El día de mi cumpleaños

Aquellos que me conocen al menos un poquito saben que yo no tomo nunca vino. No me gusta como sabe, básicamente me arruina la comida y además, da igual lo bueno que sea, al día siguiente tengo siempre dolor de cabeza, incluso tomando un vasito. Pese a esto, debo ser uno de los mayores importadores en los Países Bajos y en la década que llevo viviendo por aquí han sido cientos las botellas de vino español que le he traído a mi amigo el Rubio, el cual las agradece infinitamente porque tanto a ?l como a su parienta les gusta tomarse un vinito al final del día.

La bebida alcohólica por excelencia para mí es la cerveza. Conozco multitud de marcas y soy fans de todas las que se producen en Bélgica, lugar que equivale al paraíso cervecero. Para mí, las cervezas hechas en el triángulo Alemania – Bélgica – Países Bajos son las mejores del mundo. El resto, agüita amarilla, que se dice.

Para celebrar mi cumpleaños invité a los Cinco a uno de mis bares favoritos, el Cafe Olivier en Utrecht, una antigua iglesia católica que pasó de ser lugar empleado para el tocamiento de menores por parte de unos asquerosos pervertidos que deberían ser usados en prácticas de tiro y que han reconvertido en un bar especializado en cervezas belgas y en donde si ahora tocas a alguien, es a la pava que te llevas contigo para acarajotarla y endiñársela hasta los güevos con condón mientras te descojonas de las reglitas conocidas como mandamientos que se inventaron los de la secta esa de los cuervos vestidos de negro.

De los Cinco, solo dos se presentaron ya que los otros tres no estaban por estas tierras. Aunque intenté reservar mesa, no se podía para menos de seis personas y al llegar, sobre las siete de la noche, estaba petadísimo de gente. La chica que nos recibió en la puerta nos dijo que tendríamos que esperar al menos media hora para conseguir una mesa y poder comer y apuntó nuestro nombre. Nos fuimos a la barra y justo en ese momento se iba una parejita y tomamos sus taburetes. Mi Ángel de la Guarda es un chamo de poderes legendarios e igual que me hace pasar por España en el peor mes aeronáutico de la historia sin que me roce un solo problema aéreo, pone en mi camino a la mejor persona que puede existir en el mundo: el equivalente a un sumiller pero sin ramalazo julandrón, sin aspavientos y mariconadas varias mientras hace su espectáculo para venderte las virtudes de un vino que da dolor de cabeza como todos y al que le corresponde el título de MAESTRO CERVECERO. El barman era belga y el tío sabía de cervezas una jartá. Le dijimos que nos guiara durante la noche y nos explicó que debíamos comenzar con cervezas fuertes antes de cenar y tras la comida ir bajando los grados. Cada uno le contó los sabores que le gustan y él escogió tres cervezas distintas. A partir de ahí comenzamos una noche increíble en la que no repetimos una sola cerveza, en la que cada uno tuvo su menú particular y en la que la comida fue lo de menos porque lo que cuenta es que alucinamos en colores con una selección de película.

Tuvimos:
Maredsous Tripel con 10%
Rochefort 8 con 9,2% de alcochol
Gouden Carolus Tripel con 9%
Chouffe Houblon I.P.A. Tripel con 9%
Pauwel Kwak con 8% de alcohol
Tripel Karmeliet con 8%
Duvel Groen con 7,5%
Duchesse de Bourgogne con un 6,2%
Dikke Mathile con 6%
Palm con 5,4%
De Koninck con 5%

Y además un par de cervezas normales del grifo, unos chupitos de ginebra con sabor a fruta de la pasión justo antes de comer y unos cafés Hasseltse con Hasseltse jenever (ginebra) que tiene también una purriada de grados de alcohol.

Hacia el final de la velada apareció la que goza sexualmente con el Niño en esos días (creo que ya la largó) y cuatro horas y media después de entrar al local, salimos contentísimos, ligeramente achispados y muy felices.

Ninguno tuvo resaca al día siguiente. Es más que probable que volvamos en algún otro momento de este año porque las cervezas son fabulosas.

Comentar que cuando nos enviaron a nuestra mesa, para pedir informábamos a la camarera que queríamos al barman y el hombre venía y nos seguía trayendo las cosas que él creía más conveniente, incluyendo los cafés, con lo que en realidad, todo el mérito lo tuvo ?l y se lo agradecimos con una fantástica propina que hasta el Turco habría aprobado. Hablando de este último, me llamó para felicitarme mientras estábamos en el local y se quedó rascadísimo.

Resumiendo, fue una fantástica fiesta de cumpleaños con dos de mis mejores amigos.

10 opiniones en “El día de mi cumpleaños”

  1. Lo pasaste genial!
    Me alegro.
    Yo si soy de vino, todos los días bebo una copa de tinto Rioja en la cena, en la comida no me apetece, al no ser que sea comida especial, pesadita.
    Salud

  2. Que significa que se quedó rascadísimo el turco? Picado?
    “la que goza sexualmente con el Niño” bueno bueno, como que ellos no gozan y no andan como perros falderos buscando migas 🙂

    Un beshito

  3. Sí, que hubiera dado los pelos recien afeitados del chichi de su famosa esposa por estar allí.

    La historia de la chama que goza sexualmente del Niño da para dos anotaciones increíbles y fascinantes que no pienso escribir, aunque están disponibles en mi muro del caraculolibro … espera … que no lo tengo.

  4. No te puede pasar lo der Dani porque (corrígeme si me equivoco) el Niño y sus amistades no saben español!

    Así que vuelvo a insistir en que des rienda suelta a tu distorsionada mente y nos cuentes esas historias antes de que caigan en el olvido!

  5. Iván, como dije, estas cosas tan personales y que afectan a mis amigos solo las pongo en mi muro del Caraculolibro, el cual como aún no tengo cuenta, pues debe estar más bien algo desangelado y el día que cree la cuenta, allá por el 2099 quizás hasta me acuerde de contarlo.

  6. El problema es de ponerlo el niño lo traduce con el traductor del google ese que funciona tan bien como el gobierno del ZP (y mira que no digo Chavez porque aquello no se puede calificar ni de gobierno) y al final puede entender que el y la esposa del rubio han tenido algo y todo, fijate. Jejeje. Besos

  7. Saldríais cantando desde Santurce a Bilbao como mínimo o algo así como el Macarena, por Dios que jartá de cervecita.

  8. No, salimos en mejor condición que el año anterior. Asombrosamente, al día siguiente no teníamos resaca, ninguno de los tres.

Comentarios cerrados.