Patinando sobre el hielo en Veluwemeer

Con todo lo que nos han quitado este año, cuando anunciaron una semana de frío polar y la formación de hielo, aquí en los Países Bajos, muchos nos volvimos niños porque rodeados de agua y con canales, lagos y otras formas de almacenar agua con poca profundidad, todos sabíamos que el frío trae el hielo y el hielo, una vez alcanza el grosor adecuado, nos permite patinar y el patinaje sobre hielo en esta tierra es una religión y son muchos los que apuntan a los niños en clases con cuatro o cinco años y algunos aprenden a patinar sobre hielo antes que a nadar. Es de todos sabido que el Elegido, pese a sus orígenes cien por mil africanos, es un consumado patinador, tanto en patines en línea como en hielo y una de mis primeras posesiones fueron los patines de velocidad, que tras alquilar unos en una ocasión y ver que aquello estaba chupao de fácil que era, me los compré de paquetísimo que no me gusta meter las garras en bota de otros. Desde el lunes de la semana pasada un colega creó el grupo en el güazá y comenzamos a negociar, aunque los otros se rajaron porque son viejos, son culocochistas y tal y tal y tal. Según los cálculos de los expertos, que en este país son unos diecisiete millones, tantos como julays, el hielo estaría ya en condiciones para el patinaje «seguro» el viernes, así que ese fue el día que apalabramos, sin saber exactamente a donde iríamos porque aún era muy pronto para decidirlo.

El jueves por la tarde, chateando, nos inclinábamos más a ir a patinar en Oostvaardersplassen, un enorme parque nacional con abundante hielo natural, aunque en ese momento todavía no existían zonas abiertas al patinaje. El viernes por la mañana, como el anterior seguía sin noticias positivas, habíamos decidido ir a Loosdrecht, cerca de Hilversum y quedamos a una hora, aunque cuando aún me faltaba hora y media para tener que ir, el colega me llama en modo pánico total y me dice que los picoletos, la pasma, ha cerrado el acceso al lugar por miedo a cierto virus truscolán y podemita porque se estaba petando en demasía. Tuvimos que desempolvar el plan alternativo, que era el Veluwemeer, el lugar más lejano de los tres y mi mañana relajada se fue al carajo y tuve que salir por patas para pillar el tren y llegar al punto de encuentro, ya que la empresa ferroviaria, en una semana, aún no habían sido capaces de recuperar la normalidad y los trenes circulaban poquísimo tirando a casi nada. Resultó que el sistema de cambio de velocidades de mi bici se congeló y estaba en la tercera (de siete) y no podía meterle más velocidad para llegar a la estación a tiempo, así que hice trampa, le di candela de la máxima a las velocidades eléctricas de la bici y yo movía el pedal y el motor me ponía a veinticinco kilómetros por hora cuando se podía, que no era siempre por culpa del hielo en algunos lugares de la ruta. Llegué al andén ciento veinte segundos antes de que saliera el tren y llegué al punto de encuentro a la hora prevista. Desde allí eran cuarenta minutos en coche hasta el Veluwemeer y tras encontrar aparcamiento, tuvimos que caminar unos doscientos metros hasta un punto en el que nos pudimos poner los patinas y lanzarnos al hielo. La primera vez, cada año, es un gran acto de fe, siempre piensas que se te ha olvidado y tras un primer medio minuto inestable, como que el puñado de neuronas que guardan este sagrado conocimiento se desempolvan y a partir de ahí, todo va como la seda.

El documento que viene a continuación incluye vídeos hechos con el telefonino y con la cámara esa que uso para los vídeos bajo el agua, aunque con las prisas no encontré el soporte para llevarla en un trípode y la tuve que agarrar con la mano y como los guantes son gigantescos tirando a enormes, de cuando en cuando se verá algún dedo. Hay varias oportunidades para ver al Scelto. La música es la canción Hello, Dolly!, muy conocida tanto por el Ancestral como por su intimísima porque es de su época, aunque esta es la versión hecha por el elenco de la fabulosa serie Zoey’s Extraordinary Playlist, en el primer episodio de la nueva temporada que acaba de comenzar. Atentos sobre los treinta segundos para ver un vehículo de transporte sobre el hielo que seguro que es más del gusto de algunos conocidos culocochistas previamente mentados.

Por sulaco

Maximus Julayus

1 comentario

  1. Y si, conozco la canción, de algún musical, «The Hole» por ejemplo, es el tipo de música cabaret animadilla que siempre queda bien, no porque sea de mi época.
    Siento recordarte que eres mayor que yo. 😛

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