A el Dios del hielo rogando ?? 

Como todos los jueves, yo voy al templo del patinaje sobre hielo para tener mi experiencia mística y estar en contacto con el Dios del hielo, uno que sí me mola. Por supuesto esta religión también tiene sus tropezones y encontronazos. Todo comenzó con el drama de mi amigo el Rubio, el cual tiene una situación catastrófica tirando a dramática en el proyecto al que está asignado y no sabía si podría ir a patinar conmigo. Yo salí de la oficina puntualmente y más cargado que un político español después de haber robado hasta el papel higiénico del parlamento. Conmigo llevaba el portátil, mis libros de italiano ya que me olvidé de sacarlos de la mochila y dos bolsas enormes con un montón de regalos de Navidad y Reyes que me encargó mi hermana y que compré esta semana porque al precio inferior al español se unió un 15% de descuento que daban hasta el sábado. Con todo eso, el traslado en la Dolorsi hasta la estación fue cuando menos interesante. En el tren coincidí con el chaval que se sentaba justo en el mismo vagón hasta hace dos semanas por las mañanas y que me mira como si yo fuera el Elegido. Un día igual le hablo y lo mando a hacer puñetas para ver si deja de mirarme.

Cuando llegué a mi casa me hice una cena modesta y sencilla como en cualquier otro hogar humilde. De primero comí Piña asada:

piña asada

Piña asada, originally uploaded by sulaco_rm.

De segundo unos deliciosos Guisantes con salchichas y que el Dios del hielo le de larga vida al dueño del Lidl y le permita seguir vendiendo en Holanda de vez en cuando las auténticas salchichas de Núremberg, que son perfectas para este plato y no como esas otras que hago de cuando en cuando y que parecen pollas de Kunta Kinte y su amigo Mandingo
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Salchichas con guisantes

Salchichas con guisantes, originally uploaded by sulaco_rm.

Y para acabar, como postre unas Castañas asadas por aquello de mantener la producción de gases que ayuden a crear el agujero en la capa de ozono:

castañas

castañas, originally uploaded by sulaco_rm.

Tras esta modesta pitanza, me puse a escribir para mantener en funcionamiento la mejor bitácora sin premios en castellano, la misma que está en este lugar desde enero del año 2004. Digan lo que digan las malas lenguas, en el trabajo mi vidilla social y las máquinas de café no me dejan tiempo y lo hago en casa. Como soy trabajador, creo que hay unas veinte anotaciones programadas, incluyendo un par de semanas de fotos y críticas de cine que verán la luz casi en navidades, ya que si no ni me acordaría de las películas. A las siete y media, me cambio de ropa, me pongo el chándal cañero y cojo un polar para llevármelo, ya que la semana anterior me dejé la chaqueta de invierno y cuando acabé estaba totalmente mojada con sudor por dentro y al día siguiente hedía como chocho de vieja y la tuve que lavar, proceso odioso que requiere de un primer lavado con detergente para ese tipo de prendas y que tiene como objetivo matar las bacterias del hedor, un segundo lavado con otro detergente específico que restaura las propiedades de los materiales y permite la transpiración y finalmente una capa de spray sobre la chaqueta para incrementar sus poderes mágicos para repeler el agua.

Lo tenía todo, voy a hacer mi mochila y entramos en DEFCON 2. LOS PATINES. No los encontraba. Miré en donde siempre los dejo, en el cuarto debajo de la escalera, en el ático, en el cuarto de las bicicletas, miré hasta dentro del horno y no estaban. Llamé al Rubio y le exigí que mirara en el portabultos de su coche porque él fue quien me trajo a casa la semana pasada. Todo el mundo en alerta, yo corriendo de lugar a lugar prácticamente histérico y tras quince minutos de búsqueda, me tropiezo con ellos colgados en el perchero de los abrigos porque la zorra asquerosa de la mucama decidió que ese es el lugar adecuado para los patines. Espero que el Dios del hielo la castigue y se quede enganchada a su marido la próxima vez que follen y los tengan que separar con cubos de agua fría.

Ya era tardísimo, lloviznaba, no me daba tiempo para ir en guagua, así que me condomicé, cogí la Mili o la Vanili que nunca he sabido cual de las dos bicicletas que tenía es la que no me han robado y salí a las ocho menos diez hacia la Vechtsebaan, la cual todos sabemos que está a nueve kilómetros y medio de mi casa y para llegar he de cruzar el centro de la ciudad en el día que abren las tiendas hasta las nueve de la noche y aquello está petadísimo de julays. Aparte de arriesgar mi vida por el suelo mojado, poco más se puede decir de ese viaje, el cual completé con éxito. Llegué a las ocho y veintitrés. Me puse los patines, el polar, me quité el pantalón chubasquero, lo guardé todo en una de las consignas y el Rubio llegó justo entonces.

En la clase, éramos ocho, medio grupo y nos dedicamos a trabajar el equilibrio e incrementar el impulso. De alguna manera el Dios del hielo estaba contento y satisfecho conmigo y todo me salió rodado. Antes de explicar el ejercicio, decir que la compañera que se cayó tras ser golpeada por otro patinador que había caído se rompió la muñeca, la otra tipa que vimos en el suelo y que sacaron en camilla se rompió la cadera y hubo otra persona más herida la semana anterior, para que después me digan que no practico deportes de riesgo. Uno de los ejercicios que teníamos que hacer es aprovechar el peso humano para incrementar el impulso. De alguna manera eso se me da bien y soy el puto amo del grupo. Recordemos que además hay que doblar las piernas, bajar el centro de gravedad, mirar diez metros adelante y tal y tal y tal ?? 

El siguiente ejercicio era de oración al Dios del hielo. Pones las manos como si fueras a rezar delante tuya, igualito que cuando hacías la primera y última comunión y te acercabas despacio y receloso a Don Manuel, el cabrón que tocaba niños de una y otra manera, en mi caso a sopapo limpio porque en la casa de su puto Señor, no se pueden hacer muchas cosas pero lo de arrear un moquetazo con la mano a un chiquillo produciéndole heridas si que estaba permitido. Así que me pongo como si fuera a que Don Manuel me tocara y avanzo por la pista sin menear las manos, solo los pies lateralmente, el cuerpo bajo, la mirada más angelical al frente, el estómago plano metido para dentro y desplazando el peso para incrementar el impulso. Casi me meo de gusto porque va y resulta que eso se me da muy bien. La profesora estaba emocionadísima hasta las lágrimas. El resto de mis compañeros fueron patéticos.

Otro ejercicio que hicimos fue el de velocidad. Hice una vuelta a la pista en un minuto y quince segundos aunque no pienso reconocer las trampas que hice, ya que me paré en la parte más alejada un poco para perder tiempo porque si bajo del minuto me cambian de nivel y NI DE CO?A, que la profesora del siguiente nivel es más fea que una infanta española. La profesora me comentó que ella pensaba que yo puedo ir más rápido y yo le dije que es por culpa del miedo escénico a morir aplastado por los otros seres humanos, los cuales son legión, como se puede ver en el siguiente vídeo:

En este documento histórico, único e irrepetible, cuando quedan unos veintiocho segundos para el final se puede ver pasar al Rubio, el cual se olvidó los guantes. También notaréis que hay chamas que me atacan y hacen como la caidita para mi lado. Esto es porque allí es donde nos reunimos y ellas llegaban después de hacer el ejercicio que yo acabé dos minutos antes. Las podéis reconocer por la cinta verde que llevan. Intenté que saliera la chocha de la profesora pero se retrasó por culpa de una que parece que va pa’ trás como los cangrejos y no progresa adecuadamente. En el vídeo notaréis que a la hora a la que tenemos la clase aquello está bastante lleno y tus ejercicios los has de hacer con toda esa gente en la pista.

Cuando acabamos la clase, el Rubio y el aclamado autor de esta bitácora nos quedamos entrenando veinte minutos más. Se produjo un milagro épico e histórico y después de que mi profesora me volviera a explicar lo de las manos, algo se colocó en la posición adecuada en mi cabeza y resulta que ya balanceo las manos y lo hago mientras doblo piernas, me pongo recto, meto barriga plana para dentro, miro al frente, desplazo el peso del cuerpo a los lados para incrementar la velocidad, giró ligeramente las caderas para aumentar la inercia y en definitiva, vuelo por la pista. Hasta el Rubio reconoció que casi que estoy preparado para representar a África en las próximas olimpiadas de invierno.

Al terminar estábamos mojados como balletas en cocina y nos tomamos unas Jupiler en el bar del complejo mirando a las pibas del patinaje artístico con sus giros y sus figuritas que te la ponen morcillona, aunque se te desinfla cuando la vista la tapan los julandros que las acompañan y que hacen que esa pista sea muy peligrosa por la cantidad de aceite que pierden.

En fin, que poco a poco vamos aprendiendo a patinar pero por ahora, nadie ha dicho nada sobre como frenar y ahí es donde está mi talón de aquiles.

6 opiniones en “A el Dios del hielo rogando ?? ”

  1. Genin, el Rubio sale exactamente cuando faltan 25 segundos para finalizar el video, creo que es el de rojo, sin guantes y ‘rubio’. La fémina sale cuando faltan 16, es la de azul.

    Pero a mí lo que me llama la atención es pegarse el palizón después de cenar.

  2. Genín, el Rubio es el que dice doverinto. Chochas de mi clase salen varias. Hay como tres hembras con cinta verde que se dirigen hacia mí o los alrededores de mi zona para dejarse estampar contra las protecciones laterales y frenar porque ellas tampoco saben como hacerlo.

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