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Arabian Tour 2005

Omán octava parte - Turismo en Moscate II

Arabian Tour 2005

Casi hemos acabado y no quiero dejar de insistir en el orden adecuado de las historias, que es el siguiente: Comienzo del viaje, Arabia Saudita, Qatar primera y segunda parte, Moscate, Camino de Sur y Sur, primer, segundo, tercer y cuarto día y vuelta a Moscate. El último capítulo hasta el momento ha sido turismo en Moscate I.

Nos pusimos de nuevo en ruta, retornando hacia la ciudad. El hindú quería entrar en cada complejo, puerto o desvío de la carretera, pero me mantuve firme para seguir hacia la ciudad. No me interesa ver un puerto deportivo o una avenida junto al mar. Eso lo tenemos en las Canarias en más cantidad y mucho más bonito. Palacio AlamLa siguiente parada fue el palacio de Alam, residencia del Sultán. Están haciendo obras por delante para hacerlo aún más espectacular de lo que es y también están ampliando uno de las alas laterales. El palacio es im-presionante, que diría uno que yo me sé. Se construyó en los setenta. Está entre dos fortalezas, la de Jalali y la de Miran que realzan aún más su grandeza. Fortaleza JalaliEstas fortalezas no se pueden visitar ya que pertenecen al ejercito. Tarde o temprano harán museos o restaurantes en ellas, ya que merecen la pena por su ubicación. Están en lo alto y desde ellas debe haber unas vistas preciosas. Por descontado hice unas cuantas fotos del palacio.

Intentamos entrar en el museo Omaní-Francés pero estaba cerrado. Me apetecía ver ese museo porque suena a cachondeo. Aparte de que el edificio tiene pinta de ser muy bonito, el museo lo que celebra es la visita del sultán a Francia en 1989 y la visita de Francois Miterrand a Omán en 1992. Fortaleza MiraniComo el sultán este no es muy dado a salir del país para evitar que le quiten la silla, para una vez que lo hizo se ha montado un museo para conmemorarlo. Seguimos nuestra ruta y continué haciendo fotos del fuerte Mirani y del fuerte Jalali, sobre todo del primero, ya que la carretera pasaba bastante cerca. Desde allí nos fuimos a un parque llamado Al-Riyam. Justo cuando íbamos a aparcar vi que cerca de allí había un camino para hacer trekking y le dije al tío que me dejara allí. Si el hindú tenía alguna duda aún, en ese momento vio que estoy más chiflado que una jaira. El camino es muy largo, subiendo una montaña y no me lo pude hacer entero, pero me hice un buen trecho. No me llevé agua y volví porque la lengua se me estaba inflando de la sed, que eso fue alrededor de la una y media de la tarde y el sol era de justicia.Dispensador de incienso Desde las partes más altas hice algunas fotos que espero hayan quedado bien. Entre las montañas había una pequeña cascada. Andaba con mucho cuidado para evitar los animales peligrosos, que el omanita me había dicho que el desierto está lleno de ellos. De hecho, el día anterior me enumeró todos los bichos que hay en el desierto ese y me quedé aterrado. En esas latitudes, todo lo que vive salvo los camellos está diseñado para matar. Serpientes, escorpiones, ratas del desierto, gatos salvajes (que según él son más grandes que los normales), hienas (o algo parecido, porque no sabía la palabra en inglés), son sólo algunos de los bichos que esperan incautos para cenar. Así que entre esta información y la del panel que había al principio de la ruta en el que también mencionaban que podían haber animales peligrosos, os podréis imaginar que no rocé una roca.

Cuando bajaba de vuelta al campamento base vi que medio pueblo se había congregado a recibirme. Debo haber sido el héroe del día. O eso, o esperaban que me matara por aquellas rocas. Además de la gente, un montón de cuervos se posaban a los lados del camino y me miraban esperando impacientes para almorzar y me temo que yo era el plato principal. No les di el gusto ni a ellos ni a los locales. Volvi a la base y el hindú me alcanzó al parque Al-Riyam como estaba previsto. Allí pude comprar una botella de un litro y medio de agua que me tomé allí mismo. hice mis fotos, observé a los locales paseando y disfrutando de un día en el parque y cuando tuve suficiente volví al coche.

El hindú, que aprende rápido, vio que me gustan los parques y la naturaleza, así que nuestra siguiente parada fue otro parque del que desconozco el nombre, pero que estaba muy bien. Este era pegado a la línea del mar e hice unas cuantas fotos muy bonitas. Torre de vigilancia sobre MutrahTras acabar mi nueva ronda le dije que me llevara junto a un restaurante llamado Al-Inshirah, en donde sabía que se puede subir a uno de los pequeños torreones de vigilancia que andan desperdigados por todas esas montañas. El hombre flipaba con mi afán por caminar y exponerme al calor. Me subí los más de cien escalones hasta llegar a la cima. Los escalones son del estilo holandés, muy empinados y llegué arriba sin resuello, pero mereció la pena. El punto de observación tiene dos cañones y las vistas están muy bien. Como siempre, saqué la cámara y disparé todo lo que pude. Unos extranjeros me vieron desde la base, pero cuando llegaron al pie de la escalera desistieron. Ya a estas alturas tenía más que fotografiada la ciudad. Por ser jueves no pudimos ir a los museos, que cierran los fines de semana, o al menos el día que corresponde a su fin de semana.

Mezquita frente al palacio de AlamDespués de esta última aventura en el exterior, le pedí que deambulara por la ciudad sin rumbo fijo. Paramos a hacer alguna foto de mezquitas, que me llaman mucho la atención y estuvimos dando unas vueltas. Hacia las cuatro le dije que me llevara a un restaurante árabe para almorzar y eso hizo. Cuando entré me encontré con un señor en la puerta detrás de un mostrador que fue al que pregunté si se podía comer. Fui al comedor y casi me caigo del susto. Habían mujeres musulmanas comiendo con los hombres en las mismas mesas. Recuerdo perfectamente que el iraní de mi empresa la única vez que nos invitó a su casa mantuvo a su mujer trabajando de cocinera y de camarera y no le permitió sentarse a la mesa con nosotros. Cañón en la torre de vigilanciaEstas estaban tratando de tú a tú con los hombres allí. Realmente la sociedad de Omán es un poco más abierta que otras musulmanas. El sitio tenía un precio fijo. Me pusieron una especie de sopa espesa que no sé identificar, pero que por el aspecto era como una mezcla entre caldo de millo y caldo de pescado, pero espeso. Tenía algunos huesos de animal desconocido, así que dejé un poco en el tazón, porque lo de comer huesos como que no me pone. De segundo elegí un pollo a la parrilla con un arroz frito y aderezado con especias. Estaba delicioso. Todo eso regado con agua de la cosecha del país. Resaltar que era el único occidental en todo el restaurante, que estaba bastante lleno y por eso levanté bastantes miradas. La gente me observaba como a un bicho raro. Esto seguro que formaba parte del plan de nuestro Señor. Las mujeres en aquel lugar eran tan bulliciosas como los hombres. Todos hablaban a gritos. Superé la prueba de la comida y me costó la friolera de un rial y cuatrocientos baisas, lo cual viene a equivaler a tres euros. Un pedazo de comida prácticamente regalado.

MezquitaTras el ágape, continuamos nuestra gira sin rumbo fijo por la ciudad. Yo ya estaba hecho polvo de tanto calor y de andar al sol, así que finalmente le pedí que me llevara al aeropuerto. Paramos primero en las oficinas de la empresa para pagar por el coche. El dueño de la empresa, o al menos el que la lleva se encarga de todo lo relacionado con el dinero, algo que suele ser muy habitual por estos sitios. Los empleados no tocan el dinero ni de coña. Me da la impresión que esos hindúes a su vez esclavizan a sus empleados hindúes. Después de pagar me hizo un regalo, una agenda de teléfonos, algo con lo que no sé que hacer puesto que yo estoy totalmente digitalizado, pero bueno, lo eché en mi bolso, que ya pesa un quintal.

Gran mezquita del Sultán QaboosDespués de dejarme en el aeropuerto, como tenía unas horas, me he dedicado a escribir y a hacer las últimas compras antes de coger el avión. En el aeropuerto he cenado un pollo con gambas y arroz frito que estaba buenísimo y que me ha costado dos riales y quinientas baisas, lo cual se puede considerar caro, pero siendo un aeropuerto, ya quisiera yo que en Holanda o en España me pusieran comida con esa calidad y en la misma cantidad por cinco euros.

Esta historia continúa en Bahrein y vuelta a casa

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Arabian Tour 2005

Omán séptima parte - Turismo en Moscate I

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Casi hemos acabado y no quiero dejar de insistir en el orden adecuado de las historias, que es el siguiente: Comienzo del viaje, Arabia Saudita, Qatar primera y segunda parte, Moscate, Camino de Sur y Sur, primer y segundo y tercer, cuarto día y vuelta a Moscate.

Mi último día en tierras herejes es el único que podré hacer algo de turismo. En principio había planeado dos días, pero fue imposible y no puedo cambiar el billete porque no hay plazas disponibles. De haberlas, me habría quedado un par de días más. No me quejo, que cuando estuve en Venecia sólo pude hacer una gira de cuatro horas por la ciudad y en Zurich llegué de noche y me marché de noche sin haber puesto un pie en la calle. Por eso no me gusta nada viajar para la compañía. Me exprimen hasta los huevos para sacarle jugo a mis viajes. Esa es la razón por la que soy muy reluctante a las salidas de Holanda. A algunos de mis compañeros les encanta visitar hoteles y no ver nada, pero yo siempre he creído que si vas a algún sitio, deberías disfrutarlo.

Bueno, me dejo de cantinelas y continúo. Como sólo podía hacer una gira de un día, decidí centrarme en Moscate. Contacté un par de agencias turísticas y se puede alquilar un coche con conductor por menos de cincuenta euros y el hombre se encarga de llevarte a todos lados. Me recogió en el hotel, en donde me encontré con otra sorpresa. El asiático de mierda al que ya he mentado en múltiples ocasiones la cagó una última vez y puso en el fax que su compañía pagaba mi estancia en el hotel. Si lo sé, destrozo la habitación para que le carguen los gastos. Avisaré a los de mi empresa para que le devuelvan la factura si alguna vez tiene la jeta de mandárnosla.

De esta última parte de la historia tengo unas ciento cincuenta fotografías. En el momento en el que escribo estas líneas (en el aeropuerto esperando por el avión) no sé cuantas pondré en la bitácora ni como lo haré, pero algunas veréis y es posible que podáis ver fotos de muchas de las cosas que cuento en esta anotación. Y recordaros que haciendo clic en las mismas las podréis ver en un tamaño mayor. Gran mezquita del Sultán QaboosComenzamos visitando la gran mezquita del sultán Qaboos. No me dejaron entrar dentro para hacer fotos. El guía me dijo que algunos días permiten al menos la entrada al patio interior, pero hoy no era uno de ellos. En cualquier caso, el edificio es impresionante. Además de mezquita es universidad de imanes. Espero que el vulgo que lee estas numerosas líneas sea lo suficientemente espabilado como para saber que no me refiero a esas piezas de metal polarizadas. Por si no lo he dicho, hay mezquitas por todas partes y se construyen nuevas continuamente. Todo esto está pagado por el estado. Gran mezquita del Sultan QaboosQuizás los europeos deberíamos subvencionar más a la iglesia católica para que compita en igualdad de condiciones, que aquí los niños compiten entre ellos por adquirir esa profesión, la cual te garantiza una vida de asueto y relajación en beneficio de su profeta.

Antes de seguir he de decir que mi conductor era un hindú. El amigo omanita me confesó que él tampoco entiende a los hindúes cuando hablan inglés y además me dijo que tampoco les entiende si le hablan en árabe. Lo de hoy con mi chofer ha sido de película de los hermanos Marx. Ni yo lo entendía a él ni él me entendía a mí. Era un diálogo de sordos total. Opté por señalarle en el libro a donde quería que me llevara. Si le decía que no quería ir a un sitio, iba y si le decía que quería ir, tiraba en sentido contrario. Una vez le cogí el tranquillo, siempre le decía que no quería ir. Los hindúes, más que inglés hablan hinglús, una versión localizada y desparramada de la lengua originaria nacida en la Gran Bretaña.

Tras la gran mezquita me dio un paseo por la zona de los ministerios y las embajadas. Es la parte más nueva de la ciudad, con mucho edificio monumental. No me molesté en hacer fotografías porque la arquitectura de esa zona es muy occidental. La calle de las embajadas tiene carteles en los que se prohíbe hacer fotos. Los americanos y los iraníes son casi vecinos. No me dio la impresión de que hubiera mucha seguridad por esa zona, pero quizás fue una falsa impresión. coche de autoescuelaTras ver la zona nos fuimos a una playa en Shatti al-Qurm. Llena de palmeras y con un hotel en un extremo, había algunos locales. Yo esperaba que estuviera más llena de gente, sobre todo sabiendo que el día que la visité equivalía a un sábado europeo, pero supongo que la gente no está por la labor de exponerse a este sol asesino. Lo más curioso fue que se bañaban vestidos. Es decir, los tíos con la camisola blanca esa que llevan y las mujeres con la negra. Me pregunto como se las arreglarán cuando vayan a volver a casa. En algún lugar debe haber un vestuario en el que se puedan cambiar. Los chiquillos iban con camisetas y bermudas hasta las rodillas. Estuve tentado de meterme en el agua en vaqueros, ya que no hubiera llamado mucho la atención, pero al final desistí.

Zoco de MutrahFinalizada la visita a la playa, enfilamos para Mutrah, el lugar en el que había estado la noche anterior y en donde se concentran casi todas las cosas que hay que ver. Volví al zoco, para hacer las compras de rigor. Entré por otro lado e inmediatamente me perdí. El día anterior ya me habían parecido un poco agresivos los vendedores, pero es que hoy fue como una banda de carroñeros lanzándose sobre carne fresca. Todos me saludaban con ostentóreas frases y me invitaban a entrar en sus tiendas. Algunos trataban de cogerme la mano para meterme dentro. Miré por todos lados e hice algunas fotos. Finalmente entré en la tienda de un hindú particularmente persistente, pero no tenía nada que me interesara lo más mínimo. Aprovechando que una inglesa entró en la tienda traté de escaquearme, pero como él ya sabía lo que quería y él no lo tenía, salió y le gritó a otro que inmediatamente me interceptó. Los de las tiendas vecinas trataron de capturarme, pero les fue imposible. Mezquita en el zoco de MutrahEsta gente es muy buena en el acoso del turista despistado. La tienda en la que entré era de un señor muy viejo que hacía cerámica. Tenía cosas absolutamente preciosas, pero es imposible sacar algo así del país sin que se rompa en la maleta. Al final le compré unas cuantas piezas y me marché. Conseguí sobrevivir por un rato hasta que caí en las redes de otro hindú. En su tienda acabé las compras. Yo soy incapaz de regatear. Me muero de vergüenza. Antes le digo a la cara que es un roñoso y un carero y me niego a comprar. Como el omanita me dijo que eso es de muy mala educación, lo que hago es que cuando me ofrecen algo, me quedo callado y pongo la mejor de mis sonrisas de duda. La mantengo durante los segundos que haga falta hasta que el tío empieza a regatearse a sí mismo y me baja el precio. Cuando llega a una cantidad razonable, compro. Seguro que termino pagando un veinte o un treinta por ciento más que la gente que regatea, pero me da igual.

Tras esa compra, seguí deambulando por el zoco siguiendo a una familia británica. Como me creían parte del grupo me dejaron en paz. Cuando acabé con el zoco volví al coche haciendo unas cuantas fotos por el Corniche, el paseo marítimo de la ciudad. El calor en la calle es horroroso y eso que la gente dice que la temperatura ahora es deliciosa. Para mí es demasiado. El hindú se quedaba dentro del coche, bien a cubierto y con el aire acondicionado a toda mecha.

Después del zoco el hindú decidió que debía ver el Al-Bustan Palace Hotel. Pensé que estaba por allí cerca, pero estaba bien fuera de la ciudad. Alrededores de la playa JussaAsí y todo, mereció la pena. Lo nombraban en mi guía. El hotel es el más lujoso de la ciudad y según el hindú, uno de los diez más lujosos del mundo, aunque esto tomároslo con ciertas dudas, que esta gente tiende a tener lo mejor del mundo en todas las categorías. Cuando entras dentro del edificio te encuentras con un atrio masivo en forma circular. Es realmente espectacular. Creo que hice una foto pero no sé si habrá quedado bien.

Continuamos nuestra ruta alejándonos de la ciudad. La siguiente parada fue la playa de Jussa. Alrededores de la playa JussaAllí alquilamos un barquillo de pescadores y el tipo nos dio un paseo de media hora alrededor de unos peñones y cerca del Oman Diving Club. Creo que aquí fue donde hice la mayor parte de las fotos. La costa vista desde el mar es realmente preciosa y las pequeñas rocas que aparecen medio erosionadas en el medio del mar me encantaron. El precio del paseo comenzó en siete riales y el hindú negoció y lo bajó hasta cinco. Estoy convencido que estaban compinchados, pero me da igual. Como hacen toda la negociación en árabe no me enteré de nada, pero me imagino que si el hindú viene casi todos los días tendrá su comisión, sobre todo porque fue directamente a uno de ellos e ignoró al resto. En la playa vi algunos occidentales, que alquilaban transporte para que los llevaran a alguna de las rocas que estaban por allí. Parece que puedes arreglar que te dejen en la que tú quieras y luego te recojan a la hora convenida. Había un grupo de chicas con los bikinis típicos de playas europeas que tenían a la morisma alterada. Los tíos se movían como gallos, tratando de llamar su atención.

Alrededores de la playa JussaTras el paseo en barco pasamos por el Oman Diving Club que ya he mencionado, aunque le dije al guía que pasara de entrar porque yo no iba a hacer submarinismo y la playa ya la había visto desde el mar. Justo en esa zona están construyendo otro super-hotel y se han cargado parte de la línea de costa para hacer la playa del mismo. como esta gente no empiece a controlar estas cosas, en diez años habrán destruido parte de su patrimonio, que es lo exótico del paisaje. No me imagino que mucha gente quiera ir de vacaciones a un sitio en el que en Julio hay más de cuarenta y cinco grados, pero el mundo es muy grande y seguro que hay gente a la que atrae la idea. La temporada perfecta para ir a ese país es el invierno, que es cuando las temperaturas son más moderadas y hay algunas lluvias.

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Arabian Tour 2005 Día a día

Omán sexta parte – Sur y de vuelta a Moscate

Arabian Tour 2005

Son ya diez días relatando mi diario del viaje y no dejo de insistir en el orden adecuado de las historias, que es el siguiente: Comienzo del viaje, Arabia Saudita, Qatar primera y segunda parte, Moscate, Camino de Sur y Sur, primer y segundo y tercer día. Ya va quedando menos, así que quizás deberías mirar los episodios anteriores antes de continuar leyendo si aún no lo has hecho, ya que te has perdido un montón de cosas.

Mi último día en el complejo ese secreto. Me levanté temprano, con la obsesión de los insectos venenosos. También quería hacer algunas fotos de las montañas de alrededor y cuando vamos a trabajar no tengo tiempo, así que a las seis menos diez de la mañana correteaba yo por el campamento haciendo fotos mientras escuchaba el canto de algún animal exótico en la lejanía. Me encontré la cama llena de hormigas, que al parecer habían dormido conmigo. Tengo unos picazones por la cabeza terribles. Las cabronas mordían. Me dio un poco de miedo matarlas, porque parecían violentas, pero un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer. En el baño seguí practicando mi baile del boxeador. Gracias a Dios me afeito con maquina eléctrica, que si no hubiera acabado bonito.

Tras el desayuno me agarró uno de los amarillos para algo que ellos denominan desmovilización. Según parece, el día que llegué al complejo me movilizaron y al marcharme este día, invertían la coña esa. No sé muy bien de que se trataba, pero en veinte minutos eché diecinueve firmas. Pusieron mi nombre en un panel en el que se anuncia los que escapan del campo, firmé mi informe mega-detallado con las actividades realizadas, que lo creáis o no, trabajé como un mulo y la versión reducida para los japos era de seis páginas. La gente que trabaja por allí se quedó sudando cuando lo vio. Algunos hacen un informe de media página y yo les pormenoricé todo lo hecho con un nivel de detalle abrumador. Esto debe ser algún tipo de virus que he cogido en los Países Bajos, porque yo antes era muy gandul para esto, pero ahora, me das diez minutos y te hago un documento que arranca lágrimas de placer a todos los gerentes y directores. En fin. Lo malo de todo este trapicheo es que el japonés me decía que o me quedaba un día más, o no me pagaban el hotel en la ciudad. Le expliqué con todo lujo de detalles que yo me marchaba ese día y que por mí se podían meter su hotel por el recto pa? dentro, que mi empresa me lo paga sin problemas. Lo único que le pedí es que me reservara hotel en el centro de la ciudad. El japonés, como desconoce la palabra no siempre afirma, pero uno nunca sabe si ha comprendido. Esta gente tiene un serio problema para reconocer su ignorancia. Te preguntarán la misma cosa veinte veces y después de cada explicación les dices si has comprendido y te dirán que sí e inmediatamente después te volverán a preguntar lo mismo.

Tras acabar hasta los ganglios del asiático, me fui al edificio principal a comprobar si mi morita y el omanita habían adquirido el conocimiento con aprovechamiento. Creo que no lo he dicho, pero como he escrito esto durante varios días, que Dios me perdone si me repito. Cada vez que entré en ese complejo de edificios intenté colar la cámara para hacer fotos y en todas las ocasiones me la interceptaron los de seguridad y tuve que dejarla con ellos. En realidad lo que están haciendo en ese sitio es una ampliación, así que hay una zona en construcción, bastante amplia, que es donde está el campamento y nuestro cuartel general y una zona en explotación, que es donde está la chavala y el chaval con los que he trabajado y también todo el equipamiento que yo he instalado. En la parte en obras la seguridad es de risa, más que nada un paripé en el que los de seguridad revisan nuestras guaguas y coches sin mirar porque somos blancos mientras que con los hindúes se ensañan bastante. En la zona en explotación la cosa es bien distinta, con unos estrictos controles de seguridad que llegan hasta niveles obsesivos. Hay que pasar por torniquetes continuamente y tienen comprobaciones continuas y aleatorias del personal. Mi portátil fue registrado hasta la médula, al igual del resto de morralla tecnológica que llevo siempre conmigo.

recepcionistaDespués de camelarme a la morita durante días y de bromear con ella, conseguí que consintiera en que le hiciera una foto. Espero que sepáis apreciar este pequeño detalle para con vosotros. El problema de la cámara lo subsané a base de relaciones públicas. Me enteré de uno que tenía una cámara dentro del edificio y me la dejó. La cámara era de la prehistoria digital, de esas Sony que hacen las fotos y las graban directamente en floppies, pero mejor eso que nada. Como no quiero que esta mujer sufra represalias, he alterado un poco su cara. El vestido que lleva es el que usan el noventa y nueve por ciento de las mujeres que he visto. Cuando saqué esta foto estaba hablando por teléfono con alguien que llamaba al edificio. No hay nada falso en esta imagen. Los que se fijen bien, verán en la pantalla del ordenador la aplicación que yo le instalé y que la mujer usa divinamente. Mi tarea eran dos equipos con ese software y otro más complejo que está en la sala de servidores. En esa sala es totalmente imposible entrar cámaras, aunque lo intenté, ya que siempre nos gusta poner en la portada de nuestros informes una foto del equipo que instalamos/actualizamos para que los colegas de la empresa se hagan una idea de lo que hemos hecho. En esta ocasión mi informe irá con la foto que vosotros estáis viendo en primicia mundial.

Por la mañana le dí los últimos consejos al omanita. Mi tarea estaba completa, pero él aún tenía que realizar una serie de cosas que no estaban en el contrato con nosotros. El hombre estaba aterrorizado porque no sabía como hacerlo, así que lo ayudé durante todo el día. Fui a comer con mis colegas, el almuerzo final, en el que me arriesgué con la comida hindú. Picante como ella sola, pero muy sabrosona. Tras el almuerzo y mientras los demás hacían la siesta en sus contenedores con aire acondicionado, yo aproveché para hacer más fotos. No es nada agradable el andar a mediodía con más de treinta y cinco grados bajo el sol, pero bueno, sólo se va por aquellas latitudes una vez en la vida.

Me quedaba una hora para marcharme y no me apetecía nada ir de nuevo a la oficina, sobre todo por no tener que aguantar a los gilipollas cabezudos de cierta isla en el océano pacífico, por lo que me volví al edificio principal. Sucedió que mi omanita se marchaba de vuelta a Moscate a las tres de la tarde para pasar el fin de semana, que en estas tierras es jueves y viernes. El colega me dijo que si quería el me llevaba. Cambié mis planes inmediatamente y llamamos a los japoneses de mierda para informarles que no les iba a ensuciar su transporte. Como en toda la mañana no me había molestado en hablar con el que me arreglaba lo del hotel, lo llamamos y el muy hijo de la gran puta, a base de decir que sí, me había puesto en el mismo hotel que cuando llegué al país, uno que no está mal pero que de céntrico no tiene nada. Mira que le repetí veces que quería uno en el centro y que puesto que mi empresa lo pagaba, me daba igual el precio. Pues nada, el retardado venga a decirme que sí, que sí y a agitar ese pedazo de calabaza que llevaba sobre los hombros, que parecía que nevaba de toda la caspa que levantaba con tanta agitación y al final me colocó en el hotel cercano al aeropuerto (que está a treinta y siete kilómetros de la ciudad).

El omanita me dijo que se duchaba antes de salir, así que me ofreció un ordenador con conexión a internet para la espera. Como estaba en un área en la que yo no tenía acceso, nos tuvimos que camelar a la tía de seguridad para que activara mi pase para esa zona. Yo en estas labores soy de lo mejorcito, así que en un par de minutos la mujer reía como loca, me cuidaba la maleta y el portátil y se había pasado por la pipa del chichi todos sus protocolos y procedimientos de seguridad. Algún totorota como siempre pensará que soy un exagerado, pero estas cosas las hago yo casi a diario. Si no fuera tan inmodesto diría que es carisma, pero prefiero pensar que tengo un buen ángel de la guarda. En esos veinte minutos minutos limpié el spam que había llenado esta bitácora y activé la moderación nuevamente. Me sorprendió que aparte de los habituales casinos y demás, sólo hubiera un comentario de un acarajotado y que borré en ese mismo instante.

Cuando volvió de su ducha, abandonamos Sur en el coche del amigo omanita. Me sorprendió porque durante todos estos días yo lo había visto vestido de forma occidental y de repente llegó con la típica camisola blanca y el gorrito de los folclóricos locales. En realidad, lo vi venir a buscarme y no lo reconocí. En señal de respeto hacia mí condujo moderadamente y sólo tardamos cinco horas en llegar a la ciudad. Me dijo que cuando conduce sólo se hace el trayecto en la mitad de tiempo. Yo lo animé a correr, pero el no quiso. Intenté hacer fotos de los camellos salvajes pero no tuve éxito. Siempre que los veía estaban o muy lejos o me ponían el culo y yo lo que quería era una foto de frente. Otra vez será. Nos pasamos el viaje hablando. El hombre, ya fuera del complejo, se soltó y fue una conversación muy interesante. Esta gente, pese a todo lo que ha cambiado su país en los últimos treinta años, son muy normales y civilizados. Tienen una mentalidad bastante abierta y no tuvo ningún reparo en soltar un taco de cuando en cuando. Yo, que llevaba desde que salí de Holanda conteniéndome y estaba a punto de reventar, aproveché para deshacerme de unos cuantos de los que tenía guardados. A pesar del tipo de ropa que usan, los omanitas no discriminan tanto a sus mujeres como los saudíes u otros de sus vecinos. Respetan, eso sí, las normas del Islam, pero tienen una interpretación bastante ligera de las mismas.

Cuando llegamos a mi hotel se ofreció a llevarme al centro de la ciudad y dar un paseo. Con los árabes el rechazar una invitación es una ofensa muy grande, o al menos eso he leído, así que acepté.Zoco de Mutrah Fuimos a Mutrah y me llevó al zoco. A pesar de ser cerca de las nueve de la noche estaba lleno de gente. He hecho algunas fotos. El zoco es una experiencia fascinante. Los vendedores te acosan para que les compres. Se lanzan poco menos que encima de uno. Comimos algo en uno de los bares de por allí, aunque me negué a entrar hasta que me juró que yo pagaba la comida, que después de las molestias que se estaba tomando el hombre era lo menos que podía hacer. A falta de alcohol, esta gente se pega unos zumos de frutas tropicales del carajo. Siempre son frescos. Me tomé un zumo de mango y manga que estaba de morirse. Por descontado que hubiera preferido una cerveza fresca, pero no se puede tener todo. El precio de la cena fue escandaloso. Ambos comimos por dos riales y seiscientos baisa, lo que equivale a poco más de cinco euros. Paseamos por la Corniche, que es el frente marítimo de la ciudad y después continuamos el paseo en coche. Me dejó en el hotel bastante tarde y he de agradecer públicamente el exquisito trato que tuvo conmigo. Como viajará a los Países Bajos para hacer un curso dentro de unos meses, le devolveré el favor y me lo llevaré de turismo. También he de decir alto y claro que mi visión de su mundo y de su cultura ha quedado fuertemente influenciada por el trato y por la actitud que tanto él como la chica con la que estuve, tuvieron hacia mí. Hablamos bastante de política y he de decir que tenemos puntos de vista más parecidos de lo que pensaba. Sobre el hotel, se me olvidó comentar que el cabrón de mierda nipón mandó el fax mal y la chica pensaba que me iba esa misma noche. Le expliqué que me iba al día siguiente y lo arreglaron. En la habitación me enganché como una perra a ZeeTV, el canal hindú. Esas películas musicales de tres horas con un doblaje patético son la hostia. Aunque no entiendo nada, me parto la polla de risa con las escenas del tipo papuchi le susurra a su hija en la cama algo antes de que se duerma, por supuesto cantando y al día siguiente la hija anda acosando al cangril de Bombai, al que por descontado el padre no puede ni ver. Me quedé dormido acordándome en la puta que parió al cabezudo amarillo y no me olvidé de mencionarla varias veces en mis oraciones para que mi Dios tome buena nota y a esa la mande pa?l coño por haber parido y educado esa mala bestia.

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Arabian Tour 2005

Omán quinta parte - Sur

Arabian Tour 2005

Tras más de una semana relatando mi diario del viaje, sigo insistiendo en el orden adecuado de las historias, que es el siguiente: Comienzo del viaje, Arabia Saudita, Qatar primera y segunda parte, Moscate, Camino de Sur y Sur, primer y segundo día. Aún queda mucho por contar, así que quizás deberías mirar los episodios anteriores antes de continuar leyendo si aún no lo has hecho.

Mi tercer día en Sur comenzó como el anterior, yendo a la oficina en la guagua de los elegidos. Cuando llegamos a nuestra oficina, antes de volver al edificio en el que trabajaba, me pongo a mirar los paneles de avisos y me veo una foto de una araña como la mía. Era un aviso para que la gente ande con ojo que se han visto arañas tigre. Según parece son muy agresivas y pueden causar bastante pupita con su veneno. De hecho avisaban de que ya habían atendido el primer paciente por picadura de la susodicha. Y yo tan feliz. En el poster contaban que a esos bichos les encanta meterse en las botas y para evitar que entren en los contenedores-vivienda, nos sugieren dormir con la luz encendida, no poner los zapatos en la calle y comprobar las sábanas antes de dormir. Os imaginaréis como se me ha puesto el cuerpo. Me pica todo. He revisado esto de arriba abajo dos veces para ver si la hijaputa sigue aquí dentro. Esta noche no duermo, haré guardia.

Por la mañana he acabado mi trabajo bastante pronto y a las once le he dado un curso de una hora a la omanita que trabaja en la recepción. La chica es muy simpática y zalamera, pese a estar toda tapada. Se le ve que si hubiera nacido en otra cultura hubiera sido una chica super viva, pero aquí ha tenido que sobrevivir a base de agachar la cabeza y aguantar. [Nota del autor: vosotros no lo podéis ver porque esto es escrito, pero quiero que sepáis que estoy subido a la silla, en cuclillas, escribiendo este episodio en mi portátil, porque me da miedo poner los pies en el suelo, que la guarra esa de la araña puede que siga aquí dentro. Rezad por mí, por favor]

La chica a la que educo es bastante inteligente y en una hora lo ha aprendido todo. Después me he ido a comer al mismo comedor del día anterior, solo que esta vez he ido con el omanita que ha trabajado con nosotros. He optado por comida hindú y me he sentado en la mesa de los musulmanes, todos con sus camisolas blancas y yo con mi polito Springfield. Una escena total. Mi jefe se tendría que sentir orgulloso si me viera socializando con la morisma esta. Ya por la tarde, he pasado más rato con mi morilla para resolver sus dudas. Yo a esta la metía debajo del mostrador de la recepción y de dos viajes la bautizo (Cristo bendito, este país empieza a afectarme …)

Fijándome un poco y andando por el edificio he descubierto la pauta. Al contrario de lo que sucede en Europa, aquí los baños de las mujeres y los de los hombres no están juntos. De hecho, están en lados opuestos del complejo. Las mujeres hacen sus agüillas menores y mayores en el lado derecho y los hombres mean y jiñan en el ala izquierda del edificio. De esta forma uno no se cruza con una hembra medio desnuda al pasar delante de una puerta. Para hacerlo más simple, la puerta del baño es la última del pasillo, así que no hay razón ninguna para que un hombre pueda estar por allí. Aparentemente hay uno al que se conoce como el hermano cuya misión es velar por la integridad moral. Si el tío ve a una chica hablando mucho con hombres, la reprenderá y si persiste, se encargará de que la trasladen o la echen. He tenido suerte y parece ser que está malo estos días, aunque ahora que lo pienso, quizás no sea suerte sino mi milagrosidad latente. Supongo que eso explicará la efusividad de las chochas. Por la tarde cuando estaba allí con mi alumna, apareció un grupo de cuervos de estos, por lo menos cinco tapadas del coño pa? arriba y del coño pa? abajo y me vieron allí sentado con ella y se privaron todas. Cotorreaban continuamente y le preguntaban a la otra, que super-orgullosa les explicó lo que yo hacía por allí. Me recordó a la escena de el Retorno del Guanijuay cuando C3P0 está hablando con los Ewoks y estos están excitadísimos. Pues esto era igual, sólo que en vez de Ewoks teníamos fantasmas negros. Creo que han pasado a lo largo de la tarde todas las mujeres del edificio a echarme un vistacillo. Se ponían como locas cuando me alongaba para coger algo y mi polillo de Springfield se subía y me veían el ombligo. Esta noche hay más de una por estas tierras que va a dejar el cepillo de dientes sin cerdas a base de restregárselo por cierta parte. Probablemente es la primera vez que ven un poco de carne fresca y de la buena. Es que estas son las cosas por las que Dios me envió aquí a desarrollar mi proyecto evangelizador. Estas mujeres han visto la luz y ya no querrán seguir entre sombras. Donde esté un ombliguillo peludo español que se quiten las chilabas de los demás …

Después del trabajo, opté por una mezcla entre comida hindú, europea y japonesa. Me sorprendió encontrar en la parte hindú unas albóndigas que yo juraría que eran de carne de vaca, o al menos yo siempre he entendido que beef es carne de vaca. A ver si va a resultar que los hindúes comen vaquitas sagradas. Eso sí que sería un milagro de cojones. Tras la comida, saqué a pasear a mi araña, que hay que cuidarla y tratarla bien. Después, al bar como siempre, que todo el mundo me invita a birrillas y esto de la cerveza gratis es muy adictivo. No tengo ni idea de cual es el precio de la cerveza porque siempre me las han regalado o he pagado con los cupones que me dio mi admirador nipón, el rompetechos. Ahora que me acuerdo, todos los amarillos estos me llaman sulaco-SAN. Yo les he explicado que es SAN-sulaco, pero ellos siguen trocando el orden. Al menos es gratificante saber que un oriental presiente inmediatamente mi poderío. Esa última noche no pasó nada que deba ser reseñado en esta mi bitácora. Por la noche me levantaba a mear dando saltos continuamente, por si la arácnida estaba de guardia. Es un poco difícil mantener la puntería, pero con voluntad y sacrificio se consigue. La escena me recordó a estas películas de boxeo en donde el entrenador está todo el tiempo machacando al púgil para que baile. Yo ahora lo hago de motu propio. No dejo un pie en el suelo más de un segundo por si acaso.

Esta historia continúa en Omán sexta parte – Sur y de vuelta a Moscate