Desde Gran Canaria a Groninga


Ayer fue otro de esos días en los que cuando pongo el pie en el suelo por la mañana estoy en un continente y cuando lo quito por la noche, estoy en otro, con el gran salto de regreso a los Países Bajos, que además este era algo especial. Me parece que ya lo dije pero lo repito, que todos sabemos que aquí los lectores ya tienen una edad y poca memoria a corto plazo. Esta vez compré mis billetes a Gran Canaria con TUIFLY, aerolínea que me gusta y resultó que como quería volver el lunes, que era festivo en los Países Bajos, que aquí Pentecostés se celebra con dos días, el domingo y el lunes y además, ese segundo día tiene el dudoso honor de ser el último festivo nacional neerlandés hasta el veintiséis de diciembre, con lo que tenemos una sequía de días festivos que durará DOSCIENTOS DIECINUEVE. Resultó que los lunes esa aerolínea solo tiene un avión volando a Gran Canaria y el susodicho sale de Ámsterdam a las seis de la mañana, llega a Gran Canaria y desde allí vuela a Groningen (Groninga en cristiano) a las once menos cinco y una vez en ese aeropuerto completamente al norte de los Países Bajos, suelta carga, recoge carga y regresa a Gran Canaria y desde allí, sobre las nueve de la noche sale para regresar a Ámsterdam, llegando al aeropuerto de Schiphol pasadas las tres y media de la mañana, asumiendo que no haya retrasos en los tres saltos previos. Así que mis opciones eran dos, regresar a Groninga a las cinco menos cuarto de la tarde o a las tres y media de la mañana a Ámsterdam, sabiendo que el martes trabajaba y que ni de coña estaría en mi casa antes de las cinco de la mañana, así que lo tuve muy claro desde el principio y elegí el aeropuerto de la conchinchina, que está, con transporte público a casi tres horas de mi keli.

En el lado positivo, cuando el día anterior, exactamente veintitrés horas y cincuenta y nueve minutos antes del despegue, facturé para descargarme mi tarjeta de embarque, me asignaron asiento de ventana, con lo que cierto Ancestral, algún día lejano, tendrá vídeo llegando a un nuevo aeropuerto de los Países Bajos. En el día del vuelo, me levanté a las siete de la mañana y me fui a correr, que es lo que hacemos todos los que somos deportistas y tras ducha y desayuno, metí los diez kilos de comida en mi mochila y el Cuñao me alcanzó al aeropuerto. Allí me encontré que en el control de Inseguridad, solo había dos abiertos y las colas eran de cagarte con diarrea clarita, pero una vez me puse en una de ellas, la cola avanzaba a una velocidad de vértigo, con lo que si ya tenía mis dudas sobre ese proceso, ahora no las tengo, es un paripé y ni se molestaron en decirme que sacara los líquidos de la bolsa porque es que no miran la pantalla y pasé una botella de más de 100 ml que pensaba que me la harían tirar y no fue así. Se limitan a hacer controles aleatorios de la gente, en plan cachear y pasar unos palitos por el equipaje buscando farlopa y demás, como si todos los pasajeros fuéramos políticos corruptos podemitas, suciolistas o truscolanes. Una vez al otro lado, me compré la botella de agua a precio de atraco a mano armada, casi dos leuros, que ahora han puesto grifos para darte agua gratis del chorro, pero cualquiera que se haya criado en las Canarias sabe que es preferible morir deshidratado a tomar esa agua.

El avión venía en hora y según se supo la puerta de embarque, me ubiqué convenientemente en la zona. Esta vez me organicé y me compré un sándwich en el MerkaMamona para tener algo para papear en el vuelo y lo llevaba en la bolsa adicional que te dejan entrar. Últimamente, cuando vuelo aparecen cien minusválidos que embarcan primero y que después se curan y cuando el avión llega a su destino caminan perfectamente y esta vez solo había dos de esos y la verdad que estaban más cerca de la luz al final del túnel que de nosotros. La risa fue que trajeron seis sillas para sacar a los minusválidos del avión, tres empleados y sucedió el milagro de las alturas celestiales y solo encontraron a dos minusválidos en el avión. El día que cobran cincuenta leuros a los que no se esperan hasta el final para sacarlos verás como se acaba la plaga de minusválidos, que es mundial, que hace poco leí que en un avión gringo se encontraron con cien de los menos de doscientos pasajeros que habían solicitado silla de rueda para embarcar antes y con más equipaje y la aerolínea optó por embarcar primero al resto y resultó que hubo una curación milagrosa.

Me pusieron en el lado izquierdo del avión y como tirábamos para el norte, tenemos vista de la playa de Tufia durante el despegue, de la keli de Luis y hasta de la ciudad de las Palmas de Gran Canaria. Esta vez era una mujer pilotando el avión y nos dio una cantidad de información brutal, incluyendo que evitaríamos pasar sobre las tierras jalal del este y que por los vientos llegaríamos media hora antes pero que igual había un temporal de cojones al llegar y que por eso le había puesto diez leuros más de gasolina al avión por si nos hacían falta. Nos avisó cuando llegamos a la Península e hice otro pequeño vídeo en el que se ve Faro y la zona más al suroeste de la península Ibérica. Seguimos hacia arriba pasando sobre la keli de Genín y ya en el tramo en el que comenzaba el descenso, nos dijo que podían pasar dos cosas, que si al llegar al aeropuerto era posible, aterrizábamos y si no, volvía a subir y nos quedábamos dando vueltas en el lugar hasta que se le acabaran los diez leuros extras de gasolina de la barata. También nos dijo que nos agarráramos bien los machos que el avión se podía menear más que la compresa de una coja, con lo que os imaginaréis la dificultad de sujetar el telefonino para hacerle el vídeo al Ancestral y no perderlo en el intento. Aterrizamos cuando lo peor de la tormenta había acabado tres minutos antes, pero la pista estaba como inundada con el diluvio que recibió. La piloto nos dijo que aunque iba a aparcar y tal y tal, que los que tienen que venir a poner las escaleras y eso no lo harían hasta que fuera seguro para ellos y abrió la puerta de su cabina e invitó a la miasma y a la gentuza con niños a ir a noveleriar y ver el interior mientras esperábamos y vamos, la gente es muy gitana y si en el avión éramos ciento ochenta, la cola era de doscientos quince, que solo yo me quedé en mi sitio. Cuando por fin abrieron las puertas, el lugar estaba anegado y así salimos del avión.

A partir de ahí comenzaba la siguiente fase. Tenía que caminar hasta la parada de guaguas, que según mi telefonino, estaba a un kilómetro y allí pillaba una guagua a una ciudad llamada Assen, en un viaje de veinticinco minutos y allí transbordaba al tren que me llevaría hasta la estación central de Utrecht en algo más de hora y media. Aunque largo, el viaje fue transcurriendo sin problemas, salvo por los chaparrones repentinos y de una intensidad brutal y al llegar a Utrecht, estaba soleado y como si no hubiera llovido en la vida. Allí tenía siete minutos para pillar el tren a mi barrio y después caminé los algo más de ochocientos metros entre mi keli y la estación y así, doce horas y quince minutos después de levantarme, llegué a mi casa.

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2 respuestas a “Desde Gran Canaria a Groninga”

  1. Tenias que haberme dado una voz cuando pasó el avión por encima de mi casa y así saludarte con pañuelos y abanicos como los de Lacomia 🙂
    Salud

  2. Eso sí que sería un video para el recuerdo, pero me da que a la altura que debió pasar para que se viera el abanico tendría que ser del tamaño de un campo de fútbol 😉

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