Desde Siquijor a Cebu pasando por la provincia de Negros

El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje

Otra jornada de transición y esta era la más complicada de todo el viaje, ya que combinaba varios tipos de transporte. La aventura comenzó a las cinco y media de la mañana o cinco horas y media antes de la hora Virtuditas, la hora oficial de éste el mejor blog sin premios en castellano. Bueno, como ayer creo que no lo dije, mencionar por aquí que el día anterior sucedió lo único que faltaba para tener unas vacaciones perfectas. Estaba un poco deprimido porque no lo había logrado pero ese día, tupí el retrete con el Jiñote. Me puse tan contento y corrí a contarles la buena nueva a los dueños. Pensé que iba a tener un manchón en mi inmaculada lista de países del sureste de Asia ya que he tupido retretes en todos y cada uno de ellos. Que conste que no hice trampa usando papel higiénico. Volviendo a lo de hoy. A las cinco y media me esperaba la mujer que me prepara el desayuno para ir conmigo hasta el muelle, ella de paquete en la motocicleta y yo de piloto y con mi mochila entre las piernas y a la julay sentada detrás de mi cargando mi desayuno y mi botella de agua. Tardamos unos veinte minutos porque yo soy muy cuidadoso conduciendo, sobre todo cuando los perros pasan ampliamente y se lanzan a la carretera, igual que los niños, gallos y vacas. Al llegar allí nos despedimos y como ya tenía mi billete, fui a la zona de embarque. El ferry tenía capacidad para doscientos julays e iba petado hasta la bandera. Tiene once años de antigüedad aunque aparenta sesenta. Despacito pero con una mar como un plato nos llevó hasta Dumaguete. Yo me senté en la punta de delante, en la primera fila de bancos de plástico. Al bajarnos comenzó el acoso habitual de los conductores de triciclos y por supuesto, los primeros tienen los precios inflados, así que los ignoré, puse cara de cabreo, salí del muelle y el último me dio el precio correcto según la gente que conocí en Siquijor y que es ciento veinte pesos por llevarte a Simbulan, que está a unos veinte minutos y en donde se coge el segundo ferry. Compré mi billete, sesenta y dos pesos (o poco mas de un leuro) y me dieron el número de asiento 45 para la guagua a Cebu desde el otro lado. 

El barco salía a las nueve y como tenía tiempo, me acerqué a una de las panaderías en el muelle a comprarme unos bollitos, que soy adicto. El barco llegó a las ocho y cuarto y salimos a las ocho y media con lo que sigo sin captar el concepto de los horarios en este país. Era un ferry pequeño, más bien una barcaza. Al llegar, la guagua estaba esperando y mi asiento era el último en la misma. El viaje fue terrible por la falta de espacio para las piernas y porque son casi cuatro horas y media por carreteras con curvas. En el lado positivo de la balanza, teníamos aire acondicionado y funcionaba muy bien.

Al llegar a Cebu  quería hacer algo de turismo ya que  la estación está en la zona más antigua de la ciudad, que también es la más peligrosa y se nota, ya que por as calles hay un montón de niños tirados que son adictos al pegamento y que como las leyes filipinas no castigan a menores, cometen sus crímenes con impunidad. Llegué hasta la Basílica del Santo Niño y entré a ver la iglesia y la famosa imagen, un niño Jesús que tiene varias historias de como llegó aquí y una de ellas es que el mismísimo Magallanes se lo dio a la reina Juana de Cebu. En cualquier caso, es la imagen católica más antigua de Asia y la más venerada en las Filipinas. La iglesia también es muy bonita por dentro y horrenda por fuera y en las puertas, cientos de vendedores de velas. Muy cerquita está la Cruz de Magallanes, exactamente en el mismo lugar en el que él la plantó en 1521 cuando llegó a este país en su periplo para dar la vuelta al universo conocido y sin saber que moriría en el mismo. La cruz actual es una copia que dicen que contiene trozos de la original. Se dice que en este mismo lugar Magallanes bautizó a la reina Juana, con lo que debía tener poderes sacerdotales o algo no me cuadra. Hay un par de cosas más en la zona pero mi guía no las ponía bien así que me las salté. Me costó un rato conseguir un taxi que usara el taxímetro y cuando lo logré, le dije que me llevara a mi hotel, o más bien, a la ACE penzionne la cual elegí porque está al lado del aeropuerto y mi vuelo del día siguiente era muy temprano.

El resto el día me lo tomé para descansar y recuperarme del palizón en guagua.

El relato continúa en Llegando a Boracay

Por sulaco

Maximus Julayus

2 comentarios

  1. Cuando apenas era un niño de 7 años, en Caracas, sin saber que era malo, ni mis padres ni yo, me encantaba oler pegamento, esmalte de uñas e incluso gasolina, no se como no me hice adicto, pero el tema no pasó de oler cuando caía algo en mis manos, no llegué a ser adicto, muchos años después me enteré que era malisimo de la muerte… 🙁
    Salud

  2. Genín, ahora lo entiendo todo!! jajajajaja
    Por cierto, muchas gracias por darle mi apodo a la hora oficial de referencia, aunque sigo sin entender el motivo, pero gracias.
    Hoy voy a aprovechar que tengo algo de tiempo y voy a buscar las vacaciones de este año, a ver que sale. Aunque una cosa es segura despues de ver el video con las fotos que mandaste al correo, NO van a ser como las tuyas. Que pasada.

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