Cómo ha quedado demostrado, el castillo de Liubliana tiene más pinta de castillo cuando se mira desde lejos, desde la ciudad, que está a sus pies. Aquí estamos junto al río Ljubljanica y en lo alto de esa pequeña montaña el castillo luce magnífico. La ciudad tiene una buena cantidad de puentes cruzando el río.
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La guerrilla
Cuando al final del verano comenzaron las hostilidades, algo que ya mencioné como de pasada en Jardín, comida y movidas en el curro, parece que algunos en mi empresa subestimaron mi mala leche. Entramos en el quinto o sexto mes de esta guerra de guerrillas y los que juraron lealtad al bando contrario se han dado cuenta que habría sido mejor mantener la neutralidad. Yo ni perdono ni olvido y si puedo joderlos, lo hago y ahora reciben palo tras palo, uno a uno, despacito pero sin pausa y me da igual que hagan actos de constricción, si estás en el otro reverso, allí seguirás, para siempre. Todas las herramientas que controlo y que permiten a nuestra empresa funcionar, tienen ahora aquellos que están en gracia y que reciben todo tipo de atenciones para que sus solicitudes se hagan lo antes posible y después están los otros, los que ahora, cuando quieren algo, saben que será un ejercicio de sangre, sudor y lágrimas, en el que yo respeto escrupulosamente las reglas de la empresa y las uso contra ellos. Mi antigua jefa ahora sabe que su traición ha tenido un precio altísimo y todas las cosas que yo le permitía y que ella daba por supuestas ahora que no están, se reflejan en su cara, en donde le están saliendo granos a porrillo de la tensión tan grande a la que está sometida, ya que procuro que la lluvia de misiles sobre ella no se detenga y cuando cree que está al final del túnel, le meto dos kilómetros más de problemas. Aquí los indecisos han de declarar su lealtad y apechugar con las consecuencias.
Uno de los efectos colaterales de esta guerra es el impacto en los flujos de información. La manera de trabajar de algunos jefillos es usando rumores y propuestas que dejan caer en un punto para ver la reacción del populacho antes de decidir si lo harán. Ahora esos rumores y propuestas caen pero nadie los recoge, yo he cambiado la organización de una vertical en la que las cosas se mueven entre plantas a una horizontal en la que nadie sabe nada de lo que sucede en los otros reinos. Eso me permite esperar el momento oportuno para dar el palo adecuado. En estas guerrillas, todos sabemos que habrá una reorganización, está en el código genético de la empresa y yo ya tengo un montón de información sobre la misma pero como no la propago, o mejor dicho, como la altero y distribuyo quizás en una versión no aprobada, el pánico cunde y ya tenemos dos ratas que han saltado del otro barco, que definitivamente se está hundiendo. La pava que pensó que podría atropellarme y pasar por encima mío tan campechana ha descubierto que el valle ese de lágrimas que se menciona en ciertos libros está aquí, en la oficina, exactamente por donde ella camina y con cada paso que da, yo la obligo a retroceder unos cuantos. Ella no lo sabe todavía pero uno de sus aliados en su círculo de confianza no la va a traicionar pero se le va a ir, ya está decidido sacarlo de su entorno y ponerlo en el mío y ese palo, cuando suceda, será doble, porque él ni se lo espera ni lo quiere y la otra se lo tomará como la peor de las afrentas. Yo mientras tanto, a lo mío, a sembrarle de minas su camino. Y todo eso con la gente de la parte comercial peleando con ella en otra guerra en la que la munición con la que disparan se la suministro yo, que en este caso y sin que sirva de precedente, los ayudo.
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Castillo de Liubliana
Ya lo vimos de un lado el otro día y hoy lo tenemos del otro, de la parte en la que conocidos culocochistas acceden al castillo de Liubliana usando sus vehículos para llegar. Desde esta parte, el castillo sigue más bien pareciendo un palacio o un casoplón de marqués podemita que roba dinero a los venezolanos. La visita al interior del castillo no es muy espectacular.
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Bicicleta eléctrica Jump
Cuando estuve en Lisboa en diciembre, una de las cosas que más me llamó la atención fue la invasión de bicicletas y patinetes eléctricos de todo tipo en la ciudad y como están tirados por todos lados. Los de Uver han puesto miles de ambos dispositivos por la ciudad, básicamente desperdigados y así llegas a un monumento que es Patrimonio de la Humanidad y está lleno de morralla a su alrededor. O estás en un túnel y te encuentras un patinete tirado, o sobre un árbol y yo me pregunto si todos esos ecológicos-de-mielda, los mismos que se las dan de verdes, no se dan cuentas que estos cacharros tienen baterías y contaminan, contaminan un montón. Las bicicletas de Uver las vi siempre aparcadas y solo en dos ocasiones, dos de todo el fin de semana, alguien las estaba usando. Tienen motor delantero y el motor funciona ayudando al ciclista hasta los veinticinco kilómetros por hora. Aquí las vemos aparcadas cerca del Monumento a los Descubrimientos y al fondo se puede ver el Monasterio de los Jerónimos.



