Quattrovelo


Se dijo y es cierto que si yo veo una ligfiets, que son esas en las que el ciclista va recostado, me emociono hasta las lágrimas y corro a hacerle una foto y en el caso de hoy tuve suerte porque esta está en el fastuoso aparcamiento de bicicletas gratuito las primeras veinticuatro horas que uso cuando voy al centro de Utrecht, aparcamiento super-hiper-mega de diseño y en el que, como se ve al fondo en la imagen, las hembras parturientas pueden apalancar a sus bestezuelas en un cochito para niño pequeño y así pueden venir al centro en bici. La bicicleta, o falsacleta, es una Quattrovelo de la marca Velomobiel, que ahora les ha cambiado el nombre y las llama Quatrevelo. Es una falsacleta porque en realidad tiene cuatro ruedas, que en la foto podemos ver las dos del lado en el que le hice la foto y en una de ellas, el candado para que no le roben el trasto. Estas máquinas pesan unos treinta y cinco kilos y es super-hiper-mega económica, de hecho, es que no me explico como la gente no tiene una de estas en su puerta, que el modelo básico solo vale diez mil trescientos leuros. La bicicleta tiene casi tres metros de largo y como el conductor va para allá atrás, en caso de accidente en un cruce sin visibilidad, al menos le queda la tranquilidad de saber que como mucho lo dejarán paralítico pero lo importante, que es el pelucón, sobrevivirá. La parte trasera se levanta y por ahí es por donde entra el ciclista y creo que en esa zona también tiene espacio para llevar algo de carga. Es muy aerodinámica, pero vamos, que siempre que las veo por la carretera pienso en lo inseguras que son.


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