Lonja de pescadilla vieja

El por qué Dios me castigó con una mente corrupta y calenturienta es algo que tendrá que responderme cuando se presente ante mí al morir. Lo miraré a los ojos y espero que tenga una buena excusa para haberme hecho así porque si no le retiro la palabra ahí mismo y no le vuelvo a hablar por toda la eternidad. Sé que soy raro y que todo el mundo piensa más bien en ir allí y presentarse al altísimo en plan mendigo y ver si cuela y te perdona esas pequeñas trastadas que hacen la vida más perfecta y te deje entrar en el cielo de las beatas feas y bigotudas y yo voy más bien pensando en reprocharle lo injusto que ha sido conmigo y el dinero que me gasto en tratamientos por su culpa.

Vayamos al grano que me disipo en mi resentimiento con el Gran Creador. Desde la semana pasada se ha producido una brutal alteración en la Fuerza y cuando íbamos cabeza hacia el otoño, con el edredón de invierno sobre la cama, las mantitas junto al sillón para ver la tele tapadito y mis sopitas Unox ya en la despensa va y cambia el clima y andamos de nuevo de verano con temperaturas de veintipico grados. Esto no es justo. Ahora toca el otoño, el frío, los colores rojizos, el sol bajo, los días cortos y las noches infinitas y no estas temperaturas. No es la época de ir en camiseta al trabajo ni de ponerme pantalones cortos o sentarme en el jardín a tocarme los mondongos para que me crezcan. La cosa está tan mal que la semana pasada fuimos varios días al centro de Hilversum a la hora del almuerzo a sentarnos en una terracita y tomarnos unas copas mientras vemos las chochas pasar y se nos alegra la vista.

Aquí quería llegar yo, exactamente a este punto. ¿Dónde está la policía cuando la necesitamos? ¿Por qué el asqueroso Dios de los musulmanes nos pone la pata encima para que no levantemos cabeza? ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto? ¿Es tan difícil restablecer el orden en el universo?

Todos sabemos de qué estoy hablando pero me explicaré más claramente por si acaso. Vamos de paseo por el centro de la ciudad y de repente capturas un hilillo de aroma con tu nariz. Aspiras y tiras un poco más de ese hilo que afloja el ovillo y lo pone más y más cerca de tí. El olor incrementa su intensidad y poco a poco te vas dando cuenta de lo que se avecina e intentas cerrar los ojos y piensas que igual así desaparecerá el maleficio pero no sucede y tarde o temprano tendrás que volver a respirar y el sistema motor te juega una mala pasada y te abre los párpados para que puedas ver aquello que está esperando por ti. Y cuando la luz golpea la retina y el cerebro trabaja a máxima velocidad enfocando tus ojos ves una sombra movediza que adquiere forma y pronto una conexión neuronal determina que es una bicicleta la que viene hacia ti y sobre ella va una señora ya madura y entonces tus instintos te obligan a hacer un barrido y comienzas por las ruedas de la bici y cuando vas subiendo lentamente notas esos cañones de pelos gordos que le pueblan las piernas o más bien deberíamos decir las patotas con unos tobillos como cuellos de luchadores y pasas esas rodillas sin forma y quieres girar la cabeza y mirar hacia otro lado pero no puedes evitarlo y rezas para que la falda esté ahí y la tela haga su trabajo pero no hay falda porque la mamona se ha puesto una nano-micro-minifalda y la tela brilla por su ausencia y sigues mirando y el movimiento de los pedales te juega una mala pasada y la grasa de los muslos se abre lo suficiente para que un rayo de luz penetre y descubra ese mechón de pelo ralo sin bragas, esos rizos negros y lo ves todo y sabes que el pestazo a pescado viene de ahí dentro, de esa fuente pública y que el hedor no se marchará de tu cabeza en mucho tiempo y en tu retina unos midiclorianos taladran esa imagen de chocho viejo que no se borrará en meses y una lágrima de desesperación pugna por salir de tus castigados ojos.

Es lo malo que está teniendo este veranillo, que ya me he tenido que tragar tres coños caducados y aún no he visto ni uno solo de esos que todavía tienen el plástico puesto, los que te alegran el día, esos de diosas rubias apolonias que te alegran el día y hacen que hasta el lodo en el que nos revolcamos parezca bello. ¡Quiero que vuelva el pescado fresco! ¡Quiero que se restablezca el orden y que las minifaldas vayan acompañadas de chavalas y no estén en posesión de abuelas! ¿es mucho pedir, Dios?

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2 opiniones en “Lonja de pescadilla vieja”

  1. Pues mi hermano está peladito de frio…
    Siento no poder haber hablado contigo, pero estaba con mis gallifantes y todos me miraban, como tengo la música de Madonna con tu número doy un cantazo de la pera, pero es que nos han vendido y anda el gallinero revuelto. Otro día.
    Y gracias otra vez.

  2. Díle a tu hermano que vayan al NEW KING, el mejor restaurante chino de Europa. Está en el barrio chino enfrente del templo Budista. Está repartido entre dos edificios. Es barato y lo mejor de lo mejor. Que se pidan el plato 232 (o el 238 no me acuerdo bien). Se llama FRIED NOODLES WITH MIXED MEAT. Es lo más. TAmbién los platos con Tofu o con cerdo están de morirse. Y si se quedan cerca de REmbrandplein, hay un sitio para comer rápido llamado Wok to Go delicioso. También que pruebe las papas fritas de los Manneken Pis, que es el nombre de los establecimientos. Hay uno en la calle que sale de la estación de tren hacia el Dam. Con salsa Oorlog están deliciosas y también las que llevan salsa SATEH (que está hecha de manises).

    Y a todas estas, si siguen el fin de semana aquí puedo quedar con ellos el domingo en Amsterdam o me los traigo a Utrecht o los llevo a alguna otra ciudad. Ya me dirás.

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