La petición de consejo

Siempre que en mi empresa ponen en marcha el bombo y deciden largar lastre, el proceso comienza por un pre-anuncio al que sigue una petición de consejo o adviesaanvraag en el idioma bárbaro local. Ese es el documento en el que se basan las interminables discusiones y especulaciones que llenan nuestras vidas de alegría y cosa buena hasta que llega la ejecución. En este documento, la empresa informa al comité de empresa de sus planes y de la gente que quiere ajustar (uno de los muchos eufemismos para decir echar) y pide la aprobación del comité de empresa. Estos, reciben el documento de manera solemne en una reunión y después lo suben a su página en la red corporativa en donde algunos que somos más espabilados que otros, nos hemos suscrito a dicha página y recibimos la notificación inmediatamente. Ayer, esa notificación fue a las doce y cuarto y nos pilló en la oficina porque llovía y no pudimos salir a caminar. Yo estaba con el Moreno y nos lanzamos como hienas sobre las dos copias que imprimimos. Fuimos directamente a la parte final del texto en donde ponen los números. Yo apostaba por un 20% de la empresa, cantidad insuficiente para salvarla pero suficiente para alargar la agonía un par de años. Otros apostaban por un 30%, seguramente suficiente para hacernos creer que existe luz al final del túnel. Al final el número se quedó en un insatisfactorio 15%, meramente un parche que no curará nada. Leyendo el documento más cuidadosamente, encontramos que en ese grupo estaría la mitad del departamento al que pertenece el Moreno con lo que sin comerlo ni beberlo, resulta que tiene un montón de puntos extra de karma y va a estar en la lista de ganadores. Me pasé la tarde leyendo entre líneas, afinando la letra pequeña y por más que leo y releo, tengo la sensación de que al igual que sucede tras la explosión de una bomba nuclear con ratas y cucarachas, yo voy a sobrevivir a este evento o más bien y mirándolo desde mi perspectiva, no me va a tocar premio en la lotería.

Es como para no mear gota. Solo hay una persona en toda la compañía a la que se la suda el mantener el empleo y que quiere y desea ardientemente que la echen y parece que me tienen más cariño que a un oso de peluche. Como me he ganado la reputación a pulso de ser el elemento que más inestabilidad crea en la compañía y el único que parece ser capaz de decir las verdades a la cara de los jefillos, ya he colgado el organigrama de la empresa en mi despacho y aquello parece la consulta de un médico de la Seguridad Social. La gente viene, cierra la puerta, lo mira y explica quien cree que será ajustado y tendrá que dejar la academia. Existe total y completa libertad para decir nombres y la única regla es que no se puede marcar el organigrama y señalar personas. La razón es que hay que respetar los derechos más básicos y primordiales de los Orcos y demás seres y hasta el hijoputa del director de recursos inHumanos no tiene porqué ver su nombre marcado.

En paralelo y como actividad complementaria, he organizado una visita extraordinaria al Café Cartouche para comer costillas en la que el selecto grupo de invitados podrán hablar y tratar con antiguos empleados que trabajan fuera de aquí y que les pueden ayudar a encontrar trabajo en caso de que sea necesario. Pensé que sería más difícil organizarlo dada la época y la premura pero el evento será un gran éxito y me han comentado que ya los hay rascadísimos entre los que no recibieron la invitación. Que nadie se equivoque, yo soy un creador de redes sociales, establezco y mantengo vínculos con la gente que me gusta y para hacerlo no necesito ninguna mariconada dosputocerolista.

Ahora solo queda cruzar los dedos y esperar que todos estén equivocados y a mediados de enero, cuando abran el sobre para anunciar los ganadores, mi nombre esté en la lista.

6 opiniones en “La petición de consejo”

  1. Pobres de tus compañeros, qué angustia tendrán, aunque parece que se lo toman con humor. Mejor así.

  2. Una cosa segura es que el de recursos inhumanos no estará en la lista. Como los del comité de empresa (al menos en España) son siempre los últimos en salir.

  3. Luis, existe una teoría consistente que dice que el de recursos inHumanos será uno de los de la lista. Es la persona más vieja en el edificio y sabe que este es el último bote salvavidas con una buena bolsa de guita. La cosa es que si la rata mayor salta, todas las demás entrarán en pánico.

  4. Hombre, todo puede ser, pero a mi lo que me dice la experiencia, sobre todo si se prevee cierre total, ee que el de inhumanos permanece, se encarga de liquidar, y luego la empresa en gratitud por los servicios prestados lo jubila en muy buenas condiciones. De hecho si es bueno, ya habrá pactado sus condiciones de salida, solo tendrá que esperar al final.

  5. Hay más recursos inHumanos en Europa. Aquí pueden dejar a una cancerbera y el jefillo en Londres. Por eso somos una multi-nacional.

Comentarios cerrados.