El caballero sonriente con y sin chimpún

Hoy seguía planeando a trescientos metros sobre el cielo mientras en la calle, la temperatura se mantenía a un grado bajo cero. Tuve una noche complicada. Una hora después de acostarme me desperté y automáticamente me levanté, fui al baño e intenté mear, ya que las dos únicas cosas que hacen que me despierte es que tenga sed o ganas de mear. Fue una micro-meada, ya que no había nada que echar. Me tomé un buche de agua y regresé a la cama. Volví a dormirme y tres cuartos de hora más tarde me despierto de nuevo, mosqueado. Me levanto, echo una nano-meada, me bebo otro buche de agua y me vuelvo a acostar. Media hora más tarde me levanto de nuevo, intento mear sin éxito, me bebo otro buche de agua y me acuesto frustrado. Un rato más tarde me despierto y tengo la sensación de que hay alguien en mi casa, que hay algo extraño. Escucho con atención pero no detecto ningún ruido, solo el silencio absoluto producto de los mejores cristales aislantes y el hormigón de las paredes. Me vuelvo a dormir y me vuelvo a despertar con la extraña sensación de que hay algo raro en mi casa. Son las tres y media. Decido prestar atención y aguanto y aguanto y aguanto y finalmente escucho un puto Piiiiipp. Esa era la causa de que me despertara. Activo las zonas del cerebro que rigen los asuntos domésticos y comienzo a descartar aparatos. No puede ser la nevera, ni la lavadora, ni el lavavajillas o la tele o el ordenador. No puede ser nada de la planta baja y en la planta alta no hay cosas que puedan hacer ese ruido ?? o sí ?? tras un par de segundos de inventario, caí en la cuenta que en las escaleras hay un detector de humos que funciona a pilas. Me acerco al mismo y efectivamente, pasado un rato hace Piiiiiipp, que al parecer es su forma de indicar que necesita una pila nueva.

Son las cuatro de la mañana y yo estoy desmontando el puto trasto. Lo bajo a la cocina, encuentro una pila, se la pongo y lo vuelvo a colocar en su sitio. Desde ese momento y hasta las seis y veinte dormí de un tirón.

Llego a la oficina temprano y cargado con unos cuantos Suspiros. Siempre que los hago me acuerdo de Waiting y el Niño, los dos que parecen apreciarlos más que cualquier otra persona salvo por la señora de la recepción de mi empresa, que cuando vio el que le di casi que me abraza y me la chupa allí mismo.

Hice mi magia habitual, además con la tranquilidad de saber que casi toda la comida que quería preparar hoy ya estaba hecha. Salí de la oficina a las cuatro y tras comprar algunas cervezas llegué a casa. Las dejé en el jardín, a dos grados no hay mejor nevera para enfriar el alcohol. La noche anterior, a un grado bajo cero, aproveché para descongelar el congelador y puse toda la comida que guardo en su interior en el jardín hasta que acabé de hacerlo, proceso que me tomó menos de dos horas. Ese mismo día me puse y cociné Flan de huevo, uno de mis platos favoritos y que sin embargo no hago con frecuencia, supongo que porque son como una bomba calórica que te explota en plena cara. Hice cuatro y le regalé dos a mis vecinos. El hombre me dijo que vendría a mi casa un día de estos a trabajar en algo, realmente no sé en qué y miró a su mujer con la cara que pone cuando no la llama inútil pero lo piensa. Supongo que cuando están en la intimidad hablando en catalán, como algunos expresidentes de gobierno, le dirá que ya que no sabe cocinar, por lo menos que le chupe la polla para compensar esas otras carencias.

El Niño apareció a la hora apalabrada para cenar. Es increíble lo que ha cambiado en los años que hace que lo conozco. Antes era como aprensivo y territorialista, tenía como una burbuja a su alrededor que no podías penetrar. Ahora es todo abrazos y contacto humano. Nos dimos un banquete escuchando música de Snow Patrol, grupo para el que tenemos entradas para ir a verlos en marzo. Hoy hablábamos en inglés, aunque el domingo el idioma era el holandés. ?ltimamente saltamos de una lengua a la otra. Cuando probó el Flan de huevo pensé que se corría de puro gusto. Me ha pedido la receta. Cuando terminamos de comer le regalé una bolsa llena de Suspiros y otra con magdalenas. Se comió la primera sin dudarlo, lo suyo es adicción. Le tuve que regalar una segunda bolsa que pensaba llevar mañana a la oficina, visto que Waiting no está en estos momentos en los Países Bajos y hubiese sido la otra persona en la que pienso cuando tengo un montón de Suspiros para regalar.

Después de cenar echamos unos cuantos votos para que la hija del Rubio gane su queso, algo que deberíais estar haciendo en estos momentos todos vosotros y le enseñé las fotos, los vídeos y las pinturas que hicieron en mi empresa para la despedida del vice-japoné.

El caballero sonriente

El caballero sonriente, originally uploaded by sulaco_rm.

Pensé que no se notaba demasiado pero cuando las estábamos viendo me preguntó: Casi todo son grupos y sin embargo, tú tienes una pintura para ti solo.

Sip. Al parecer los vicepresidentes, mi jefa y un servidor fuimos los únicos a los que se quiso resaltar, el resto están en pinturas corales. El cuadro con el que me inmortalizaron es el caballero sonriente, uno de los retratos más brillantes del Barroco y que pintó el maestro flamenco Frans Hals. Según el Niño, demuestra el poder que tengo en la organización. Según un servidor, yo no tengo más poder que el que me dan los pocos que me hacen caso pero tampoco tengo menos del que me corresponde por derecho propio. Por algo, en una organización extremadamente rígida y en la que todos tenemos títulos pomposos, cuando alguien busca en el directorio de la empresa mi nombre, lo encuentra junto con el título Manejo del portafolio y resolución de problemas que define perfectamente lo que hago, arreglo las cosas que están rotas y controlo que los gerentes no se desvíen del plan maestro. Y ahora, según este cuadro, lo hago siendo un caballero sonriente y que vuela a trescientos metros sobre el cielo. En treinta y seis horas veré a mi amigo El Turco y ahí sí que voy a sonreír de verdad.

Estaremos bajo cero pero eso no reduce ni un ápice mi felicidad. Quizás sea diferente del resto de la gente ??

10 opiniones en “El caballero sonriente con y sin chimpún”

  1. “Antes era como aprensivo y territorialista, tenía como una burbuja a su alrededor que no podías penetrar. Ahora es todo abrazos y contacto humano”

    Lo primero me recuerda a ti, lo segundo todavia queda por verse… Besitos.

    Quiero suspiros…

  2. Cuando lo compré era No Frost pero parece que se le olvidó y ahora genera unas pellas de hielo del copón, aunque también es culpa mía, que yo soy de los de abrirlo y dejarlo chupando aire durante un rato.

  3. Si que eres diferente si, a los demás nos encanta NO ser felices, no te jode…
    Que te lo pases bien en Turquilandia !
    Salud

  4. Genín, algunos sostienen que el frío (el invierno, la obscuridad y todo eso) impide la felicidad. Por eso indico que quizás sea diferente porque yo soy feliz como una ladilla en verano con la caló, en otoño, en invierno con el frío y en primavera. O sea, que soy feliz, independientemente de las estaciones.

  5. Aqui en Cadiz que tener 20 grados lo llaman frio he visto a mas de uno deprimido porque ya se oscurece a las 7 o 7.30 o algo asi… Besitos.

  6. Yo estoy convencido que Genín me pilla robándole los rábanos y las calabazas en su finca y no se entera que soy yo. El pixelado es por tocar güevos por si alguien con la suficiente falta de masa cerebral decide subir la foto a su CaraCuloLibro y etiquetarla con mi nombre. Esa herramienta infernal no podrá usarla como una plantilla para ubicar otras.

  7. Que va chaval, no tengo huerto desde el Jurásico, no merece la pena, además, los años y la flojera van pesando…jajaja
    Además, Waiting, para no perder la costumbre, tiene razón.
    Y si, yo soy uno a quién le joden un montón los días nublados, lo del frio (El de aquí, no el tuyo) no me importa tanto, pero los días grises y tristones, no me van…
    Salud

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