Planta 33 – capítulo tercero

Si te has fijado en el título verás que este es el capítulo tercero de una historia que comenzó en Planta 33 – Capítulo primero y continuó en Planta 33 – capítulo segundo.

Estar todo el día pendiente de la evolución bursátil no es un trabajo sencillo y libre de stress. No puedes distraerte un instante porque nunca se sabe lo que va a suceder. Cualquier evento en el mundo puede alterar la tendencia del día y dispararla en sentido contrario. Son esas alteraciones las que producen dinero. Compras y vendes en cuestión de minutos y aprovechas el pánico de los demás para llenar la saca. En cierta forma somos como piratas que se han actualizado y ahora navegan por un mar de información que puede hacer rico a cualquiera que sepa como usar todo ese océano de conocimiento. El ciclo de tu vida lo marca el mercado. Es bueno saber que ha sucedido en otras partes del mundo aunque el mercado americano es el más poderoso y muy pocas perturbaciones exteriores le afectan. Por eso me levanto temprano, reviso la prensa económica del día y pienso un poco la estrategia a seguir.

Cuatro días atrás mientras tomaba el primero de muchos cafés mañanero mi amigo Jorge me llamó. Me habló sobre un posible negocio y traté de verificar la información. Me dijo que estaba en un edificio de Nueva York cerca de la playa con las cuatro plantas superiores totalmente vacías y perfectas para hacer apartamentos y venderlas en una zona que se revaloriza a cada minuto que pasa. Dada la diferencia horaria cuando recibí la llamada aún estaba en casa leyendo las páginas de la prensa económica. Por suerte la red nos permite conseguir casi todo lo que necesitamos sin tener que movernos de nuestro sitio. Son las ventajas de esto que se ha querido en denominar la Sociedad de la información. Cuando traté de comprobar los datos sobre la finca esas cuatro plantas no existían. Llamé a Jorge para decírselo y la comunicación se cortó. Desde entonces no he conseguido hablar con él, siempre me sale su buzón de voz. Ayer debería haber vuelto pero nadie parece haberlo visto y tampoco responde a los correos, algo extraño en él. En la aerolínea no han querido pasarme información y no sé si tomó el vuelo. Al principio no le di mayor importancia pero ahora he comenzado a preocuparme. He hablado con otros amigos y nadie sabe nada de él. Esta mañana llamé a sus padres y ellos tampoco han recibido noticias suyas. Desapareció del apartamento en el que se estaba quedando dejando todas sus cosas dentro. La policía no fue de mucha ayuda cuando sus padres trataron de poner la denuncia. Decían que debía pasar un tiempo y que quizás estaba quedándose con alguien. A un mayor de edad no se le declara fácilmente desaparecido. La dueña del apartamento confirmó que sus cosas seguían allí. Unos días más tarde la policía finalmente comenzó las pesquisas. No habían encontrado ningún cuerpo sin identificar en la ciudad y los hospitales tampoco tenían a nadie que respondiera a su descripción. En estos primeros momentos eso era algo positivo. Quizás estaba viviendo alguna aventura y se le había pasado el tiempo volando pero aún así seguía siendo impropio de él.

Ahora no podía concentrarme. Seguía pensando en aquella última conversación y en la manera en que había terminado. No le podía contar nada a su familia porque seguro que los iba a preocupar más y si la policía averigua que el edificio sólo tiene doce plantas seguro que me toman por loco. Gracias a Google maps hoy en día uno puede ver prácticamente cualquier lugar dentro de una ciudad sin salir de casa. Busqué la dirección y pude ver el edificio pero la toma aérea no permitía contar las plantas. Mis contactos en Nueva York no son de mucha ayuda porque es gente que trabaja en la Bolsa, ratas del parquet que son capaces de multiplicar tu dinero por dos o soplarte información confidencial pero si les hablas de algo que ha sucedido en el mundo real te mirarán extrañados y se sentirán incómodos.

Esperaba no tener que llegar a ello pero tras unos días ya había asumido que tendría que ir a Nueva York e investigar por mi cuenta. La madre de Jorge me lo agradeció mil veces cuando se lo comuniqué. La mujer ya está mayor para viajar y no sabría que hacer allí o como moverse. Se pasa el día en su casa llorando y rezando para que su hijo vuelva pronto mientras su marido no habla sobre el asunto. Intento imaginar lo mal que lo están pasando pero no puedo.

Conseguir pasaje no fue difícil. Hace un par de décadas sería imposible viajar comprando los billetes en el último minuto pero ahora no sólo tienes donde elegir sino que te ahorras dinero si lo haces en el mismo día del vuelo. Preparé una maleta pequeña para no tener que facturar. Soy un maniático y me molestan los cambios así que cogí tres mudas de ropa, todas iguales. No esperaba pasar más tiempo en Nueva York. Supongo que habrá quien piense que ando siempre con la misma ropa porque no ven variaciones en mi aspecto y salvo que pudiesen husmear en mi armario no tienen forma de saber que tengo unas quince mudas iguales, lo suficiente para dos semanas. Cada siete días la señora que mantiene mi casa habitable lo lava y plancha todo y sigue un estricto orden en la colocación de la ropa limpia. Cada camisa, calzoncillo y calcetín tiene un número y cada día uso las prendas con el mismo número. Los lunes tienen asignado el uno y los domingos el siete. Así no tengo que preocuparme por la ropa. De cuando en cuando voy con una amiga de compras y si veo algo que me gusta y me apetece cambiar, compro catorce prendas iguales y las incorporo al vestuario. El mismo orden que sigo con la ropa rodea mi vida. En la cocina las cosas están en su sitio y siempre hay cantidades razonables de lo que me gusta. Ya tengo bastantes sobresaltos con la bolsa como para tener que preocuparme por las cosas que están a mi alrededor. Prefiero el orden al caos.

Cuando tuve el equipaje preparado cogí todos los artefactos tecnológicos que podían serme útiles y llamé a un taxi para ir al aeropuerto. Mis corredores de bolsa recibieron un correo con la información que necesitaban para mantener mi dinero a salvo y de cualquier forma podían contactarme a través del teléfono. Salí de casa con la incómoda sensación de quien debe hacer una tarea para la que no está preparado y sabiendo que quizás no me gustara lo que podía descubrir.

Debe ser tu día de suerte porque estás a un enlace de distancia del siguiente capítulo de esta historia, Planta 33 – capítulo cuarto

4 opiniones en “Planta 33 – capítulo tercero”

  1. De repente he visto en la cabeza la casa esa de la película Durmiendo con su enemigo. . . que mal cuerpo me estás dejando!

  2. No creo que siga el camino de Durmiendo con su enemigo. Se me empiezan a acabar las ideas sobre como continuarla. Esa es la mala noticia. La buena es que esta mañana se me ocurrió otra historia que seguro acabaré escribiendo.

    En este caso estoy jugando con formatos, con ideas y tratando de ver si puedo desarrollar algo de al menos diez mil palabras. El comienzo es siempre fácil pero ahora que tengo las cartas sobre la mesa, me bloqueo y no hay manera.

  3. ¿Voy a tener que darte consejos ahora? Escribe lo primero que se te pase por la cabeza, la historia no necesita seguir una línea tradicional ni parecerse a una película taquillera, tú sigue.

  4. Eso es lo que hago y por eso se me van las ideas. Si quisiera escribir un bestseller ahora mismo estaríamos en una isla con niebla y los dinosaurios aparecerían en el capítulo cuarto. Mi interés decae porque llega un momento en que me aburre crear una historia y prefiero saltar a otra cosa.

Comentarios cerrados.