acaban las cosas para desayunar, como se puede ver en la siguiente imagen.

    Tenemos los diez Rollitos de canela perfectamente envasados para congelar. Bajo ellos hay otras cosas para desayunar y comparten zona con varios trozos de empanada de mejillones y algunas otras cosas que ni sé lo que son, que la sorpresa es una de las ventajas de cocinar y congelar tanto. Se puede ver que en mi congelador, los tupperware están vedados, no se les permite la entrada porque ocupan un espacio innecesario.

    En el cajón central hay otro montón de comida:

    Aparte de más empanada, se pueden ver bolsas de croquetas de pollo y puerro, alguna bolsa con alubias con chorizo y algo de desayunar por la derecha, que a veces y por optimizar el espacio saltan cosas de un cajón a otro. Bajo la empanada creo que tengo tortillas de maíz congeladas para alguna sesión futura de cocina y también algunos paquetes de jamón serrano, que congelado aguanta mucho más. Eso que se ve completamente a la izquierda tiene pinta de ser Gai Pad Med Ma Muang – Pollo salteado al wok con anacardos, uno de mis platos favoritos.

    El cajón inferior tiene menos volumen y es más pequeño y por ahí acaban también zumos de limón congelados cuando uso solo la piel de los limones y bolsas con salsas y similares, además de embutidos congelados.

    En el cajón inferior también parecen convivir las morcillas con los chorizos congelados y con los pimientos rellenos, qeu son esas bolas de platina. También tengo los guisantes, que todos sabemos que acabarán juntándose con las salchichas alemanas o con el salmón para dos de los platos que más repito. Esta es la única verdura congelada que uso, el resto, la compro fresca.

    No tengo ni idea de lo que puede decir de uno el ser tan ordenado y meticuloso en unas cosas y otras me las traen al fresco. Cuando se trata de comida, pienso prácticamente con semanas de antelación. Estamos a miércoles y yo ya hago cábalas sobre lo que puedo estar cocinando la semana que viene o la siguiente y voy mirando entre las cosas que tengo y las que quiero hacer y buscando colocar algún plato nuevo entre los conocidos para igualar la balanza. Tengo antojo de quesadillas, con lo que ya están ahí, esperando su día, tengo antojo de empanada de carne y quiero probar una receta nueva que descubrí el otro día de un curry con garbanzos y batata hecho a cocción lenta. En lo dulce, a poco que se abra hueco suficiente en el cajón superior me hago una docena de Cristinas y este fin de semana haré una tarta de queso pero para regalar, que tener algo así en tu cocina es muy peligroso.

  • Otro de los edificios en el Wat Chedi Luang

    29 de abril de 2020

    Creo que esta era o la entrada o la salida del templo principal. En cualquier caso, el edificio es soberbio, con esos tejados escalonados que lucen tan bonitos, con tanta marquetería. La puerta no se ve muy bien si está guardada por dos dragones o dos truscolanes. Los tejados tan empinados ayudan cuando llueve, algo que allí sucede con mucha frecuencia y en cantidades torrenciales.

  • Lluvia, declaración de la renta y raviolis

    28 de abril de 2020

    Hasta esta mañana, el encierro, dentro de todo lo malo que tiene, había sido con un extenso período de sequía por los Países Bajos y con temperaturas muy buenas, alrededor de los veinte grados o muy cerca de esa temperatura y sin viento, básicamente perfecto para tumbarme en mi hamaca en el jardín un par de horas a tomar el sol y combinar eso con un audiolibro, escuchar un podcast o directamente, una siesta. La pongo sobre el césped y entro en trance. Así día tras día, hasta ayer, el último soleado y en el que disfruté de la hamaca casi tres horas. Cada día la recojo, la enrollo y la guardo en mi casa porque todos sabemos que si la dejo fuera, los gatos aprovecharán para usarla como lugar de descanso y me matarán con mi alergia a los mismos y no me toma ningún esfuerzo el recogerla, enrollarla y volver a meterla en mi casa. Han sido más de treinta días de rutina, tomando el sol sobre el césped y desde ese mirador, encontrando más y más dientes de león, que creo he erradicado de mi jardín en más de un noventa por ciento y mira que esa mala hierba es puñetera, ya que si dejas algo de la raíz enterrado, vuelve a salir. He tenido días en los que encontraba hasta veinte, con esas flores amarillas que no existen y a la mañana siguiente están ahí, abiertas y retándote. En este caso, me temo que la guerra la estoy ganando yo por culpa del coronavirus, estar en mi casa y usar el jardín todos los días ha sido terrible para esas malas hierbas y hasta el Turco, que siempre se mete conmigo, ha tenido que reconocer que el jardín no lucía tan bien desde hacía eones.

    Esta mañana, mientras me preparaba el desayuno, afuera comenzaba a lloviznar y la temperatura era de unos trece grados. Un día gris. Hoy además me tocaba hacer mis seis kilómetros así que mirando los mapas con la previsión de lluvias, supuse que tendría que ir a correr al almuerzo. Para cuando salí a correr no me quedaba muy claro que no fuese a llover pero opté por arriesgarme. En el primer kilómetro comenzó a lloviznar, no era terrible pero era molesto, así que decidí jugar a la defensiva y me hice el circuito de dos kilómetros. Por delante de mi iba un chico corriendo a la misma velocidad que yo, separados por unos treinta metros. Lo normal es que pase a la gente porque casi todos los que salen a correr, en realidad caminan deprisa o renquean como babosas pero este mantenía un ritmo como el mío, por debajo de los cinco minutos por kilómetro. Tras el segundo kilómetro ambos cruzábamos el puente para volver al barrio pero parecía que iba a parar, así que me desvié y entré en territorio poco visitado, por caminos que normalmente están llenos de gente paseando a sus perros pero que con la lluvia estaban vacíos. Conseguí hacer otros tres kilómetros más y cuando llegué a los cinco, la llovizna se estaba transformando en lluvia, el circuito me había llevado a unos cien metros de mi casa y opté por parar, aunque el plan era llegar a los seis. Fue entrar en mi casa y cayó un tremendo chaparrón. Por la tarde, después de trabajar, me tuve que enfrentar a algo que odio, hacer la declaración de la renta, que en los Países Bajos se hace en el mes de marzo si quieres que te devuelvan antes de julio o en el mes de abril y yo soy de los que apuro al máximo ese segundo mes porque es una pesadilla, no tanto por la parte holandesa, que me la hacen ellos, por la parte española, que añadir las cuentas de los dos bancos en España es horrendo, conseguir la información que necesito te puede provocar una úlcera y cuando lo tienes ya todo siempre te queda la duda de si la habrás cagado hasta el fondo. En los Países Bajos, cuando haces la declaración del año anterior, el 2019, los datos bancarios son del 1 de enero de ese año, o sea, los del 2018 según el sistema español, con lo que siempre tengo que guardar los informes de los bancos para usarlos al año siguiente. Nunca me ha quedado claro por qué se usa el valor de mi casa según el que el ayuntamiento calcula en el 2020 para el año anterior, por qué la nomina es la del 2019, pero las cuentas bancarias están congeladas al uno de enero de ese año. No tiene sentido alguno. En el lado positivo, me salió a devolver, así que en algún momento del verano me llegará ese dinero. Una de las razones que convierten la declaración de la renta en una pesadilla es que uno de los bancos en los que yo tenía cuenta era el Pastor, que después de convirtió en Popular y después en Banesto. Los bancos informan al gobierno neerlandés de la existencia de la cuenta, pero como se mira el uno de enero, el banco les da una cuenta del Banesto y la que yo tengo es del Popular (o anteriormente del Pastor) y tengo que cambiar los datos que aparecen en la declaración para que sean los de una cuenta que ya no existe en el presente pero que existía en el pasado del uno de enero del 2019.

    Tras la declaración de la renta ya no te quedan ganas de nada y para forzar a mi cerebro a pensar en otras cosas, hice masa para pasta fresca y usé por primera vez el accesorio para hacer raviolis que me compré hace unos meses y que no había usado. Es una tarea mecánica, que combina perfectamente con un audiolibro y te devuelve a ese punto en el que tu alma está tan a gustito. Y así pasamos otro día de encierro.

  • La estupa del Wat Chedi Luang

    28 de abril de 2020

    Para mí, lo más glorioso del templo Chedi Luang es su estupa, enorme y mucho más alta que el mismo y que es el elemento más prominente del mismo. En su día, el templo era más alto pero un terremoto lo escoñó y en las sucesivas iteraciones ya no ha llegado a esas alturas. La estupa es absolutamente fotogénica y creo que pondré otra foto desde otro ángulo. Por el lado de la derecha de la primera planta se pueden ver las estatuas de cinco elefantes que hay por allí. En los arcos de la parte superior hay figuras de Buda pero el acceso está actualmente prohibido, más que nada porque las escaleras se gastaron tanto que ahora son como rampas y los gringos pueden organizar una guerra mundial si alguno se cae por allí y se escoña.

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