Este pequeño templo, dentro del complejo de Wat Phra Singh, es muy bonito, tanto por fuera como por dentro. Es de 1345 aunque puedo confirmar y confirmo que la madera ha sido renovada en varias ocasiones, aunque siempre han mantenido el estilo clásico de la arquitectura Lanna. Dentro está lleno de unos murales muy curiosos, aunque claro, yo he estado en la Capilla Sixtina y esto como que se ve muy pobre. Esto es como una muñeca rusa ya que dentro del complejo del templo tenemos otro y hasta viene acompañado de su pequeña estupa.
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Pascua con retraso
Hoy pasado el mediodía venía por mi calle la señora que reparte el correo y a la que prácticamente recibimos tirando voladores pero de peos (pedos godos y eso …) porque es como el cordón umbilical del mundo que no es digital con nosotros y cuando te toca el timbre se te ilumina el universo por la oportunidad de intercambiar unas palabras, aunque sea a distancia, que ella te deja el paquete junto a la puerta y se pone a una distancia de más de un metro y medio a esperar que abras. Me traía una especie de cajita y lo primero que pensé es que por fin Virtuditas compartía esas recetas por las que nos hace esperar nueve años o quizás más, que hasta el pobrecito de Genín, cuando finalmente se enteró de cómo hacer una empanada, leyó mal el concepto y en vez de horno usó un soldador, con el dramático resultado que todos conocemos. Según cogí la caga, la agité, claro, como hacemos todos y aquello estaba como lleno de cosas sueltas y me corro todo pa’mi casa con prisa y sin pausa para abrirla, con la misma prisa que tiene un podemita cuando consigue meter la mano en los presupuestos del Estado para robar y dejarlo desfondado. Mirando el remitente, veo que es de la empresa del Sol Coroniente para la que trabajo y entonces una pequeña nube cruzó mis entendederas y surgió la teoría del harakiri y pensé que no solo me daban el finiquito, además me mandaban un cuchillo de tienda de todo a menos de un leuro para así ahorrarse la liquidación, algo que puedo creer y creo que son capaces de hacer. Decidí seguir abriendo la caja y cuando lo hice me encontré con una tarjeta y lo que se puede ver en la foto:
En el pasado aquel tan lejano, en la Pascua, siempre regalaban huevos de chocolate a los empleados, los ponían en recipientes enormes en cada planta y la gente los atacaba con saña y se agotaban enseguida. Como éste año no hemos estado allí, nos han mandado un paquete con un puñado de huevos de Pascua (de chocolate), una bolsa de nubes y una tableta de chocolate de una compañía que tiene un nombre muy peculiar y que no se ha creado en estos días, que se llaman así desde siempre y cuyo nombre tiene trazas de soledad. Es un chocolate algo más caro de lo normal, porque supuestamente quieren acabar con la esclavitud en las plantaciones de chocolate en África y pagan más y todo eso, pero a mí particularmente nunca me han convencido porque en su chocolate solo hay un treinta y poco por ciento de cacao y te lo cobran a un precio por el que yo puedo comprar prácticamente dos tabletas con un ochenta y cinco por ciento de cacao, pero igual lo usaré para el chocolate que me tomo con ciertos churros que puede suceder y sucede que son mi desayuno favorito de los sábados. Inmediatamente le regalé huevos de esos a mis vecinos, que si están en mi casa me los como y acabo obeso como los comentaristas.
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Buda sentado en el Wat Phra Singh
Aunque lo primero que llama la atención es el Buda grande ese sentado, si te fijas hay veintipico Budas en la foto, casi todos sentados o de pie. Lo más increíble es que todos tienen caras distintas, que al menos los cristianos tendemos a ponerle la misma jeta al hijo de nuestro Dios. En la parte delanterda, en esas pequeñas cestas o ceniceros hay pequeñas ofrendas florarles. Este no es el Buda más famoso de este templo y que le da nombre, es otro que no me acuerdo si lo he seleccionado porque no tenía tanto carisma y parecía un ricachón podemita con casoplón vigilado por la guardia civil y que más bien es un sinvergüenza.
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De Zurich a Amsterdam
Ayer teníamos De Malé a Zurich y hoy es el colofón histriónico de un momento histórico e histérico. Este puede que sea el último vídeo de un despegue o un aterrizaje de la humanidad, ahora que la humanidad ha renunciado a zurcar los aires y regresaremos a la navegación a vela o quizás incluso a las galeras gobernadas por la ralea y la escoria podemita mientras nos esclavizan a todos. En su día ya conté que compré mi billete a las Maldivas a Lufthansa, en la ida volé con Austrian y el regreso, en su primera parte, fue con Edelweiss y en esta segunda parte con Swiss, todas ellas empresas propiedad de los alemanes. Al estar en la segunda quincena de noviembre y pese a que despegamos sobre las cinco de la tarde, es un vuelo nocturno. En Zurich llovía o había llovido y se ve más bien poco pero el aterrizaje en Amsterdam fue muy chulo. Para este colofón he elegido la canción The Goonies ‘R’ Good Enough de Cindy Lauper, canción y película que son clásicos que puede que tampoco podamos volver a ver nunca más en un cine, que eran aquellas salas con una pantalla enorme a las que acudíamos para ver películas y que te provocaban unos sentimientos maravillosos.



