Y ahora por la playa de Tufia


El martes y por circunstancias que no comentaré no podía ir a bucear y estando en Gran Canaria me enteré que venía un pedazo de borrasca hacia las Canarias desde el jueves que creo que la llamaron furcia suciolista, podemita y truscolana o algo así porque dicen que a las borrascas hay que darles nombres de esos, aunque yo soy de menos dar nombres y más tirar a esa miasma en paracaídas sobre Afganistán o Irán y que sus grandes amigos los Ayatolas se encarguen de ellos y aligeren el peso del planeta. Básicamente, el último día antes de la tormenta para bucear era el miércoles y me enteré que no tenían a nadie, con lo que yo sería el cliente y haríamos lo que se me antoje y además, íbamos a la playa de Tufia. El miércoles me desperté quince minutos antes, fui a correr y después de la ducha y el jiñote, paré en la cafetería del Mercado Central para desayunar y llegué al club de buceo quince minutos antes y como la Dive Master y su Padawan estaban preparados y listos, nos fuimos hacia Tufia un cuarto de hora antes, llegamos allí casi que los primeros, nos cambiamos y bajamos al agua y entramos los primeros, a las nueve y media de la mañana. En nuestra primera inmersión fuimos al lugar en el que están los roncadores, pero antes de llegar a ellos vimos un angelote enterrado precioso, un pulpo rescondido y sin la presión de otros buceadores, visitamos al murión, que siempre se oculta y ese pedazo de morena marrón se decidió a asomarse y por primera vez la conseguí grabar de frente. Después junto a los roncadores vimos otro angelote enterrado. Por el camino nos topamos con una holoturia pegajosa, besugos, un par de anémonas, cangrejos araña, fulas, gueldes, viejas y hasta sargos y coronamos la inmersión con un pez rubio que descubrí yo y que siempre está por cierta zona de Tufia. Me encantan esos peces porque tienen patitas para caminar, cuando despliegan sus aletas, son fabulosamente azules y agitan la cola para moverse.

Cuando salimos había grupos todavía entrando para la primera inmersión. Nosotros fuimos a cambiar las botellas y a los cincuenta y ocho minutos estábamos cerca de la playa y volvimos al agua a los sesenta y dos minutos de terminar la primera inmersión, en plan puntualidad centroeuropeda. En esa segunda inmersión nos quedamos por los arenales buscando caballitos de mar, que según a quién le preguntes, te dicen que hay hasta siete, pero nosotros estamos convencidos que es mentira porque hemos revisado la zona a conciencia y no vimos ninguno, aunque lo que sí vimos fue un pulpo acompañado de tres vaquitas que se me enfrentaban para que deje al pulpo en paz, porque ellas lo acompañan mientras caza y cuando otros pececillos huyen, las vaquitas se los comen. Vimos las gorgonias y en una de ellas había una preciosa y diminuta porcelana y de nuevo nos encontramos con un montón de sargos, viejas, fulas y hasta con una sepia que en lugar de quedarse quieta, optó por huir.

Después de la segunda inmersión, regresamos a la furgoneta, nos cambiamos y salimos de regreso a la una de la tarde, prácticamente un récord que la Dive Master y su Padawan agradecen porque acaban de laburar antes y se pueden pirar a sus kelis. El agua, en estos días de marzo, está a unos dieciocho grados con nueve décimas en Tufia y con tres décimas en el Cabrón y todavía puede enfriarse un poco mas.

En la foto, de arriba a abajo podemos ver el Rubio con sus patitas en la parte delantera, después tenemos el Murión y al pulpo mirándome y finalmente en la parte inferior, para aquellos que lo puedan ver está el Angelote enterrado bajo la arena, yo lo veo clarísimamente y hasta veos sus ojitos.

Las próximas inmersiones deberían suceder en mayo, pero si no se acaba la guerra esa para matar terroristas-musulmanes-de-mielda, que recordemos que grandes santos cristianos de siempre han dicho que moro BUENO moro MUERTO, es muy probable que me cancelen el viaje y entonces seguiré buceando en Gran Canaria al final de junio.

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