El edificio del mercado de Hoi An

El edificio del mercado de Hoi An

Hoy vemos el edificio del mercado de Hoi An por fuera y aunque es un lugar por el que se pasan los turistas, sus visitantes son mayormente los vietnamitas que viven en la zona. En la foto no se aprecia pero los lados del edificio están abiertos. Cerca de esa zona había otro edificio de mercado que creo que veremos en otra foto y ese sí que era para recuerdos turísticos y también algunos de los cienes y cienes de sastres que hay en la ciudad y que te pueden clonar lo último de lo último de las marcas más conocidas con una calidad de fábula y sin que ni Carmita la Burra pueda decirte a la cara que no es original.

5 opiniones en “El edificio del mercado de Hoi An”

  1. Si los sastres tuvieran que vivir de los trajes que me hago yo, estarían todos depauperados y muertos de hambre… 🙁
    Salud

  2. Pues con los laterales completamente abiertos, en época de lluvias tiene que ser unas risas…

  3. Un nuevo concepto para ti, lluvia cayendo en vertical. Que yo sepa, no llueve de lado. Y con temperaturas que casi siempre están por encima de los treinta grados, es la única manera de hacer que corra el aire.

  4. sulaco, no me seas cerradito, anda, que al menos aquí con vientos, temporales y ciclogénesis varias, como menos cae la lluvia es en vertical, y de lluvia entendemos un rato. En época de lluvias en Vietnam tiene que ser de cargarse.
    Y yo entiendo que quieran que corra el aire, pero unos buenos cierres correderos o tipo puerta de garaje, no impiden eso y sí las inundaciones-mojaduras-tenerquerecogereltendereteadiario…

  5. Obviamente, tu no has vivido en zonas de temperaturas diarias de más de 30 grados y lluvias constantes. En Asia, la gente lleva una bolsa de plástico para móvil y dinero y cuando llueve en muchas ocasiones no sacan ni paraguas. Se mojan totalmente, acaba de llover y gracias al calor sofocante, en 30 minutos estás sequito y bien sequito. En Birmania también se las traía al fresco lo de la lluvia y en las Filipinas este año, un día que llovía a las siete de la tarde un güevo en Manila, yo esperando en el hotel a que escampase y por la calle todo hijo de filipino caminando como si no estuviera lloviendo.

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