U2 360º Tour – El comienzo de la gira

Mentiría si os digo que me lo pasé fatal en Barcelona. Mentiría porque han sido tres días increíbles con una experiencia místico-religiosa regada por litros y litros de alcohol y aunque es imposible transmitir todo ese caudal de información, al menos trataré de resumir el evento por el que nos desplazamos a la ciudad.

Todo comenzó en mi visita a Estambul, Reconciliation Tour en el que se zanjó la guerra de silencio con mi amigo El turco. En una de las múltiples conversaciones en las que nos pusimos al día me dijo que iba a ir a Barcelona para el primer concierto de U2 en su nueva gira, la 360º Tour y que si quería podía acompañarlo. Como El turco puede ser más falso que un diputado cuando quiere no le hice demasiado caso pero al volver a Holanda e intercambiar correos me lo volvió a sugerir e inmediatamente se puso en marcha la maquinaria logística. Conseguí billete a precio abusivo en aerolínea de bajo coste venida a mucho menos (una historia que leeréis más adelante), reservé habitación en el hotel de cuatro estrellas donde se quedaba mi amigo (ya no tenemos edad para la miseria, es lo malo de las nóminas engordadas, que tiramos el dinero en nuestro propio disfrute personal) y casi sin quererlo ya tenía mi viaje montado. Nos saltamos todo lo que sucedió hasta las cuatro de la tarde del día del concierto. A esa hora llegábamos a la zona del Camp Nou y le preguntamos a uno de los intelectuales de seguridad por el lugar en el que podíamos recoger las entradas y nos decía que en la zona de acceso 17.

¡Ooops ya lo he vuelto a hacer! retrocedo aún más en el tiempo para explicar esto último. El turco y el amigo que vino con él se dejaron en Estambul el papel con el número de reserva. Como lo teníamos que imprimir a la una de la tarde del día del concierto recorríamos las calles alrededor de la Rambla buscando un puto ciber-café, unos antros que antes abundaban y ahora son casi imposibles de encontrar. Dimos con uno que hasta tenía impresoras y el siguiente problema es que no se acordaban de si habían borrado el correo. Tuvimos que rastrear su buzón de entrada hasta dar con el famoso mensaje, el cual imprimimos. En la página de Ticketmaster decía algo de poder recogerlos en otros sitios y nos apuntamos las direcciones en Barcelona. El turco es un bendito y el hijoputa nos hizo caminar dos kilómetros para ir a un sitio pensando que allí estaba una de las tiendas y resultó que se equivocó de dirección así que decidimos no hacerle caso, tomamos un taxi y le dijimos al julay del conductor que nos llevara hasta la tienda. Allí nos dieron buenas y malas noticias. Las buenas es que todavía podíamos conseguir las entradas y las malas es que debía ser en la puerta del estadio y como nosotros, miles de personas estarían allí para lo mismo. Nos fuimos a almorzar a un bar fashion de la zona y después cogimos otro taxi para ir al estadio.

Volvemos al relato de dos párrafos atrás y estábamos caminando hacia el punto de acceso 17 en donde no había ninguna taquilla y un guardia de seguridad acarajotado y que no tenía pinta de tener ni puta idea nos dijo que en el punto de acceso 15 en donde nos mandaron al 9. Ya asumimos que nos dábamos la vuelta al complejo del estadio y para cuando llegamos al 9 nos dimos un susto porque efectivamente, allí habían taquillas y tras enseñar el turqui-pasaporte nos dieron nuestras entradas, cuatro para el campo, en el césped que nosotros ya estamos muy mayores para ir a las gradas con los pobres y ver el concierto sentados y preferimos pagar por recibir el sudor de los cantantes de primera mano.

U2 360º Tour

U2 360º Tour, originally uploaded by sulaco_rm.

El pequeño problema que tuvimos entre manos en ese momento es que éramos tres y nos sobraba una entrada y obviamente ni yo ni ellos nos veíamos haciendo de verduleras por la calle así que pasamos un kilo y nos fuimos a reírnos de la gente que llevaba más de un día tirados en la calle para ser los primeros en entrar. Uno de los guardias de seguridad nos comentó que se rumoreaba por los walki talkies que abrirían las puertas entre las cinco y las seis así que nos volvimos a la tienda del Barça a tocar las camisetas y flipar con los precios abusivos del merchandising. Hicimos tiempo tomando refresquitos y a las seis de la tarde nos acercamos a la puerta de acceso número 2. Los paranoicos ya habían entrado y nosotros pasamos sin hacer colas ni sufrir empujones. En la tienda de souvenirs los turcos se compraron camisetas mientras yo me reía de ellos y los esperaba y me negaba a incrementar mi colección de más de ciento veinte camisetas con otra y finalmente descendimos unas escaleras, pasamos por unos túneles que nos hacían sentir como gladiadores rumanos y finalmente salimos y vimos el increíble escenario:

Escenario del U2 360º Tour

Escenario del U2 360º Tour, originally uploaded by sulaco_rm.

Tenemos un montón de fotos de unos y otros con el escenario por detrás que por supuesto no se pueden ver aquí y tras bajar y una nueva comprobación, pisamos el césped y nos dirigimos hacia el lugar en donde estaba la gente, el cual podéis ver en la foto anterior y allí nos tiramos al suelo.

La Estrella de U2

La Estrella de U2, originally uploaded by sulaco_rm.

Estábamos a unos pocos metros del escenario como podéis ver en la foto anterior y desde ese momento hasta las ocho y media en que empezaban los teloneros solo pudimos hacer una cosa: beber como cosacos cerveza Estrella en vasos de medio litro. Nos turnábamos para ir a comprarla y cuando comenzó el primer espectáculo ya teníamos dos litros y medio en nuestra barriga cada uno.

Snow Patrol en el U2 360º Tour
Snow Patrol en el U2 360º Tour, originally uploaded by sulaco_rm.

Los teloneros eran el grupo Snow Patrol, una banda de cojones que se merece tener su propia gira. Es la segunda vez que los veo en concierto y volví a flipar. Hemos quedado para ir a Londres a verlos en concierto algún día aunque con las promesas de mis amigos es mejor no hacerse ilusiones. No tengo ni un solo CD de este grupo y sin embargo me sé la letra de varias canciones lo cual solventaré pronto. Un día de estos me paso por el iTunes y compro su música. Mientras cantaban pudimos escuchar la grandiosidad del sistema de sonido y ver que estábamos en un sitio perfecto, bien cerca y con una visibilidad plena. En las gradas el estadio seguía medio vacío. Supongo que la mayoría no tienen ni idea de lo bueno que es este grupo y ni siquiera llegarán a saber lo que se han perdido. Nosotros brincábamos, saltábamos, hacíamos fotos y nos divertíamos junto a un grupo de noruegos que nos adoptó y con los que nos lo pasamos genial. Más o menos a la hora a la que los esperábamos se apagaron las luces y noventa y dos mil personas comenzamos a rugir cuando la música de U2 nos bañó con su primera canción.

U2 dando caña de la buena

U2 dando caña de la buena, originally uploaded by sulaco_rm.

Las primeras cuatro eran del último disco, uno que yo no he escuchado. En realidad tengo toda su música hasta el año 1997, momento en el que dejaron de interesarme. Por suerte ellos saben que no vamos allí por lo que hacen ahora y después de cumplir con el compromiso y tocar lo nuevo comenzó el espectáculo de verdad con sus grandes éxitos, las canciones que todos hemos gritado borrachos y que por supuesto hay que escuchar con una tasa de alcohol en la sangre de auténtico escándalo.

Bono y su escenario

Bono y su escenario, originally uploaded by sulaco_rm.

El sonido, apabullante, las pantallas circulares, geniales, la iluminación, pues las he visto mejores pero las sensaciones y el show, de película. Por suerte allí no nos conocía nadie (aunque mi madre me jura que me vio por la tele todo desbocado ??). En todo este frenesí, saltando, gritando, abrazando a la gente a tu alrededor, hicimos cientos de fotos, yo con el iPhone y los turcos con una cámara pequeña.

De entre mis fotos he elegido una muy especial. Ya sabéis que para mantener el Mito y la Leyenda del autor de la mejor bitácora sin premios en castellano y por qué no decirlo, la coquetería, han hecho que muy pero que muy raramente ponga fotos de un servidor en Distorsiones. Hoy haremos una excepción:

El Turco y Yo

El Turco y Yo, originally uploaded by sulaco_rm.

A la izquierda me podéis ver a mí y a la derecha a mi amigo El turco, prácticamente un hermano. Al día siguiente me reprochó lo meloso que me puse y las mil y una veces que le pedí perdón por no ir a su bodorrio pero también reconoció que ha sido uno de los mejores días de toda su vida.

La mística de U2 en el 360º
La mística de U2 en el 360º, originally uploaded by sulaco_rm.

Mientras en el escenario continuaba la música y el misticismo de los de U2, unos multimillonarios que se sacuden sus escrúpulos con coñas humanitarias, con unos con caretas de niños de Birmania soltando algún tipo de masque social que seamos honestos, nos importaba un carajo a todos pero gritamos y aplaudimos a rabiar sin que se nos pegue nada, que allí todos fuimos a escuchar la música y no a escuchar historias de la chusma de otros lados. Conectaron con la Estación Espacial Internacional, otra cosilla que seguro que costó cuatro perras gordas que igual se hubieran podido invertir en darle de comer a los mismos niños para los que Bono nos pide dinero a nosotros y leyeron unos mensajes super-emocionantes y que si no llega a ser porque estaba borracho, a lo mejor hasta me acuerdo.

Por suerte la movida humanitaria no duró para siempre y siguió con la música. Cuando acabó el concierto gritamos y aplaudimos hasta quedarnos afónicos y volvieron al escenario a cantar un par de temas más:

Bono se electrifica

Bono se electrifica, originally uploaded by sulaco_rm.

En esta última parte Bono se puso un traje con bombillos super cañero que me recordaba a David Hasselhof cuando hacía bolos por Europa hace como cien años y con esa pinta acabó el concierto.

Lo que vino después ya lo contaré otro día. El concierto fue una pasada. Nos lo pasamos BOMBA y seguro que repetimos en otra ciudad, con otro grupo.

Dangerous World Tour

Un evento tan extraordinario y triste como la muerte de una persona es suficiente para lanzar una descarga que despierta esos recuerdos que duermen en lugares recónditos de nuestro cerebro y que creíamos perdidos. Así sucedió esta mañana cuando me enteré de la muerte de Michael Jackson, un cantante que digan lo que digan marcó una época y será recordado durante mucho tiempo.

Los recuerdos se remontan al año 1993 en su mes de septiembre. Era el último concierto de la Dangerous World Tour en Europa y tenía lugar en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Durante semanas machacaban en la televisión y la radio con anuncios para que la gente comprara entradas y fuera al concierto. Había cuarenta y cinco mil a la venta y su precio era exorbitante para la época, cinco mil pesetas de hace dieciséis años. Como muchos de mis amigos, me compré mi entrada para ir a verlo en Tenerife. Por primera vez uno de los GRANDES venía a las islas Canarias, siempre dejadas de lado en las giras mundiales. Era el concierto del milenio, lo más espectacular que posiblemente tendríamos ocasión de ver a menos que salieras de las islas. Era una época sin teléfonos móviles y con una lentísima Internet en los laboratorios de la Universidad. Curiosamente, en ese tiempo ya tenía una de las dos direcciones de correo electrónico que uso en la actualidad y cosas como los navegadores sonaban a ciencia ficción pura y dura. La piratería era a golpe de cinta de cassette y de aquellos maravillosos radio-cassettes dobles que nos permitían duplicar los originales.

Yo iba al concierto con el que por esa época era uno de mis mejores amigos, o quizás el mejor, una amistad que se perdió en el tiempo cuando nuestros caminos tomaron senderos distintos. Muchos otros compraron sus entradas y todos teníamos problemas para encontrar alojamiento ya que el traslado a Tenerife implicaba pasar allí al menos una noche aunque creo recordar que incluso se fletaron ferrys que llevaban a miles de espectadores desde Gran Canaria y una vez acabado el concierto los devolverían a la isla redonda. En nuestro caso mi padre nos solucionó el problema logístico a través de un amigo suyo que nos permitió quedarnos en su casa con sus dos hijos ya que él y su esposa estaban fuera.

Viajamos a Tenerife en un ferry abarrotado de gente que mayormente iba a ver el concierto. Una vez en la ciudad todos nos distribuimos. Nosotros nos quedábamos en el barrio pijo y al entrar en la casa flipamos en colores. La familia que nos cobijaba eran obesos, los cuatro, pero de los que te dejan con la boca abierta. Los dos hijos parecían bolas enormes con grasa sobresaliendo por todos lados. Mi asombro llegó al máximo cuando fui al baño y vi que en el retrete solo estaba la cerámica, no había tapa ni asiento. Creo que ese fin de semana me lo pasé subiéndome al retrete con zapatos y todo y jiñando en cuclillas.

Por la noche del primer día y antes de salir de marcha los hijos nos invitaron a comer. Sacaron de un congelador enorme tres bandejas de chuletas, una cantidad brutal. Cada uno de ellos se jincó una bandeja y la restante era para nosotros aunque un kilo de carne para dos y medio saco de papas fritas me parecía demasiada comida y ellos se terminaron comiendo parte de nuestras chuletas. Con el asombro en el cuerpo salimos y nos fuimos con los colegas a pasarlo bien. El sábado transcurrió haciendo un poco de turismo y de resaca, con sesiones masivas de comida en aquella casa.

En esos días si encendías la tele o la radio solo oías proclamas invocando el orgullo chicharrero y exhortando a la gente a comprar entradas para demostrar al mundo que allí también se podían hacer conciertos de ese calibre. Los comerciales eran terribles, daba igual quien era el cantante que venía, se trataba de salvar a cualquier precio el orgullo y la raza.

El domingo, el día del concierto, la ciudad amaneció hirviendo por la tensión de saber que allí sucedería el evento más grande del universo. La gente estaba en la calle desde primera hora, unos con entrada esperando a que abrieran las puertas y otros con envidia en los ojos mirando lo que sucedía. El concierto era en el recinto portuario, crearon una especie de rockodromo cerrado con contenedores levantando un muro enorme para evitar a los mirones. El problema era que para llegar hasta allí había que caminar casi un kilómetro (o quizás incluso más) por la carretera de entrada al puerto y habían vallado la zona para controlar al comienzo. Estábamos con el grupo de amigos cuando con tiempo suficiente decidimos marchar hacia allí. En las puertas aún cerradas se acumulaba una multitud histérica, muchos con camisetas y demás objetos del Rey del Pop. De boca en boca circulaban noticias no confirmadas sobre lo que hacía Michael Jackson desde que llegó a la isla, los sitios en los que había estado o lo que había comprado.

A nuestro alrededor la muchedumbre era la más extraña que se haya visto nunca para un concierto. Por culpa del llamamiento al orgullo y a salvar el evento lo que consiguieron es que muchos de los que compraron entradas eran familias completas, con la abuela y el abuelo y que iban allí para demostrar que Santa Cruz de Tenerife sí que puede ser la capital del Universo y una ciudad de primer mundo y no el poblacho lleno de gente con complejo de inferioridad y envidiosos de la primera ciudad del archipiélago. En el momento en el que se abrieron las puertas comenzó una carrera inaudita para conseguir un buen puesto en la que los jóvenes dejábamos atrás a las familias y todos nos dábamos codazos para llegar los primeros. Aún faltaban unas tres horas para el concierto. Nuestra posición fue justo enfrente del escenario y a unos metros del lugar en el que debía actuar Michael Jackson. La espera la pasamos conversando y con la gente coreando y gritando. Con tanto patriota, aquellos que eran de la isla lo que coreaban era Tenerife, Tenerife y parecían olvidarse que allí no estábamos para celebrar el nombre de una isla sino para ver al Rey del Pop. Según se acercaba la hora crecía la excitación y los cánticos. En el momento en el que comenzó el concierto creo que nos volvimos locos.

Aunque había estado en otros conciertos antes de ese, en realidad lo considero mi bautismo en ese tipo de eventos. Fue algo como nunca antes había visto. Era un ESPECTÁCULO total, con música y una actividad frenética en el escenario. Coreamos las canciones y si nunca has entendido como la gente se puede poner como se pone en un concierto es porque no has estado en uno de verdad. En los interludios la gente le gritaba Tenerife, Tenerife y cuando preguntó a alguien de su equipo y se lo explicaron, se rebotó un poco porque él esperaba que se coreara su nombre. Supongo que nadie le habló de las circunstancias en las que se había preparado el concierto y de lo importante que era para los locales. De la capacidad para encandilar de Michael Jackson no me queda ninguna duda. Creo que todos lo amamos por eso mismo. Su forma de bailar era única y había momentos en que os juro que buscaba los cables que lo debían estar sujetando porque era imposible que alguien pudiera hacer lo que él estaba haciendo.

En una parte del concierto se acordaba de su familia y hacía como que lloraba. Esa parte se le chafó porque la gente le empezó a corear lo de Ay, ay, ay, ay, canta y no llores y eso lo descolocó un poco. El concierto desgranó sus éxitos, uno a uno y para cuando terminó solo recuerdo estar en un éxtasis absoluto.

Al acabar le gritamos hasta quedarnos afónicos pero no salió para cantar ningún bis y tuvimos que marcharnos con la ración que habíamos recibido. En mi cabeza resonaron durante días Billie Jean, Smooth Criminal, Thriller, Black or White o Beat It. Fue sin lugar a dudas uno de los eventos que han quedado grabados en mi memoria con todo lujo de detalles.

Esta mañana al leer sobre su muerte recordaba lo bien que me lo pasé ese fin de semana y los muchísimos momentos que he disfrutado con su música a lo largo de mi vida. Me quedaré con ellos y desecharé todo el culebrón que ha acompañado a este juguete roto hasta el día de ayer en el que dejó de funcionar. Michael Jackson, descansa en paz.

Sticky & Sweet Tour – ¡VIVA MADONNA!

Ir a un concierto de la REINA es algo más que una experiencia religiosa. Uno se prepara durante semanas poniendo las canciones que componen el espectáculo en su iPhone para ensayar y recordar alguna letra que se puede haber difuminado un poco en nuestra mente.

Yo no sé si Dios existe y ni siquiera me preocupo en creer en ese ente etéreo creado por el hombre, para el hombre y sobre el que tanto se ha escrito. Tampoco me interesa esa dimensión adicional en la que es posible que se mueva. Yo creo en Madonna y es para mí lo más cercano a una Diosa que tengo. He crecido con ella, recuerdo su música en mi adolescencia, en el instituto, en la universidad, en todos y cada uno de mis trabajos y en casi toda mi vida. Uno de los hitos de mi vida sucedió en el año 2004 cuando acudí a ver el Madonna?s Re-Invention Tour. Ese día me juré que nunca jamás me perdería una de sus giras y aún estoy cumpliendo la promesa. Cuando dos años más tarde, en el año 2006 vino de nuevo, yo estuve allí, en el Confessions Tour 2006 y de nuevo viví una experiencia mística. En este tercer encuentro con mi diosa estuve acompañado por mi amigo el Moreno y su esposa, ambos también seguidores de la Divina. En esta ocasión teníamos entradas para el césped, de pie pero más cerca de Nuestra Señora. El día se presentaba lluvioso y desapacible pero por suerte el estadio Amsterdam ArenA tiene un sistema para cerrarlo completamente y dejarlo convertido en una preciosa cajita que resalta en el horizonte de la capital holandesa. Llegamos con tiempo más que suficiente y cenamos por allí a la holandesa, es decir, a las seis de la tarde.

Después nos dividimos para entrar en el estadio ya que pese a que todos teníamos entradas para el césped, el acceso era por puertas distintas. Nada más salir del metro ya habíamos visto a los fans que se plantan allí desde un día antes para conseguir un sitio lo más cercano al escenario. Yo no llego a tanto, me conformo con estar allí y disfrutar del espectáculo. Lo bueno del césped es que tenemos un acceso más fácil al alcohol y mientras esperábamos que empezara el concierto nos pusimos tibios. Ayuda mucho que exista un ejército de vendedores ambulantes que se acercan con sus barriles de cerveza Grolsch a la espalda y así no tienes ni que moverte.

Vendedores de cerveza ambulantes

Aquellos que crean que la mejor cerveza holandesa es la Heineken deberían probar la Grolsch o la Jupiler, ambas a milenios luz de distancia de la más ordinaria de las cervezas neerlandesas. En mis dos conciertos anteriores Madonna no había tenido ningún artista telonero pero en este venía acompañada de Robyn, una chica sueca que lo hizo muy bien y comenzó a caldear el ambiente. Después de una espera interminable, se apagaron las luces, se iluminaron las dos grandes letras M que había a los lados del escenario y comenzó todo.

M de Madonna

Abría el concierto Candy Shop, la canción que está en primer lugar en su último álbum y que iniciaba el primero de los cuatro segmentos de que consta. Fue un comienzo muy en su línea, espectacular y con la Reina en plena forma. Ella misma se hacía los coros grabados en una melé de Madonna cantando con Madonna absolutamente fascinante. Continuó con Beat Goes On, con un coche de época en el escenario, Kanye West en una pantalla detrás de ella cantando y Madonna demostrando que cuando quiere, hasta canta. Esta es una de esas canciones que en el disco no me terminaba de impresionar pero la versión en directo me ha dejado completamente asombrado. Después llegó Britney Spears en la canción Human Nature, uno de esos clásicos menores que solo conocen los fans. La versión era un poco pachanguera y no muy afortunada. Tras esto llegó Vogue, uno de los grandes hits que ha tenido y una favorita de todos. El escenario con todo el equipo bailando y una remezcla fantástica. Entre medias aparecieron brochazos de otras canciones. En este punto ya bailábamos todos y así entramos en el primer interludio, esas pausas en movimiento en que la reina desaparece para cambiarse y en el escenario continúa el espectáculo. En las pantallas teníamos una versión exótica de Die Another Day con dos bailarines que boxeaban en un ring.

El segundo interludio comenzó con un viaje en el tiempo y una puñalada trapera en nuestro corazón. Viajamos al año 1985 con Into The Groove y os juro que casi lloro de la emoción. Ella bailaba en plan stripper, cantaba y saltaba con una agilidad que ya quisiera yo para mí. Parece increíble que tenga medio siglo de vida. Sólo por esta canción merece la pena pagar la entrada. Todavía con el corazón en un puño llegó Heartbeat, otro de los temas del último álbum y en el que exhibió su voz de una forma grandiosa. Después vino Borderline y fue como si volviera a ser un adolescente. Es posiblemente mi canción favorita de su primer álbum. Aquí no me importa reconocer que lloré. Este clásico ha sido actualizado y suena mejor que nunca. Todavía lo escucho en mi cabeza. Todos temblábamos de emoción, alucinando en colores y casi no nos dimos cuenta que la canción se transformó en She’s Not Me en la que cuatro versiones de Madonna que hemos visto a través de las décadas aparecían en el escenario mientras ella las negaba y cantaba disfrutando con el momento. Esta es una de las canciones del nuevo disco que más me gustan y solo había una forma de incrementar la temperatura y era con Music, el clásico del año 2000. Así llegamos al final del segundo episodio y para la transición disfrutamos con Rain, una pausa visual en la que quizás no eligieron la mejor de las versiones de esta canción.

En el tercer segmento llegamos a la locura máxima. Comenzó con Devil Wouldn?t Recognize You en donde Madonna está sobre un piano completamente cubierta por una especie de traje que le cubre hasta la cara y que parece un poco surrealista. Es una canción suave que bailamos dejándonos llevar por las mareas humanas y a la que sucede Spanish Lessons, con Madonna chapurreando español y todo su equipo de baile trabajando y divirtiéndose en el escenario. Acaba con un zapateado en plan gitanillo lolailo y luego agarra la guitarra (algo que ya ha hecho en algunas canciones anteriores) y se pone a cantar Miles Away, algo que nos recuerda a todos los emigrantes que estamos muy lejos físicamente de nuestras familias pero en nuestros corazones las distancias no existen. Al acabar suelta la guitarra y llega La Isla Bonita, un clásico del año 1987 que todos nos sabemos de memoria. 50.000 personas cantaban con ella y disfrutaban cada segundo de esta versión mezclada con música de gitanos y no dejamos de gritar cuando Madonna nos dio la orden: You Must Love Me, una de las baladas de la película Evita en la que despliega todo el encanto de su voz y nos hace vibrar en silencio mientras nos enjugamos las lágrimas de emoción que nos caen a todos. El tercer interludio fue con Get Stupid, con imágenes de dictadores y gentuza entre las que pone al candidato republicano a las elecciones americanas y en la segunda parte imágenes de gente honrada y decente con un final dedicado a Obama. Está super claro a quién le va a votar.

En la parte final comenzó con 4 minutes, la cancion más conocida del último álbum y en la que canta con Justin Timberlake por todo el escenario. El está en un montón de pantallas con las que Madonna baila, se restriega, canta y se divierte. Este es el comienzo del momento cumbre de la noche. El estadio vibraba sin parar y sin descansar seguimos con Like A Prayer en su version definitiva. Nunca sonó tan bien como en esta gira. Brincábamos y aullábamos sin parar bailando sin poder detenernos y cuando crees que por fin vas a poder descansar llega el Ray Of Light y tienes que continuar con la locura, en una versión rockera de este éxito que sirvió para enganchar con el Hung Up y continuar la fiesta. Esta es la parte del concierto en la que está totalmente prohibido dejar de bailar y aunque lo quisieras no podrías evitar que tu cuerpo se mueva sin control alguno por tu parte. El punto y final llegó con Give It 2 Me, Madonna baila con nosotros o quizás somos los espectadores los que bailamos con ella que se divierte y contonea al ritmo de la música mientras todos sus bailarines se reparten por el escenario. Fue el final perfecto.

Como todos sabemos que no hay bises, nada más terminar comenzó la desbandada. Pasé junto a una de las divas que habían ido al concierto y aproveché para hacerle una foto:

Una diva en el concierto

Aún en extasis nos montamos en el metro y nos alejamos el Amsterdam ArenA, lugar al que seguro que volveré para ver a Madonna en el futuro. Si tienes oportunidad no te pierdas esta gira, es un espectáculo soberbio y que se disfruta a cada instante.

Madonna – Sticky & Sweet Tour

Madonna - Sticky & Sweet Tour

Por tercera vez en mi vida acudo en peregrinación para ver a la Reina del Pop, la ?nica, MADONNA. Será en el estadio Amsterdam ArenA y en esta ocasión estaré en la hierba, sin asiento pero en mejores condiciones para bailar y dejarme llevar por la música. Voy con mi amigo el Moreno y su esposa, ambos también devotos siervos de Nuestra Señora. En la puerta nos reiremos de los fundamentalistas involucionistas que siempre acuden a los estadios en los que actúa para quejarse e intentar que entremos en razón y una vez dentro daremos buena cuenta de la cerveza disponible en los bares que hay a pie de pista.

Para cuando estéis leyendo esto, nosotros estaremos rugiendo y disfrutando como enanos con el repaso a su discografía que ha seleccionado para esta ocasión.