Yo sé eso y mucho más y más

En estas tres semanas en las que he estado haciendo la fotosíntesis sin descanso en la playa de las Canteras, aunque por lo general siempre escucho podcasts o audio libros, de cuando en cuando, sobre todo cuando salgo del océano Atlántico en la playa de las Canteras y todavía estoy chorreando, me dedico a escuchar las conversaciones de la gente que está a mi alrededor, que como ahora ya no hay pandemia, que todo fue un sueño, lo de la distancia de seguridad en la playa es totalmente ficticio y yo llego pronto y me pongo separado del resto y tras una hora o así ya noto como unas cosquillas en las uñas negras de los pies y resulta que es que ya tengo las orejas de alguna pava pegadas a los pies y cuando me giro, noto el aroma profundo de sobaco que no se lava y que me llega en su versión concentrada porque está a meros centímetros de mí. Cuando salgo del agua y llego chorreando agua salada, me quedo un rato de pie y es entonces cuando sin poder evitarlo, acabo escuchando espeluznantes conversaciones entre personas con varios doctorados.

Puede ser algo como que a una le han hecho un análisis de sangre y no está de acuerdo con el veredicto del médico, que no tiene varios doctorados como ella y sus amigas y mientras hablan, ella comenta que obviamente, el médico no le puede decir que está todo bien cuando todo el mundo sabe que su madre y su abuela que en paz descansen tenían las probetas bajas y se emplacaban todas pa’l coño y ella también tiene eso y que por lo tanto, tiene que chupar y lamer la barandilla de la avenida de la playa para absorber algo de hierro que tanta falta le hace y después, con la misma alegría, mencionan las vacunas y ya discuten como no necesitan mascarillas ni distancias porque al estar vacunadas ya no pueden coger la pandemia podemita y truscolana y como una de ellas se puso hace diez años otra vacuna, que no se acuerda muy bien para qué era, pero que seguro que esa también la protege de la pandemia porque en su día ella leyó en la revista Pronto que los porcumiserinos de las vacunas se te enquistan en los ovarios y así ya nada te hace daño, que hasta el marido cuando se la quería hincar tenía que salir por patas, aunque él más bien decía que era porque el olor a jarea era muy fuerte y que la muy jodía ya se podía lavar el chocho al menos cuatro veces al año. Después una de ellas dice que ya tiene tres vacunas porque es así de fantástica y la otra acepta el “envite” y lo sube y le dice que a ella le han puesto cuatro y mañana mismo le ponen la de la Rabia porque es que estos días ha estado de muy mala leche y le ha dicho a su médico de cabecera que le recete la de la Rabia que la tiene muy subida y toda esa mala leche se le va a concentrar y macerar y acabará meando yogur turco, que ella ya lo ha visto en las series de ese país que eso puede suceder y ha sucedido.

Y yo a esas alturas ya empiezo a preocuparme porque todas estas verdades me pueden provocar un daño permanente en los músculos de las orejas por los que escucho y ya saco corriendo los auriculares y me vuelvo a enganchar a mis libros o podcasts y procuro no pensar que estoy rodeado de gente que lo que no sabe, se lo inventa y se queda tan ancha.

Por sulaco

Maximus Julayus

4 comentarios

  1. Suceso real:
    P: Es que yo tengo que hablar ya con el médico sí o sí, yo estoy fatal
    V: Que raro que no le funcione el tratamiento que le dió la semana pasada, normalmente va genial
    P: Ah, pues no sé, yo estoy fatal fatal fatal que me muero YA.
    V: Pues no se preocupe, le llama el médico ahora mismo.

    M: Que pasa? no le va bien el tratamiento entonces?
    P: No, no me está haciendo nada
    M: Que raro, suele ir genial
    P: A lo mejor es porque lo compré pero aún no empecé a tomarlo
    ME QUIERO MORIR

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