Vals

Mi primera película holandesa del año ha resultado ser una que está basada en un libro que yo no he leído y que parece que gustó mucho en el país. Aunque en ningún momento de la historia tenemos las edades de los protagonistas, dado que van conduciendo en coche al inicio de la película, yo diría que están en los dieciocho años justitos, aunque como siempre, los chicos parecen más jóvenes y alguna de las chicas encajan perfectamente en la definición de putón verbenera por el exceso de maquillaje que las lastra. La película que voy a comentar se titula Vals y no está previsto ni jartos de güiski de garrafón su estreno fuera del país ni siquiera con el fabuloso título de truscoluña no es nación que le habían buscado.

Un grupo de julays se van de fin de semana a una keli en el campo belga y acaban a la gresca y arañándose unas a otras por un quítame tú ese pollote.

Cuatro presuntas amigas, quizás podemitas, que esa chusma y gentuza tienen un concepto muy criminalizado de la amistad, se van a una keli en el campo belga a pasar el finde. Desde el principio se ve que se llaman amigas o por llamarse enemigas ya que hay dos que se tienen una tirria que no se puede ni describir con palabrotas. Cuando llegan a la zona, se cruzan con tres chamos cazando conejos y claro, hacen lo que todos, directamente los invitan a su keli para una fiesta en la que se emborrachan y se jartan a morrearse y quizás algo más. Mientras, una desaparece, otra sospecha y comienzan las movidas chungas en esa casa en la que acaban todas con cuchillos y dispuestas a saltar como gatas a la mínima, o algo así.

Supuestamente esta es una historia de jóvenes y aquí lo que me alucina es el concepto ese de la amistad en el que tú te juntas con la gente que realmente odias y después gastas tu vida en odiarlos y tratar de hacerles putadas o algo así. Todo esto está además adornado con un fin de semana sin conexión a Internet para cuatro adictas que cuando están juntas buscan sus teléfonos desesperadas y pasan más tiempo mirando a la pantalla que hablando entre ellas, que no hablan, se lanzan puñaladas traperas como la del traidor ese truscolán que le ha dado sentido a la expresión. La parte con los chicos es una fiesta de borrachuzos en los que las tías parecen competir por robar el macho con el que morrearse. La historia se pierde entre tanta vendetta y tanto giro fabuloso para sorprender al espectador y cada vez se vuelve más y más irreal con estupideces que no vienen a cuento de nada. Finalmente, para cuando llegamos a la resolución, todo es tan absurdo que da lástima.

Esto puede aterrorizar de puro tedio al más fetén de los miembros del Clan de los Orcos y seguramente enojará de por vida a cualquier sub-intelectual con GafaPasta que la vea. Para olvidar.

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