
Hace ya un tiempo que estas pelis de la Marvel no acaban de funcionar conmigo porque al parecer existía un límite en la cantidad de veces que puedes ver a un superhéroe salvando el universo y yo ya lo superé y como sé que acaban siempre en plan positivo y después de los títulos de crédito anuncian el nuevo drama, como que ahora las voy a ver para disfrutar del aire acondicionado en el cine y poco más y mi desinterés es tan grande que puedo confirmar y confirmo que quizás hayan puesto el tráiler en al menos cincuenta películas que he ido a ver en los últimos meses y jamás me molesté en mirar a la pantalla o quitarme mis auriculares con supresión de ruido activa y llegué a la peli sin tener ni puta idea de qué iba. Esta nueva se titula Spider-Man: Brand New Day y en España es que ni se molestaron en traducir el título porque resulta obvio que sería truscoluña no es nación.
Un julay hormonado y en transición se rechifla que no veas.
Tenemos que el acarajotao ese de la lefa en las manos se pasa el día lloriqueando porque el bosta chino ya no lo reconoce y la pelleja negra tampoco. Se dedica a resolver crímenes y hay una malaje nueva en la ciudad que al parecer nadie más puede ver y mientras la intenta capturar, comienza la transición de niño a marikón, kón, kón y lo lleva muy mal porque soltando las hormonas machorras, se pasa el día lefando por las muñecas o algo así. Hay también un pellejo verde antipático y otro panoli que le gusta usar armas y le vota al orangután naranja y al asqueroso ruso-de-mielda. O algo así.
Casi dos horas y media y a esto le sobra, fácilmente, cuarenta minutos. Es una historia lentísima, con una cantidad ingente de más de lo mismo, de escenas del julandrón ese volando entre edificios que se ven FALSAS y hasta las caritas que pone el chamo son de puta pena y bueno, que el chamo ese por fin llegó a la pubertad y está envejeciendo a marchas forzadas y se le nota muchísimo que tiene treinta takos y no los veintipocos que le ponen. Por razones que nunca llegué a descubrir le quitan la malla de julandrón cada rato para que veamos los pezones. En las pelis anteriores había muchísimo más humor que en esta. Casi que el tal Punisher resulta más entretenido que el otro, porque al menos ese lo único que quiere es matar, matar y matar. Si entras al cine después de una hora, te ahorras una cantidad ingente de morralla y probablemente la película te gustará más. Al final pusieron mucho lagrimeo barato y gilipolleces y por supuesto, habrá otra peli o quizás, cienes y cienes más.
Esto es carne para los miembros del Clan de los Orcos, que acudirán en manadas hasta con las hembras y las bestezuelas y aullarán a la pantalla de puro gustito. Nada que pueda interesar a los sub-intelectuales con GafaPasta. Yo ya la he empezado a olvidar, aunque la vi hace dos días y posiblemente para la semana que viene ya no me acuerdo de nada.
