Y si eres un idiota bueno y qué

En mi universo laboral, hace eones que llegué a la conclusión de las graves deficiencias intelectuales de la gente que me rodea y como se sube en una organización en base a lo desarrollado que tengas el instinto para lamer culos y no por lo que vales. Estamos a poco más de la mitad del mes de diciembre pero para nosotros esta es prácticamente la semana de cierre del año, ya que en la próxima tenemos tres días festivos y dos laborales que a todos los efectos, no cuentan, así que tenemos que cerrar el mes y el trimestre más o menos el viernes de esta semana. Es en estos días cuando sale a la superficie lo peor de cada uno, que igual que la mierda, también flota y así, después de tomarme el viernes como día libre y dado que yo no concibo el concepto de llevarme el ordenador de la oficina a casa para revisar el correo en mi tiempo libre y jamás he permitido que la empresa me ponga un teléfono móvil para poder llamarme sin pagar horas extras, esta mañana tenía mi buzón petado de mierda de la peor. Los idiotas parecen entrenarse a conciencia para serlo y tropiezan una y otra vez en la misma piedra y uno de ellos montó una batallita, o una guerra, que tiene perdida desde hace meses, pero parece ser que no lo sabe. Aprovechando mi ausencia se dedicó a mandar correos a todo quisqui removiendo nuestras cloacas y culpándome a mi y a otros dos colegas de sus miserias. El gozo le debió servir para vivir un fin de semana de escándalo y quizás hasta mojó con su putita en casa pero esa felicidad nunca fue duradera y hoy a las siete y un minuto de la mañana, yo tenía ocho conversaciones en correos distintos, con diferentes grupos de personas, todas hablando de lo mismo. Las ignoré y fui al correo importante, al de mi vicepresidente, que me preguntaba qué sucedía. Le respondí con mi verdad, que es la que aparece en los libros de historia y con la solución al problema, que yo ya di hace tres meses a la persona que montó el pitote y además, lo hice por correo porque la transmisión oral no deja huella. Además de dejarle ver esa transferencia, le puse otras dos que sucedieron a la primera en el tiempo reiterando cuál es la solución, las cuales ignoró. Finalmente, añadí una nota personal informando a mi vicepresidente que no sé si los que reciben mis correos son ciegos,  idiotas o ambas cosas ya que les he dicho claramente lo que han de hacer y no lo han hecho y por eso el problema sigue creciendo. Ignoré las otras ramas de más-de-lo-mismo y seguí apagando fuegos, que los hay y casi no nos quedan bosques que salvar. A las nueve de la mañana mi vicepresidente pasaba por la máquina de café y me veía allí explicándole a un colega lo que estaba pasando y el tipoviene, me da las gracias y me informa que hay uno que como no haya traído pañales hoy a la oficina, va a estar cagado hasta las trancas el resto del día porque los palos le van a caer por todos lados. A otros dos vicepresidentes les llegó un mensaje oral que quizás envié yo a través de sus subalternos diciéndoles que dejaran al mío encargarse del tema antes de entrar al trapo y cuando vieron la vía que les abrí, se unieron con saña  al apedreamiento, que a todos nos molan esas actividades. Cuando el vicepresidente me informó electrónicamente de mi eficaz gestión, informé a los dos a los que pedí que no intervinieran del suceso y añadí que a los del capullo que iba a recibir su paliza y a sus sub-alternos, que además son amarillos, que la vaselina la pongo yo que tengo un gran corazón y no quiero que sufran más de lo necesarios cuando los jodan, que los van a joder a conciencia. Las risotadas de uno de ellos al leerlo se escucharon en toda la planta. Por si alguien tiene alguna duda, sí, tengo un bote de vaselina en la oficina que paseo conmigo a reuniones difíciles para ofrecérselo a aquellos que no van por el buen camino, entendiendo por buen camino ese que no se cruza con el mío. También tengo en la oficina un crucifijo gigantesco que cada vez que sube algún capullo del departamento de ventas a mi planta, lo saco y comienzo el ritual del exorcismo e intento echar al demonio de la planta para que vuelva a su infierno del que nunca debió salir. El recochineo en la sala es general y parece que funciona porque no he visto uno de esos en meses. Si la cosa se pone particularmente molesta, suelo llevar desde mi casa mi muñeca de vudú que compré en Nueva Orleans, pregunto a la basca si alguno tiene o me puede conseguir pelos de la persona que estoy enfilando y en unos noventa minutos el mensaje le llega al aludido y echa el freno, pone la marcha atrás y recula todo lo que pueda antes de que lo envista.

Más tarde en la misma mañana veo en mi buzón de correo otro de mi jefillo pidiéndome que haga algo y ayude a uno, lo cual está bien y es bello de no ser por el hecho de que ya lo hice el miércoles de la semana pasada Gracias al Greenshot, que es como una bendición para mi, hago un pantallazo del correo electrónico en el que solucioné el inexistente problema y le respondo a mi jefe y al idiota al que ya le solucioné la papeleta usando una cita tuneada de una de mis películas favoritas del año pasado: Retrasado quiere decir LENTO, ¿eres lento? y aún estoy esperando que me responda mi jefe y me confirme lo que sospecho y ya doy por sentado que cuando nos sentemos para el ejercicio de las promociones anuales en esa reunión que es más bien una pesadilla para él, este tema saldrá a flote porque cada vez que va a mear, sus miradas de odio me alegran el día.

Con los temas de estos dos idiotas encauzados, he seguido durante toda la mañana apagando fuegos y devolviendo los golpes, solo que yo soy malísimo a la hora de ser proporcional con mis respuestas y cuando uno me la hace, siempre respondo pulsando el botón del ataque nuclear y lo masacro. Definitivamente son todos idiotas porque siguen tropezando en la misma roca una y otra vez.


4 respuestas a «Y si eres un idiota bueno y qué»

  1. Debes ser el peor compañero del mundo, y encima les haces magdalenas, en plan, si te escuece, aquí te doy cremita…. buf… yo te hubiese matado hace tiempo.

  2. Virtuditas, el concepto es el de la zanahoria y el bate de béisbol. Los engodo (verbo canario que no sé si es conocido en el extranjero y que se refiere al pan duro que tiras al mar para atraer a los peces) y cuando los tengo relajados y tan a gustito, reparto mandobles.

  3. Virtu, no le creas, las magdalenas son para hacerle la pelota a unos pocos, y a otros, que se las da desinteresadamente porque son amiguitos, aunque sean poquitos y les zurre cuando menos lo esperen…jajajaja 🙂
    Salud

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