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Segunda fase del paisajeo del oeste del reino

Ayer hablaba de la Segunda fase del paisajeo del este del reino y hoy le toca a la otra frontera, aquella que ya mencioné en Paisajeando el oeste del reino y que también ha llegado a su segunda fase. Esta la hicimos al día siguiente de la otra y como me había quedado sin tierra, esa misma tarde, casi al cierre de cierto supermercado alemán, me pasé por el mismo y compré tres bolsas de veinte litros de tierra. A la pregunta ¿por qué tres y no cuatro o cinco? hay que responder que tres es el número máximo que puedo transportar en una de mis bicicletas, poniendo dos en sus bolsas laterales y la tercera sobre la parte trasera y es como llevar a una persona obesa y quizás culocochista sentada detrás de ti. Como sabía que no sería suficiente, al día siguiente, a las siete de la mañana, que es la hora mágica en ese supermercado porque acaban de abrir y no hay nadie con enfermedades contagiosas, regresé y compré otras tres bolsas con lo que en total contaba con ciento veinte litros de tierra. La superficie a plantar era menor y calculé mejor y si fallaba, pues viaje en bici durante el día y siempre puedo conseguir más. Después vino lo habitual, aplastando el suelo, añadiendo la nueva tierra, regándola, después poniendo las semillas, añadiendo más tierra, regando de nuevo y cubriéndolo todo con plástico y por supuesto, un montón de botes vacíos para mermelada porque a esas alturas ya no me quedaban estacas, aunque hice algunas con un palo de madera que vino con la última parra que compré y que por el síndrome de Carlos Jesús y gracias al Ave María, nunca tiré y mira por tú el partido que le saqué. En esta banda anteriormente había una cantidad de zarzamoras que es difícil de creer y he estado encontrando raíces de metros y metros de largo desde que las arranqué en otoño. Al fondo y pegada a la keli de las bicicletas tenía un montón de plantas de fresas que llevaban ahí más de una década y que todos los años daban una cantidad ingente de fresas que volvían inservibles las babosas, a las cuales también les ha llegado su hora y las encontré y eliminé, para jolgorio de los pájaros que bajaban a comerlas cuando yo se las iba dejando por el otro lado del jardín.

Por esta parte y pegada a la puerta de la keli de las bicis está la parra más joven y que da unos racimos espectaculares de uvas super-hiper-mega dulces. Si la vuelven a poner a la venta en la cadena de esos supermercados teutones me compraré otra para poner en el otro extremo de la pérgola con el objetivo final de darle la extrema unción a la más antigua que tengo, que produce unas uvas amargas como hembra podemita o truscolana, esas que todos rezamos para que pronto les llegue su extinción y la de especie rastrera y miserable. La planta que escapó a todos los cambios y que vemos al fondo es un frambueso que produce unas fabulosas frambuesas que me como de zorrudo sin decirle nada a nadie porque son épicas. No es una planta para nada agresiva y nunca ha tratado de expandirse así que podrá seguir en ese lugar y darme alegrias y cosas buenas una vez al año. En la parte superior de la keli de las bicis se ve una pequeña bolsa colgando, ese es el sensor exterior de mi aparato para medir la temperatura y la humedad fuera, que por más que digan que están fabricados para poder ser usados al aire libre, parece que ese aire libre no es el holandés así que ahora está dentro de una bolsa y me dura cienes y cienes de unidades de tiempo más que antes, que parecía que cada dos años tenía que comprarme un chisme nuevo y así tengo uno en la oficina, otro en mi dormitorio y el tercero es el de ese sensor y espero que el último en al menos una década.

La valla, ahora que no están las zarzamoras, la tengo que lijar y pintar, que los años con las zarzamoras la han dejado en muy mal estado.

Pese a las veinticuatro horas de diferencia entre el trabajo en ambas fronteras, la del este tiene la hierba ya saliendo una semana más tarde y la del oeste no. Mi vecino busca complicadas explicaciones pero es más sencillo, de ese lado, la cantidad de sol directo es mucho menor, por la tarde la valla pone toda esa parte en la sombra y está claro que el efecto invernadero del plástico funciona mucho mejor cuando hay bastante sol para calentarlo. No tengo prisa y sé que tarde o temprano crecerá.

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Segunda fase del paisajeo del este del reino

Poco a poco y con la paciencia de las hormigas esas que gustan de buscarte y picarte y que por Asia se dan unos banquetes tremendos con los julays como yo cuando se te suben a la cama, voy alterando el aspecto del jardín, paisajeando para que adquiera el aspecto que una vez en un mundo pasado que todos sabemos que era mejor y en el que hasta había cines y billetes de avión barato y se podía ir a bucear por todo el mundo, en ese mundo, yo soñé con tener una enorme superficie de césped en mi keli, casi todo césped, de banda a banda en la parte de atrás de la casa. Ya vimos en Paisajeando el reino los preparativos de la frontera este y hoy avanzamos hacia la siguiente fase, la de crear vida. Comenzó yendo a una de esas mega-ferreterías que en Holanda hay por todos lados y que venden de todo y allí compré, con mi vecino, ciento sesenta litros de tierra, en sacos de cuarenta. Uno de los grandes misterios del universo que mi ignorancia no comprende es la razón por la que la tierra se vende por LITROS, al menos en los Países Bajos ya que jamás fui a comprar tierra en Gran Canaria. También aprovechamos para comprar un rollo de plástico de los que se usan para cubrir el suelo y los muebles cuando pintas y evitar un desaguisado. Después, con todo a mano, comenzamos aplanando la tierra que ya había, añadiendo encima la nueva, humedeciéndola, después repartiendo las semillas de césped, cubriendo con un poco más de tierra y finalmente cubriéndolo todo con tiras de plástico, que además de proteger las semillas de los pájaros, crearán el famosísimo efecto invernadero y acelerarán el nacimiento de esos nuevos miembros de mi cuca familia.

Para fijar el plástico al suelo pusimos estacas (juro por las bragas más mojadas de Mafalda que hay otra palabra en español para esto pero se ha borrado de mi cabezón de papagüevo palmero) y después añadí botes de los que aprovisiono para cuando hago mermelada y que finalmente resultaron muy útiles cuando cuatro días más tarde hubo un temporal de viento y gracias a ellos, los llené de agua y todo permaneció en su sitio. Por suerte hemos tenido días de calor extremo y el efecto invernadero está funcionando tan bien que ya ha comenzado a salir el césped, algo que veremos en alguna anotación posterior.

La mujer de mi vecino nos dijo que habíamos comprado poca tierra y tuvo razón. Por suerte yo tenía CUARENTA litros más en dos bolsas de veinte, que son las que venden en el supermercado en primavera y verano y con los DOSCIENTOS litros de tierra nos apañamos.

En línea estamos viendo primero los dos manzaneros, después la parra del este, tras esta la catalpa y ya a lo lejos y ocultos por la catalpa hay un guindo que está petado y un árbol de albaricoques que es un disgusto y una decepción y como no espabile, el año que viene lo arranco y pongo otro allí, que tres años sin dar frutos es totalmente inaceptable.

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Paisajeando el oeste del reino

Hace un par de semanas veíamos en Paisajeando el reino el trabajo en la frontera del este para incrementar la superficie de césped, que tras casi quince años es definitivamente lo más cómodo para mi, ya que el mantenimiento se hace en poco más de cinco minutos cada semana cortando el césped y algún minuto más arrancando malas hierbas, sobre todo esos odiosos dientes de león. En mi plan original, iba a realizar solo el este del reino y dejaba el oeste para el futuro pero como estoy en casa todo el tiempo, los días son largos y mi vecino se aburre, una mañana me puse a preparar la frontera oeste del reino y el vecino se me unió y ya la hemos dejado lista para la siguiente fase. En este caso, la zona de césped solo se expanderá unos cuarenta centímetros y algo más en el tramo pegado a la keli de las bicis. Hasta el otoño pasado, ese lado era una jungla de zarzamoras y en la parte pegada a la caseta, había un montón de fresas que al final no me comía porque las atacaban las babosas, así que en esta primera etapa, asesiné unos cientos de babosas y caracoles, extirpé las malas hierbas y después aflojé la tierra. Una de las razones para no haber puesto el césped hasta la valla al inicio fue que la dueña anterior tenía su jardín un poco más hundido que el mío y cuando echaba tierra por ese lado, se iba hacia su casa. Cuando pusieron baldosas en todo su jardín, eso se arregló. En la imagen que viene a continuación también se puede ver la estructura de mi hamaca, que uso con muchísima frecuencia y las jardineras en donde espero que me crezcan los pimientos de Padrón. La única planta que sobrevivirá en esta zona es la que está en la esquina y que da frambuesas, deliciosas, fabulosas y además la planta no se expande, que lleva ahí un montón de años y jamás ha querido multiplicarse como hacían las zarzamoras. En la foto también se ven las dos parras, una en la pata derecha de la pérgola y la otra, más joven y finita, justo al final de la zona que estoy arreglando.

En realidad esto ya es historia porque ya he implementado la segunda fase en ambos lados pero como se me había pasado el tema, ya seguiremos con eso la semana que viene.

Como nota anecdótica decir que cuando algunos ancestrales han venido a visitar a mis vecinos les han preguntado si hay gente nueva en la casa porque el jardín está arregladito y espectacular, a lo que ellos siempre responden que se me ha pasado la edad del Pavo y que estoy en una nueva fase de mi existencia en la que todo lo veo con césped, que luce muy bonito y ordenado. También sirve fabulosamente para tomar el sol y disfrutar del jardín.

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Paisajeando el reino

Por culpa de la peste negra que surgió después de que ese hediondo criminal de pelo-fregona huyera de España tras inventarse truscoluña y se refugiara en el país con la mayor proporción de pedófilos del universo conocido, por culpa de ese surgió la plaga que está asolando el mundo y nos obliga al recogimiento y la meditación, para algunos, o a hacer deporte, trabajar desde casa y disfrutar del jardín, para otro, casualmente conocido como el Elegido o en sus otras variantes, de Uitverkorene, il Scelto o sencillamente the Chosen One. Como no quiero pasarme el día criando culo como algunos que no vamos a mentar, ahora que estoy cerca y tengo el tiempo me he puesto a practicar el paisajismo, que es como la versión pijo-podemita de nuevos ricachones de lo que antes era trabajar en el jardín. Ya comenté en su día que en otoño me deshice de todas las plantas de zarzamoras y allá en su día, ya veía lo que quería hacer en mi cabezón. En el linde al este de mi pequeño reino quería expandir el césped, que es agradecido y se cuida más o menos fácilmente. Durante las semanas de encierro he ganado una guerra contra los dientes de león y ya su presencia en el jardín es anecdótica, hace casi cuatro días que no veo una flor o una planta asomando cuando hasta la semana pasada, cada día encontraba y extraía con cuidado para no partir la raíz hasta diez o más. Como llovió varios días, la tierra se ablandó lo suficiente para hacer lo que tenía que hacer, quitar todas las malas hierbas y mover toda la tierra de la frontera del este para comenzar a prepararla para el nuevo césped. Mi vecino, que a cosas del jardín se apunta a todo y que después de dos meses encerrado está frito por hacer cualquier cosa, se apuntó a ayudarme y así, en dos sesiones, hemos preparado esa franja de tierra, que seguirá unos días más con frecuentes ejercicios moviendo la tierra para que se ventile bien. En la foto podemos ver justo enfrente uno de los manzanos, a la izquierda la parra en la pérgola y por detrás la catalpa. Hasta la catalpa llegamos en la primera fase, el martes y hoy hemos hecho el pedazo que faltaba. Además y usando la máquina de agua a presión he limpiado las baldosas y he llegado a tal punto de perfección en el jardín, que ahora lo tenemos que llamar paisajismo, que es más pijo y tal y tal. Esta misma mañana, unos amigos ancestrales de mi vecino se pasaron en bici a tomar un cafelito con ellos y el chamo, cuando entró, le preguntó al vecino si mi casa se había vendido y había gente nueva porque aquello no parecía el mismo jardín que el selvático del año pasado y con la parte delantera de la casa abandonada. Ahora, todo está en su sitio y es una sinfonía simple y hermosa, con la hierba que se mueve como un océano de norte a sur y que está salpicada de árboles y arbustos que salvo por la catalpa, que es una de mis debilidades, todo lo demás son frutales. El césped, con su escarificación, su cal, su podado y la guerra contra los dientes de león es que está mejor que nunca y si no que se lo pregunten a mi amigo el Turco, que no solo coincide con ese viejo en que mi jardín jamás había estado tan glorioso, no deja de llamarme para que lo invite para tumbarse en la hierba a tomar el sol.