Tiempo o la falta del mismo

En las últimas semanas me he acostumbrado a levantarme muy temprano e ir a trabajar a horas intempestivas. Lo normal es que esté en la oficina a las ocho menos cuarto y que sea uno de los primeros. Viajando a esas horas, el tren va con abundantes asientos libres, las calles están todavía libres de madres en bicicleta llevando a su prole al colegio y el tráfico entra en la ciudad fluidamente. Al salir de mi casa en Utrecht recorro calles vacías y solo cuando llego a la estación me encuentro con todos los bichos que como yo, salen temprano para ir al trabajo. Mi primera hora en la oficina es un placer, sin nadie que me moleste y en un silencio solo rasgado por la respiración del japonés que comparte despacho conmigo y que casi no habla. Ambos hacemos nuestras cosas, resolvemos asuntos y nada parece interrumpirnos, solo que esa nada se acaba en cuanto llega mi jefa, cerca de las nueve. Nuestro silencio la enerva y en seguida se pone a hablar. Curioso como yo, el africano, el latino, soy el que aprecia el silencio y ella, la danesa, la fría nórdica, necesita ruido de fondo. En algún momento entre las nueve y las nueve y media el Rubio me suele llamar y me obliga a hablar mientras hace el trayecto a su oficina. Nos contamos todos, repasamos nuestras vidas y milagros, fantaseamos, planeamos, nos picamos pero raramente criticamos a nadie, algo que de siempre me ha llamado la atención. Nuestras conversaciones son en realidad la misma, una única que se extiende a lo largo del tiempo y que tiene un nuevo episodio cada día. El Rubio siempre me reprocha que aún no hemos montado una empresa y yo siempre le reprocho que aún no haya tenido una buena idea para montarla. Hace unos años, el tema era sobre las borracheras y las aventuras que vivíamos juntos. Después, sutilmente, cambió a las cosas que hacía la Unidad Pequeña Número 1, como había señalado algo o dicho una palabra o sacado la lengua. Podía pasarse horas describiéndome todos los detalles con una genuina adoración. Después llego el segundo y luego la tercera y como los niños se repiten, los informes eran más escuetos y solo marcaba los eventos extraordinarios. Esto me recuerda una amiga con dos hijas a la que le pidieron en el colegio una foto de la pequeña y entonces se dio cuenta que no tenían y tuvo que mandar una de la mayor. Somos animales a los que la novedad nos fascina pero que no sabemos como tratar las repeticiones. Cosas como estas me animan a prestar atención a los detalles en todo momento, a mirar cada jornada como si fuera el primer y el último día en el que vaya a existir. Disfruto igual preparándome un desayuno en domingo que haciendo magdalenas una y otra vez para regalar o escribiendo y repitiéndome en esta bitácora. Sé que el tiempo que tengo es finito y no quiero desaprovecharlo.

Al volver a casa temprano, se supone que aprovecho mucho más la tarde pero no sé como me las apaño que al final no tengo tiempo de nada. Hoy es un buen ejemplo. Salí de la oficina a las cuatro, al regresar pasé por el supermercado y compré un par de cosas para hacer la cena, la cual no me tomó más de veinte minutos para preparar. En paralelo hice magdalenas y me acordé que tenía que hacer un lavado y que la lavadora ya estaba llena. La encendí y me puse a hacer deberes de italiano y casi sin darme cuenta habían pasado dos horas y entre medias, había plantado un montón de flores en el jardín y había preparado Lacitos de hojaldre para regalar mañana. Saqué la ropa de la lavadora y cuando volví a parpadear, era casi las nueve de la noche. Aún me queda envolver los regalos para los niños del Rubio ya que mañana voy a cenar con ellos y los chiquillos obligaron al padre a llamarme por la tarde para confirmar que los llevaré conmigo.

Hoy me acordé que en España es Semana Santa. Se me había pasado totalmente ya que aquí el único festivo es el lunes de Pascua. Los primeros años en Holanda esos días siempre eran un suplicio porque de repente era como si cortaran el cordón umbilical que me conecta a toda la gente que conozco y no sabía de nadie pero ahora realmente no me preocupa lo más mínimo. Creo que invité a unos amigos a cenar el domingo y ahora que lo pienso, debería decirles que vengan el lunes ya que no trabajamos y así hago otro despliegue de comida, aunque quizás por eso tengo la sensación de falta de tiempo, por todo el que uso para eventos sociales. Debería retirarme a una cueva a meditar y pasar allí medio año, aunque me temo, que también me faltaría el tiempo y encontraría mil y una maneras de estar muy pero que muy ocupado.

3 opiniones en “Tiempo o la falta del mismo”

  1. No sé cómo lo haces, pero todo lo que dices haber hecho en dos horas, a mí me hubiera llevado el doble. El tiempo se me pasa en un suspiro. ?sa filosofía de vivir el día a día como si fuera el primero y el último, es el principal propósito que tengo actualmente. Y el silencio, es uno de los valores más importantes de mi vida. Si alguna vez quieres disponer de una cueva, para ésa meditación de la que hablas, te puedo dejar la mía. Nací en un pueblecito de cuevas, en Granada, y tengo una allí. Aunque estoy segura de que para la meditación necesitarías como mínimo un par de años; porque visto de lo que eres capaz….encontrarías cientos de ocupaciones.

  2. Pobrecilla la chiquilla que no tenía foto y tienen que poner una de la hermana, espero que se parezcan al menos, porque esta mañana leyendo una noticia de un chorizo que han pillado no sé dónde, he visto que tenía un montón de carnets falsos y uno de ellos con una foto de Jack Nicholson, de traca.

  3. Cada día tengo más claro que como lo que te vas a llevar p’al otro mundo es lo que hayas vivido, no lo que hayas acumulado, hay que vivir, hacer cosas y disfrutar lo más posible porque cada minuto que pase no vuelve más.

    Y mira, de refilón tocas un tema que siempre me llamó la atención, la gente que no soporta el silencio. Me pasaba en la oficina, yo soy capaz de trabajar sin poner la radio, sin decir ni mú, a mi aire y concentrado en lo que hago. En cambio hay otra gente que si no está puesta la radio le falta algo, si no hablan les falta algo, si no hay ruido parece que les falta algo…

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