Días de Grolsch y amigos

Ayer había quedado con mi amigo el Rubio para ir a cenar a su casa y después irnos a nadar. En paralelo quedé con su esposa para encontrarnos en la estación de tren de Woerden porque ambos llegábamos más o menos al mismo tiempo y así podíamos ir juntos en nuestras respectivas bicicletas a su casa. Todo parecía ir de acuerdo al plan previsto hasta que llegamos a la estación. Algo falló en el sistema de señalización ferroviario y el tren se quedó en una vía situada en el medio y sin acceso a los andenes. Cuando ves pasar al conductor del tren corriendo a abrir una de las cajas de control y empezar a pulsar botones no puede ser nada bueno. La mujer desapareció en dirección opuesta y un poco más tarde escuchamos por la megafonía que por un error del sistema tendríamos que retroceder para que vuelvan a sincronizar el sistema y de esa forma entrar en la estación por la vía correcta. Además teníamos que esperar porque tres trenes debían pasar antes de hacer esta peligrosa maniobra, ya que circularíamos por una vía en dirección contraria. Avisé a la esposa del Rubio para que se fuera a casa sin esperarme y que rezara por mí. Después de un cuarto de hora arrancamos y todos íbamos tensos. Retrocedimos cerca de un kilómetro, pararon el tren, la conductora volvió a pasar corriendo en el otro sentido y volvió a arrancar, llevándonos esta vez a buen puerto. En los últimos días ha habido varios problemas con trenes en diferentes partes el país. El problema parece estar en el ordenador que controla el sistema, el cual tiene un disco duro defectuoso que está previsto que se cambie en el año 2008. Esto lo dijo el responsable de la empresa ferroviaria por la tele y la gente no se lo podía creer. Según él no se puede detener el sistema y no hay respaldos de seguridad, o algo parecido.

Después de lo del tren corrí por los campos hacia Kamerik a lomos de la Dolorsi y llegué a tiempo para la cena. Tras las comida nosotros dos nos íbamos a hacer deporte, a nadar a una de las piscinas de Woerden. Cogimos nuestras cosas y ya en el lugar nos cambiamos y nos metimos en las piscinas recreativas, con diferentes temperaturas y un trampolín. Yo sigo sin ver lo de que estamos haciendo ejercicio pero lo cierto es que nos lo pasamos bien, nos reímos un rato y ambos salimos de allí muy relajados. Después de media hora nos cambiamos a la piscina de competición para nadar un rato pero joder, en esa ponen el agua helada y después de seis piscinas se me hielan los huevos y se me ponen como almendras peludas. Delante de mí, a los lados, detrás y en cualquier lugar que mirara habían viejas nadando con su cuidado pelo absolutamente fijo por la laca seco. Como van tan despacio tienes que nadar en zigzag, esquivándolas y rezando para que a ninguna de ellas se le escape un peo (pedo peninsular) cuando estás detrás de su orondo trasero buscando el hueco para adelantar. Cuando nos cansamos volvimos a las piscinas calentitas para echarnos la meadilla y seguir con las actividades relajantes. Al terminar nos duchamos usando el champú de alguna otra persona y nos marchamos al centro de Woerden para buscar un pub y pegarnos unas cervezas. Estuvimos también mirando un castillo que hay en el centro que data del 1400 y que tiene en su interior un restaurante. No me gustó la vista que tienes desde el restaurante a un patio interior lleno de bicicletas. Un lugar tan idílico estropeado de esa forma.

La sesión la acabamos en casa de mi amigo bebiendo cerveza Grolsch. Han modernizado el botellín y el nuevo es espectacular, con un diseño que se adapta perfectamente a la mano. Creo que nos tomamos seis cada uno y si paramos fue porque yo trabajaba hoy. Cuando volvía hacia la estación de Woerden en bicicleta el aire frío me golpeaba la cara. La temperatura era de unos cuatro grados y el aire estaba limpio. En el cielo, una miríada de estrellas iluminaban mi camino y la bicicleta parecía volar a lomos de una alfombra mágica. Llegué a la estación con el tiempo justo para tomar el tren de vuelta a Utrecht, el cual estaba en el andén a punto de salir. Ayer fue un día muy especial. Un montón de pequeñas actividades dieron fruto y pese al problema con el tren el balance fue muy positivo. Entre otras cosas compré mi billete para visitar Gran Canaria. Toda la alegría y felicidad de esas veinticuatro horas se detuvieron por la mañana cuando me levanté. Tenía un SMS con una noticia terrible. El azar es caprichoso y por un lado te da y por el otro te lo quita.