Verdulero de oficina

Mientras Genín se echa la siesta de doce horas y Virtuditas mata la tarde sentada en el coche para que el culo no le pierda la forma y así poder seguir fardando con su calificación de culocoche, yo estoy siempre en modo hiper-mega-activo complicándome la vida y explorando estos y esos mundos de los dioses. La semana pasada decidí que iba a hacer un pedido de pimientos de Padrón a un invernadero holandés que los cultiva y vende. Como los gastos de envío son de ocho leuros independientemente de la cantidad, organicé rápidamente una campaña de captación de coleguillas que necesitaban imperiosamente comprar productos en esa tienda. Este es uno de esos buenos ejemplos en los que despliego mis dotes de manipulación y ayer cuando puse el pedido, eran un montón de kilos de productos y casi cien leuros y los gastos de envío se reducían a un leuro por persona. Antes de poner la orden en el sistema ya había contactado con la tienda y me había hecho más-mejor-amigo de la persona allí así que a la una de la tarde entré el pedido, a las tres estaba procesado y a las cuatro estaba avisada la compañía de mensajería. Esta mañana me vine a trabajar con una báscula portátil y varias bolsas y a la una de la tarde reservaba una sala de reuniones para asuntos muy urgentes.

El pedido

Me llegaron varias cajas, todas unidas, en unas con varios kilos de pimientos de Padrón, en otra con pimientos japoneses, también productos picantes mejicanos, salsas y hasta tomates. Como nuestras salas de reuniones están acristaladas y se puede ver desde afuera, se montó un revuelo cuando me veían abriendo cajas y pesando pimientos y gente viniendo a recoger su pedido. Esta semana Santa en Holanda las tapas de pimientos de Padrón van a ser muy populares. Con esto mi impoluta reputación de marrullero y chaflanero crece exponencialmente y ahora soy oficialmente el verdulero de la oficina, ya que literalmente, me dedico al mercadeo con verduras. Si en el gobierno alguien está controlando mi cuenta bancaria, tienen que flipar con los pequeños ingresos que llegan a la misma con textos muy exóticos y que parecen ser mensajes encriptados en código pimiento.

En paralelo a esto tengo otros dos proyectos que igual suceden hoy. Uno es un plato para una cena modesta y sencilla con burritos de judías negras y aguacates. Lo tenía pensado para el sábado pero me falta un ingrediente y en el supermercado chino me lo han pedido y me llegaba ayer, así que espero conseguirlo hoy. La otra son unas rosquillas de naranja que quiero hacer para repartir en la oficina y así recordar a los terroristas-musulmanes-de-mielda que en esta latitud y longitud, aquí predomina el ateísmo y el cristianismo y ambas celebran la Semana Santa. Voy a tener que buscar más recetas con chocolate con un alto porcentaje en cacao porque en la oficina me están regalando tanto que mi casa parece un supermercado. Como de cuando en cuando traigo un brownie, ahora la gente en lugar de pedirme que lo haga, me dan el chocolate para que entienda más fácilmente el concepto. Lo malo es que no me regalan un paquete, me dan dos o tres y ahora mismo tengo la despensa petada.

3 opiniones en “Verdulero de oficina”

  1. Espero que habrás negociado con la tienda que te den una comisión pagadera en especias, que luego la gente es mu desagradecia… 🙂
    Salud

  2. La semana pasada los plantaron en mi casa, junto con los morrones y las tomateras gigantes, parece que van bien. El año pasado hubo tantos tomates deliciosos que tuvimos que meterlos en conserva para no dejarlos pudrir, y hacen las mejores salsas del mundo mundial. Ya nos irás contando como se te da la plantación pimentera.

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