El paraguas vegetal y tal y tal

Igual que en España el verano no comienza hasta que una famosa hembra hace el posado en bañador o en truscoluña no comienza la celebración de su infamia nacional hasta que un fugado deshonorable no le lefa la cara a una rumana, en mi calle todo el mundo espera con ansia el día que la fachada de mi casa se prepara para el invierno, algo que sucedió esta semana.

El martes saqué las herramientas y podé el árbol que está por delante y le di la forma de paraguas que tanto me gusta, aunque entre mis vecinos, los hay que dicen que más bien parece una seta y otros que dicen que es un capullo. Yo veo una sombrilla de playa como las que hay en algunas playas canarias. El mato de la derecha que produce unos frutos rojos que no se comen ni los pájaros, con lo que deben ser muy venenosos y quizás yo los debería usar para preparar unas pociones truscolanas que regalar a esa chusma y gentuza, está creciendo y espero que el año que viene se siga expandiendo hacia la izquierda y ocupe la zona en la que está otro mato muerto y que no quito porque los gatos asquerosos de algunos vecinos aprovecharían el lugar para tumbarse o cagar y por ahí si que no paso y como simplemente tendría que matar las bestias, lo mejor es seguir tratando que la planta venenosa crezca.

A la izquierda y casi en el linde con los vecinos el árbol sombrilla ha tenido un hijo, que estoy dejando crecer verticalmente, pero que la idea es cortarlo por debajo del metro y medio de altura y así tendría dos paraguas, de alturas distintas. Lo único es que no sé como conseguir que el mato saque ramas por arriba para crear el paraguas y mucho me temo que si lo corto, simplemente se traumatizará, así que tengo que encontrar algún experto que me asesore.

La moda actual del ayuntamiento para quitar las malas hierbas que crecen entre las baldosas de la calle, que no están pegadas con cemento, es usar agua hirviendo, que al parecer lo mata todo y pasan con un vehículo especial rociando con agua hirviendo y realmente funciona. Según nos dijo uno de los jardineros, el efecto es el mismo y no hay ningún producto tóxico que se trague la tierra y vuelva a nosotros por los acuíferos.

Por la parte de atrás de mi jardín ya casi he acabado con los preparativos y después serán unos meses de vacaciones sin tener que hacer nada en el jardín, que se agradecen un montón. Cuando hice la foto las ventanas de arriba todavía tenían las mosquiteras pero ya se las he quitado,

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Las alfombrillas vuelven a la escalera

Después de la complicada operación Recuperando la mesa, mi foco cambió a la escalera, que estaba pintada pero en la que aún no había puesto las alfombrillas sobre los escalones, ya que estaba esperando a que acabaran todas las obras en la planta alta. A las alfombrillas, en los meses previos, las sometí a una extensa y repetitiva tortura. Con mi pequeña máquina de vapor de supermercado de bajo costo alemán, les daba candela de vapor para quitar la porquería que se había ido acumulando en cada una de ellas durante los años y por increíble que parezcan, con perserverancia, fui recuperándolas y devolviéndolas a su gloria original. Después descubrí en el ático, que es como una región salvaje en mi casa, que tenía tres nuevas, ya que al parecer cuando las compré el paquete traía quince y solo uso doce, así que hubo un concurso y las tres que perdieron se vieron exiliadas al ático y sustituidas por las nuevas.

Eso no fue todo, en el día que las iba a poner, las rocié con una espuma especial para limpiar alfombras, después las limpié y cuando se secaron extraje todo de sus entrañas con la aspiradora. Ya listos para el montaje, cogí mi cinta de pegar de doble cara especial para alfombras y las fui devolviendo a la escalera y el resultado se puede ver en la foto anterior, en la que las que están en la parte de arriba son las más nuevas. Por supuesto la regadera no se quiso perder la oportunidad de lucir su color verde y realzar el conjunto y ahí la tenemos.

Creo que en diversos momentos hice vídeos cortos en los que se van viendo los cambios. A ver si los busco, los junto, les pongo alguna cancioncilla horrenda y los vemos como el colofón a todo este trabajo en mi keli.

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Recuperando la mesa

Uno de los problemas de tener el ordenador en la planta baja era el efecto chiquero generalizado en la zona, al pasar tanto tiempo por allí, lo apilaba todo, lo acumulaba todo y una de las grandes perdedoras era mi mesa, que estaba siempre llena, pero que llena de trastos sobre ella, por más que yo intentara remediar la situación. Ahora que cada cosa se muda a su sitio y que las superficies y volúmenes para almacenar se están reduciendo, al contrario que lo que pontifican algunas lumbreras por los comentarios con estanterías, cojoneras, cajoneras, armarios y todo lo demás.

En realidad el aquelarre comenzó en la buhardilla, cuando tuve que sacar todo para que pusieran el laminado, ya tenía claro que mucho no volvería y así fue. Del armario desapareció al menos la mitad del contenido y lo mismo de la cajonera. Una parte se recicló, una parte la regalé y el resto acabó en la basura. Cuando la mucama lo vio casi se pone a llorar de alegría porque pensó que ese día no llegaría jamás.

Hoy me centré en uno de los grandes damnificados de la presencia del ordenador abajo, la mesa de teca, preciosa y fabulosa, que siempre tenía varios montones de cosas sobre ella. Después de un montón de años sin hacer un mantenimiento adecuado de la misma, estaba que daba pena y esta tarde, me puse con mi vecino y mi lijadora y le dimos un repaso del copón, por todos lados. Tras el lijado y aspirado y nuevamente limpiada, le puse una primera capa de su aceite, que llevaba años sin gozarla.

En la foto la vemos después de esa primera capa de aceite pero cuatro horas más tarde le puse una segunda. El año que viene, añadiré en mi calendario los eventos para ponerle su aceite al menos dos veces al año, que la mesa lo agradece. También trabajé en la escalera, pero eso lo dejo para otro día. En la planta de abajo aún me quedan dos focos de cosas que hay que revisar y tirar o regalar, pero estoy tomándomelo con calma porque si me pongo a hacerlo muy rápido, se me quitarán las ganas y nunca lo haré, pero esos dos lugares que tengan presente que voy a ir a por ellos. Una de las cosas que me impide hacer más es que ya tengo el contenedor de papel al completo y no lo pasarán a vaciar hasta la semana que viene.

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Todo fue por un escritorio

No seas truscolán y empieza a leer esto por donde se debe, que no es otro lugar que La buhardilla

Todo, todo, todo lo hecho en la buhardilla de mi casa se hizo para llegar al día de hoy, a ese en el que por fin tengo un cutre-rincón de trabajo, para el día que trabaje. Ni siquiera este último paso, en esta procesión interminable, fue fácil. En los meses que han pasado he cambiado de opinión una y otra vez, a veces quería una mesa con forma de eLe, a veces no, que se pueda subir y bajar para alternar entre estar sentado y de pie, también con los tamaños, a veces de un metro veinte, otras de un metro y sesenta, otras de sesenta centímetros de ancho, a veces setenta, quizás ochenta y finalmente, cuando llegó el momento, elegí una mesa convertible para trabajar sentado y de pie, la elegí de un metro cuarenta de largo y ochenta centímetros de fondo y elegí la silla probando que sea cómoda. Suena fácil pero ayer fui a la tienda esa sueca, que fue al final en donde decidí comprar, me llevé a mi vecina que tiene carro y no se lo han robao, cogimos las tres cajas más una especie de protección para el suelo de las ruedas de la silla, lo llevamos todo como buenamente pudimos a mi keli, que no fue fácil porque el tablero era gigantesco y después me puse a crearlo todo, que con esos libros de dibujos que hacen, es una pesadilla. Cuando ya está la mesa enterita y perfecta, la enchufo, le doy al botón para subir y no sube, le doy a bajar y no baja. Me cagué en todos los muertos de los suecos. Justo esa parte del escritorio es una cajita que se ve pequeña pero pesa veinte kilos, que es como un tercio de mi peso. La tuve que desmontar, volver a empaquetar y esta mañana regresar a la tienda a devolverla, porque si lo que quieres es que te la cambien tardan dos días, pero si la devuelves te pagan inmediatamente y puedes entrar y volver a comprar otra, uno de esos misterios de las finanzas que son imposibles de explicar. Así que me dieron mi vale regalo, entré, cogí otra caja con las patas y sus motores, la pagué, regresé a mi casa y en este segundo intento, lo primerísimo que hice fue conectar todas las partes eléctricas, enchufarlas y asegurarme que funcionaban, como así fue. Después de eso ya monté la mesa, que era la primera parte. Con el escritorio en su sitio, llegó la hora para que el ordenador abandonara su habitáculo en la planta baja y subiera a la planta noble y así llegamos al punto en el que el proyecto se considera acabado, hasta aquí queríamos llegar y hemos llegado. La regadera, por supuesto, no se resistió a subir a noveleriar y para salir en la foto. Detrás de ella, el ordenador y el micrófono de YO NUNCA. La torre de CeDés que se ve al fondo ha bajado a la otra planta y estoy por tirarla. El color de la mesa, para aquellos que tienen ojos en perfectas condiciones, es gris, pero hay uno que solo puede ver blanco o negro, así que imagino que la ve blanca, como las paredes o las cortinas.

Esta mismita semana estrenaré el lugar en una entrevista telemamática de trabajo. Todavía estoy decidiendo si la haré sentado o de pie, que es como más facinersoso.

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