Las polladas de mis amigos

Si yo fuera alguno de mis amigos, a partir de ahora tendría mucho cuidado con las boberías que dicen en mi presencia. Ya sabéis que estoy procurando el respetar su privacidad y no dar información relevante sobre ellos, ese tipo de datos que abundan en las redes asociales de los dosputocerolistas como el caraculolibro o el tuiterota. Sin embargo y para satisfacer mis ansias interiores he optado por crear una nueva categoría dentro de la bitácora que pienso llamar las polladas de mis amigos. En la misma tendrán cabida desvaríos que surgen de esas sesiones de lluvias de ideas (o eso que en inglés se dice brainstorming) y que casi siempre incluyen la ingesta de masivas cantidades de cerveza u otras bebidas alcohólicas. Me he comprometido a no contar sus vidas reales pero sí que puedo distorsionar con las estupideces que decimos y que dan para historias absurdas, estúpidas y seguramente de alto contenido sexual, ya que si no hablamos de fútbol porque a ninguno nos apasiona y tampoco de coches y sabiéndose que los hombres no perdemos horas yendo de tiendas a comprar ropa, lo que queda es hablar de situaciones sexuales de todo tipo, cosas extremas y que seguramente jamás sucederán pero con las que nos echamos unas risas.

La mayor parte de los aportes vendrán de la mano de mi amigo el Niño, el cual tiene una imaginación monotemática y totalmente dedicada y centrada en el asunto y que a sus veintipocos años le impide ver más allá de la pipa del coño de la chama a la que quiere empalar o a la que está empalando con regularidad. Aunque él preferiría que cuente su vida y milagros en su cama y en la de otras, por no contar lo que sucede en cualquier baño y rincón que se tercie, optaremos por las boberías que termina elucubrando cuando estamos juntos en Amsterdam y nos sentamos a ver los coños de las que esperan el tranvía en Rembrandtplein o las tetas y esos culos perfectos de las camareras del Replay.

En esta serie quiero que quede claro que es condición necesaria que lo contado no haya sucedido y que posiblemente tampoco llegue a suceder. Este es el único límite. Todo lo demás vale.

Como mi memoria es muy limitada y con la edad, pese a no superar los treinta y dos años, uno tiende a olvidar las cosas, que nadie se sorprenda si en medio de alguna de esas sesiones abstractas saco el teléfono y aprovecho la aplicación para grabar notas y me dejo un mensaje a mi mismo con el asunto que nos traemos entre manos.

Ya tengo mucha experiencia en no imponerme una frecuencia que por supuesto no cumpliré, así que digamos que de cuando en cuando, si se tercia, caerá uno de estos episodios supranacionales que no serán recordados como buenos ejemplos del uso adecuado de la lengua española pero que tampoco lo pretendían.

6 opiniones en “Las polladas de mis amigos”

  1. Chamo, menos mal que no soy tu amigo sino tu amiga y que no hablo de ciertos temas (dentro del agua jajajaja ).
    Besitos.

  2. Muchos ni se imaginan la ruta que seguirá esto. Voy a perder visitantes a porrillo y los comentarios que serán moderados llegarán a niveles muy altos.

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