Comenzó en La guerra contra la Casa del Buitre
En un momento determinado, por la tarde, cuando se agotaban los segundos de mi colega como empleado en activo, me mandó un mensaje para que hiciera la aparición sorpresa y espaventosa en su departamento, el Primus Ictus destinado a desestabilizar a cierta terrorista-musulmana-de-mielda que se cree superior a los cristianos ahora que es jefilla. Me puse el puñal recién afilado en la funda del cinturón y bajé a la segunda planta del edificio. En su mensaje me indicó que la pava ya estaba correctamente posicionada para verme, igual que su jefe y las otras catorce personas que trabajan en ese ala del edificio y de los que había unos doce porque se enteraron que había almuerzo gratis y los muertos de hambre no se pierden un papeo gratis, que ya hay varios estudios a nivel europeDo que han demostrado que la malformación genética truscolana se ha extendido por el continente, particularmente a través de la lefa Halal, que en truscoluña tienen más de un diez por ciento de esa ralea.
Lo dicho, bajé a la segunda planta, crucé el pasillo y era como la versión inversa de una de las escenas más icónicas de las películas de terror, en lugar de apagarse las luces, conforme yo avanzaba y la gente identificaba al de Uitverkorene, todos perdían el interés en lo que estaban haciendo y se centraban en mi advenimiento. Llegué a la sala y mi amigo me recibió con un tremendo abrazo, que alargamos innecesariamente al menos medio minuto para asegurarnos que todos los ojos en la zona se centraban en aquel punto, incluyendo los ojos llenos de sangre por culpa de la rabia de la jefa de mi amigo y hasta se podía oír la cascada de óvulos que estaba perdiendo la chama de la rabia tan grande que sentía y que caían al suelo.
Le di las gracias, en mi nombre y en el nombre de mi división por su fabuloso trabajo durante todos estos años con nosotros, lo felicité por su nuevo trabajo y le deseé todo lo mejor, siempre, mientras nadie decía nada y ninguno se movía y seguía la caída constante de óvulos de la zurriaga. Lo volví a abrazar, en nombre de mi jefe, que no pudo venir, pero que me encargó que fuera su emisario personal y le transmitiera nuestro agradecimiento por los servicios prestados y por su exquisita profesionalidad en su trato con nosotros, algo que damos por sentado que se pierde con su marcha porque entre un puñado de abogados, la profesionalidad brilla por su ausencia, son únicamente una banda de ladillas agarradas a güevos chupando sangre. Le agradecí por haberme invitado a cenar y él me agradeció por haberlo invitado a almorzar y los comemieldas que se apuntan a todo lo gratis comenzaron a acumular espuma en la boca por la rabia de saber que se habían perdido papeos gratuitos y le confirmé que la próxima cena la pagaré yo y el me confirmó que el próximo almuerzo lo pagará él, todo eso mientras de los ojos inyectados en sangre de la mala pécora salían rayos dañinos que impactaban contra mi escudo defensor.
Me quedé diez minutos hablando con él, mientras todos los que dependen de la pelleja de alguna manera mantenían la distancia y solo los que tienen libertad de movimiento se unían a nosotros, lo cual es prácticamente una declaración de guerra para la mora. Cuando me marché, el colega me dijo que el ambiente era de funeral de Estado, todo el mundo quería criticar pero nadie abría la boca porque él seguía allí. La primera fase fue un éxito total.
Para la siguiente batalla tenía que esperar al lunes de la semana siguiente, su primer día de trabajo en su nueva compañía. Ese era el momento del Ictus secundus, fase para la que necesitaba la foto que hice anteriormente. Mi amigo iba a anunciar, por supuestísimo, su nuevo puesto de trabajo en la red social para marujas currantes, el Linqueín ese y yo le había dicho que pondría un comentario emocionalmente distorsionado que incluiría la foto o una versión enaltecida por inteligencia artificial, que fue lo que hice. Así que después de que hizo su anuncio y me avisó, yo añadí mi parte, que fue escrita por the Chosen One y corregida varias veces no por una, sino por dos inteligencias artificiales. Este fue el estremecedor documento:

¡Felicidades amiguito!
Sólo quería tomarme uno, dos, tres o quizás hasta un buen puñado de momentos para agradecerte de todo corazón corrupto por todo lo que has hecho por nosotros en estos años. Siempre has sido increíblemente útil y trabajador, sin que importara lo difícil que fuese la misión que te asignábamos. Tú has sido uno de los grandes puntales para nuestra empresa, que entiende que al final del día, lo que cuenta es cuanta guita ganamos y siempre nos has ayudado a resolver todos los problemas.
Trabajar contigo hizo que mi trabajo fuera más chingón y fastuoso y eso pese a la facinerosa para la que trabajabas, a la que le deseo todo lo peor, siempre, por siempre y para siempre. De ti aprendí un montón de cosas y estoy realmente agradecido por tu paciencia finita y por tu infinita profesionalidad, además de todas las risas que nos echamos.
Estoy muy feliz por tu nueva chamba y estoy seguro de que lo van a flipar contigo. Espero que nuestros retorcidos caminos se vuelvan a cruzar, así que búscame trabajo que yo solo soy leal a los leuros y si me dan más, me voy pero que ya. No seas jalal y mantén el contacto.
En las horas siguientes, la mora lo pasó muy mal, este segundo golpe no se lo esperaba y no lo vio venir y pese a que ella amenazó a los suyos para que mantuvieran el silencio e hicieran como que allí no había pasado nada, todo el mundo en la corporación supo leer las líneas y hasta los párrafos y además de aquello que dice que cada palo aguante su vela, también todos comenzaron a elegir bando, que era el objetivo final y en las empresas de la multinacional ahora saben que o estás con la Casa del Buitre o estás contra la Casa del Buitre y en este segundo escenario, que sepas que como no tengas un buen Dios que te proteja, estás muy pero que muy jodido, que yo en una vida pasada trabajé en el matadero y no tengo problema alguno con la sangre y a cada cerdo le llega siempre su San Martín.
Aunque parezca difícil de creer, esto continúa con una nueva trilogía en Bondad envenenada
3 respuestas a “Primus y secundus ictus”
Podías hacer el guion de una película con todo eso.
Una pregunta que no tiene nada que ver con ese tema: ¿Hay alguna manera de que yo pueda tener acceso al último comentario que hice (si ese comentario fue hace muchos días)?…
Es que si no tengo tiempo de leer ni comentar, durante varios días, cuando vuelvo y quiero seguir donde me quedé…he de ir «anterior», «anterior», «anterior», etc, y me agoto.
No hay manera de buscar comentarios. Tendrás que apuntar cuál fue la última anotación qeu visitaste para la próxima visita o venir con más frecuencia.
Pues muy mal; una persona tan ordenada, organizada y resolutiva como tú…tendría que tener solución para eso. La de apuntarse la última anotación es un coñazo, porque tendría que apuntármelo cada día; yo no tengo forma de saber si al día siguiente podré o no podré venir por aquí; la vida es impredecible e imprevisible. (Sonrisas amistosas)