Las fabulosas costumbres del pasado

Hoy es un día perfecto para recordar esas tradiciones que por culpa de la sociedad moderna y la pornografía en Internet, hemos abandonado. Para que después se diga que no somos entrañablemente humanitarios, allá por el 1832, nuestro Gran rey Fernando VII (uve-palito-palito) abolió la pena de muerte en horca por considerarse que la justicia hay que aplicarla con humanidad y decencia y que los reos que expían sus delitos al morir no se merecían la infamia de la horca y en su lugar se les daba el privilegio del garrote, que además tenía clases y lo había en garrote llano, vil y noble, según el julay. En el vil, que es el que más nos mola, el reo llegaba en burro, sentado mirando hacia la grupa o arrastrado y se acompañaba con tambores con el parche flojo para mayor espectacularidad sonora y un mejor dolby surround. Imagínate la gala fabulosa que podría montar telajinco, con los jueces y todo en la plaza, unas pedorras medio desnudas meneándose en el escenario y en una esquina su mejor equipo de gritones mientras arrastraban a esos cerdos que no vale la pena ni nombrar o se les traía en burro, para que no se diga que no somos generosos y se les daba su condena en la más absoluta plenitud y sin derecho a devolución. Un escenario espectacular, con una iluminación épica y después ponían en posición al chamo y para evitar problemas éticos, tres verdugos de espalda pulsan un botón grande y rojo sin que nunca se sepa cual fue el que realmente estaba conectado y activa el motor que les da el finiquito. Yo por un contenido de tanta calidad hasta pagaría por ver el programa, en casa, con mi bol de cotufas salpicadas de pimienta molida y rociadas con miel de burra.

Esta es una de las muchas tradiciones que hemos perdido, como ver a los niños jugando por la calle, a los viejos con una mesa entre coches enfrascados en una partida de dominó o de cartas, a las viejas en la puerta del verdulero arrancando el pellejo a tiras a la pobre víctima de turno, entre otras. Mira que ha evolucionado la sociedad y no siempre a mejor, que ahora tenemos un montón de obligaciones y deberes sociales por culpa de estar permanentemente conectados con todo quisqui que nos conoce.

Una respuesta a “Las fabulosas costumbres del pasado”

  1. Aquí todavía se hace mucha vida en la calle, en verano se sacan sillas y lo que haga falta a la puerta, se despelleja a placer, se juega incluso al ajedrez, cartas, Damas y tal y tal, claro que esto es un pueblo andaluz … 🙂

    Salud

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