6. Greater St. Lucia Wetland Park

memorias de sudáfrica 2005

Seguimos con el relato sobre mis sucedidos en Sudáfrica. Has llegado al sexto capítulo, por lo que si quieres atacar esta historia desde el principio tendrás que retroceder a Memorias de Sudáfrica. Camino al fin del mundo y si quieres seguir el orden correcto después deberás leer Por fin en uMhlathuze, Mi vida en uMhlathuze, Es un mundo lleno de zulúes y Hluhluwe Imfolozi Park.

El domingo no madrugamos y por fin pude dormir algo más. Después de un Branch o un desayuno de estos de cambarte las patas por la abundancia y variedad de comida nos fuimos a trabajar. Es muy sacrificada la vida de un profesional como yo, un pedazo de ingeniero de esos que ya no se fabrican. Teníamos planeadas al menos cinco horas de trabajo actualizando equipos. Es una tarea un poco peligrosa porque hay momentos en los que el sistema está caído. Además los nodos remotos eran los edificios de la policía, los bomberos y demás servicios de la ciudad, así que hubo que organizar bastante logística. Voy a aprovechar para promocionarme un poco que nunca se sabe si hay alguien leyendo esto dispuesto a pagar más y yo si hay un buen incremento de salario y un buen ambiente de trabajo y se viaja y se vive en el extranjero estoy dispuesto a dar el salto. Una de las razones de mi compañía a la hora de enviarme a estas tierras es mi virtuosismo. Cuando yo me siento detrás de la pantalla del sistema la gente que tiene el privilegio de verme trabajando comprende que este tipo de cosas solo les sucede una vez en la vida. Terminamos la actualización en hora y media, menos de un tercio del tiempo previsto. Los tíos ni se lo creían. Yo ya les había avisado que por algo me llaman el Elegido y en otros lugares san Sulaco. Mi exhibición tuvo premio y puesto que era pronto decidieron llevarme a otro parque nacional en la costa para ver los hipopótamos, un lugar llamado Greater St. Lucia Wetland Park.

Ya he comentado que también hay hipopótamos cerca de la ciudad pero esos prefieren dejarse ver por la noche o a primeras horas de la mañana. Nos pusimos de nuevo en ruta siguiendo la N2. Vimos un accidente en el que un coche estaba completamente destrozado y trataban de sacar a la multitud que estaba aplastada entre los hierros. La escena era dantesca aunque a la gente la dejaba indiferentes por lo cotidiano de esos eventos.

Antes de llegar al sitio al que íbamos pasamos por Mtubatuba, un pequeño pueblo en el que casi no hay blancos. El sitio era como tierra de nadie, sucio, descuidado e inseguro. Por lo que me contaron ese es el problema de los sitios en los que los blancos han decidido tirar la toalla y marcharse. Se han agrupado en algunas ciudades y los negros han tomado el control del resto. Una de las nuevas leyes obliga a que el noventa por ciento de los empleos públicos sea para los negros y el diez por ciento restante para los blancos. Esta ley está destruyendo el país. Los hijos de los blancos no consiguen trabajo y se están marchando a otros países. Para ocupar todas esas plazas han tenido que rebajar los niveles exigidos en las universidades ya que no muchos negros superaban los estudios. Como resultado de esto ahora se aprueba con un cuarenta por ciento de aciertos en un examen (4 sobre 10). Los resultados se han notado casi inmediatamente. La gente por ejemplo no quiere ir a médicos negros porque no es lo mismo que un abogado haya obtenido el título sin aprobar a que sea un médico el que lo haya hecho. Da un poco de pena el ver como toda esta sociedad se está desmoronando. Ya he comentado algo sobre la seguridad. Aquí las casas son fortines y lo mismo pasa con los coches. Cuando te compras uno lo tienes que asegurar y para ello le tienes que poner un localizador por satélite para poder recuperarlo en caso de que sea robado. Todos los coches vienen de serie con alarma, incluso los de alquiler. No vas por las calles con los seguros de las puertas desactivados y salvo en el centro de la ciudad o en zonas seguras, no sales del vehículo. Ellos viven en este ambiente y les parece normal pero para mí es algo extraño y que me acojona bastante.

Volviendo al viaje, llegamos al parque que íbamos a visitar, llamado Greater St. Lucia Wetland Park y nada más aparcar el coche vemos un grupo de unos ocho hipopótamos en el agua y cerca de ellos un montón de cocodrilos. Nosotros estábamos a un lado de una bahía y ellos en el medio, a unos cuarenta metros de nosotros. Todo el mundo paseaba tranquilo, los chiquillos jugaban por allí como si no pasara nada. Por lo que me han contado a veces la gente va andando por dicho paseo con sus perros y estos se acercan mucho al agua y desaparecen en las fauces de los cocodrilos, lo típico vamos.

Estuve un rato largo haciendo fotos y descubrimos que justo encima de donde nos encontrábamos había un club de esquí acuático. Fuimos por allí y nos permitieron entrar a tomar unas birrillas y usar su mirador para ver a los hipopótamos y los cocodrilos. Así que pasamos la tarde del domingo entre cervezas sudafricanas y animales salvajes. Los hipopótamos son muy perezosos durante el día. Se quedan sumergidos en el agua en manada tocándose los huevos unos a otros. Por la noche es otra cosa, salen a comer hierba y son máquinas asesinas. Estos animales odian particularmente el fuego y si ven a alguien haciendo una hoguera van en estampida contra la misma y la apagan al arrasarla cruzando por encima. Tampoco les gusta que te acerques demasiado a ellos y si te pillan, te matan sin pensárselo. No por algo son la primera causa de muerte en este país, seguidos por los cocodrilos.

Un par de horas más tarde apareció un barco con turistas. Un cuarto de hora antes de que llegara vimos que los hipos se volvieron más activos y unos cuantos se dispersaron. El barco fue primero hacia un grupo de cocodrilos y estos saltaron al agua y empezaron a rondarlo. Cuando trataron de acercarse a los hipopótamos, los que se habían dispersado habían creado una barrera y cada vez que el barco se les acercaba salían del agua gritando y mostrando los dientes amenazadoramente. Aproveché para hacer mis fotos. La gente abordo debía estar bastante impresionada. Estuvieron tratando de aproximarse un cuarto de hora pero sin mucho éxito. Finalmente desistieron. Al marcharse la manada se reagrupó y volvieron a su relajado descanso.

Cuando nos aburrimos volvimos a Richards Bay y fuimos a cenar a un restaurante portugués. Por la noche nos acostamos temprano porque el lunes empezábamos a trabajar a las siete de la mañana. Así pasó mi primer fin de semana en Sudáfrica, entre animales salvajes y comidas copiosas en esta sociedad decadente y moribunda condenada a cambiar.

Aprovecho para cerrar esta anotación dándoos las gracias en Zulú por leerla. Ngiyabonga a todos.

Si quieres continuar con el relato, sigue el enlace hacia Richards Bay y una cena para recordar

Jirafa

Jirafa

Jirafa, originally uploaded by sulaco_rm.

De todos los animales que he visto en Sudáfrica las jirafas han sido las que más me han impresionado. Tienen un porte y una belleza difícil de explicar. Son enormes y al mismo tiempo se les ve muy delicadas. Cuando se mueven parecen grandes dinosaurios explorando los arbustos. Son también los más fotogénicos y predispuestos a posar para la cámara.

Si quieres ver otras fotos del viaje a Sudáfrica las puedes encontrar en el álbum de fotos de Sudáfrica y si quieres leer el relato de dicho viaje, tienes su índice en Memorias de Sudáfrica

Bicho raro

Cuanta más gente conozco más me convenzo de que soy un bicho raro. Ya sea en Canadá, los Estados Unidos, Omán, Alemania, España, los Países Bajos o Sudáfrica, la gente tiene unas preocupaciones básicas que divergen totalmente de las mías. Sólo parece interesarles trabajar, acumular dinero, procrear y llegar al día de mañana de alguna manera.

Se les nota como aborregados. No aspiran a otra cosa. No se levantan con la frescura que da el saber que quizás hoy verás una estrella fugaz y tendrás la oportunidad de pedir un deseo, no sueñan con teletransportarse a galaxias lejanas en las que almorzar mientras una suave brisa de amoniaco golpea contra los cristales del restaurante que está suspendido sobre una nube bajo la que perezosos animales extraterrestres juegan cansinamente. Ni siquiera esperan esos pequeños momentos durante el día que sabes que recargarán tu energía vital y harán florecer tus chacras.

Yo debo ser un soñador y un aventurero porque veo grandes batallas librándose a mi alrededor en las que tomo parte, momentos extraordinarios de los que soy testigo, vidas paralelas que cruzan universos en expansión y que te saludan al verte pasar. Vivo al día y sin embargo sé que no tengo nada de lo que preocuparme. Apuesto y gano en el juego de la vida. No son grandes premios como los que parecen buscar los otros, pero son suficientes. Recorro el mundo, cabalgo sobre los aires en bestias de metal que hacen un ruido monstruoso, visito lugares extraños, capturo momentos, descubro culturas exóticas y al final del día cuando me acuesto me asombro recordando todas estas cosas.

Cuando acaba el año hago balance y pienso que han sido doce meses increíbles y que no podré superarlos en el futuro y de alguna forma, Al final de la siguiente vuelta del calendario vuelve a suceder lo mismo y he roto todos los límites que alcancé el año anterior.

Mi paciencia es la única que parece disminuir con el tiempo. Especialmente el departamento dedicado a los humanos. Cada vez los entiendo menos y me siento más como un extranjero en tierras impías. Sucede a menudo que tengo que contar hasta diez antes de tirarme a la yugular de mi interlocutor y acabar limpiamente con su existencia. No hablo de momentos en los que la ignorancia juega en contra de esas personas sino de esas otras acciones que no puedo comprender como una madre cruzando con sus hijos pequeños una carretera sin agarrarlos de la mano mientras estos juegan a la pelota o esos tipos que van de rally con sus coches por zonas residenciales o esa gente que rompe una cola para ganar dos instantes y sentir la satisfacción de haber jodido al prójimo.

El hecho de que mantenga esta bitácora también parece ser un síntoma que confirma lo raro que soy. Llevo un montón de tiempo con una ventana abierta por la que se asoman extraños que en ocasiones brillan como supernovas y pasado un tiempo no se sabe nada más de ellos. La gente viene y va, lee historias en estas tierras, comenta en escasas ocasiones y sigue su camino. Sus comentarios dan ánimos, insultan o desbarran hacia absurdos lugares. Hay muchos ejemplos almacenados por aquí. Nos enfrentamos con pasión tratando de imponer nuestra irrefutable opinión y otros días algo que yo pienso que despertará algún dedo inquieto dispuesto a teclear y sentar cátedra pasa sin pena ni gloria. Hay tardes de domingo que me pierdo en los archivos leyendo lo que escribí hace dos años, avergonzándome con mi torpe escritura, mi incapacidad para expresar algunas cosas de forma coherente pero también riéndome con las gamberradas que existen aquí dentro, salpimentadas por los comentarios y recordando viejas historias. Tarde o temprano tendré que agrupar esos instantes congelados y escribir el libro de mi vida, un libro sin nombre. En tanto en cuanto haya al menos una persona que se interese por pasar por aquí y se moleste en leer lo que escribo seguiré haciéndolo, a menos que descubra un nuevo formato más atractivo y dinámico.

Al final todos somos felices de formas distintas. Unos apechugando con sus problemas y preocupaciones y otros con el placer que supone el saber que después de este maravilloso instante vendrá otro que quizás sea aún mejor.

Impala

Impala

Impala, originally uploaded by sulaco_rm.

Una joven impala se separa de la manada y se acerca a mirarnos. Em Hluhluwe Imfolozi hay más de veintisiete mil de estos animales. Forman parte de la cadena alimenticia de leones, leopardos y otros depredadotes.

La vida a veces es muy cruel. Ellos únicamente quieren pastar y a disfrutar de la vida en ese precioso ambiente y sin embargo han de aguantar la presión y el acoso de todos esos depredadores.

Si quieres ver otras fotos del viaje a Sudáfrica las puedes encontrar en el álbum de fotos de Sudáfrica y si quieres leer el relato de dicho viaje, tienes su índice en Memorias de Sudáfrica