Desde Utrecht a Bali pasando por Doha

Cada una de las vacaciones anuales en Asia, cada una de ellas, es una aventura y un milagro logístico. Tengo que alinear tantas cosillas que cuando todo va saliendo según lo previsto, yo soy el primero que lo flipa en colores. Al inicio de todo está el billete de avión, que este año y por primera vez compré con Qatar Airways, por la única razón que me permitían ir hasta Bali y regresar desde Kuala Lumpur y no me levantaban un pastón por ese sutil pero necesario cambio. Además, su horario de partida hacía que pudiese salir el viernes sin tener que pedir el día libre, con lo que gano viajando el día que en realidad pierdo.

Sobre la una de la tarde salía de mi casa con mi bolsa con siete kilos de equipaje, que es todo lo que llevo. Al final y para alegria de una, hasta cogí cuatro galembos con lo que voy super-cubierto para dieciséis días, usando la regla del cuatro. Lo más pesado de todo es la cámara, que hasta me he planteado dejarla atrás pero al final me da pena y la cargo. Lo segundo más pesado es los artículos de aseo, que serán envases de 100 mililitros o menos, pero pesan lo suyo y son varios, con pasta de dientes, desodorante, gel de afeitar, bronceador con protección del 10, crema para después del bronceado, champú y champú para el pelo. Añade el cepillo de dientes, la seda dental, la máquina de afeitar, la medicina del asma y el protector de la boca y este grupo es el más nutrido. Volviendo al tema, salí de mi casa para ir a la estación en guagua y desde allí pillé el tren al aeropuerto y como no facturaba y ya tenía mi tarjeta de embarque, fui directo al control de pasaporte y control de inseguridad, que por suerte era en el lado del aeropuerto en el que han puesto las nuevas máquinas que hacen innecesario el sacar las cosas de la mochila, toda una bendición y prácticamente algo del futuro pero muy muy lejano. Como tenía tiempo me dediqué a caminarme todas las terminales de mi zona, que creo que son la D, E, F y G y no estoy seguro si la C. Hice un recorrido secuencias barriéndolas al completo y la razón es que después te metes en un avión y estás horas y horas sentado sin moverte.

El embarque comenzó con unos veinte minutos de retraso, aunque el avión estaba en el aeropuerto. Yo iba sentado en la parte trasera, en ventana y no se sentó nadie más en mi fila, con lo que tenía tres asientos para mí. En el avión me enteré que teníamos una hora gratis de wifi pero en este primer vuelo no la usé. El avión es un Boeing 777-300ER, que está bien pero sigo prefiriendo el DreamLiner de esa compañía. Opté por no dormir mucho y solo me eché una cabezadita tras el despegue de cuarenta minutos. El resto lo dediqué a ver episodios de mis series favoritas, a jugar y a mirar la pantalla con información del vuelo. Como los de Qatar se han peleado con los Saudíes y los de los Emiratos, el avión básicamente va hasta Turquía y desde allí baja a Oriente Medio por Irán. Cuando llegábamos, el avión pilló una turbulencia épica que levantó gritos. Después seguimos acercándonos al aeropuerto y el avión comenzó a menearse, a dar bajones, a balancearse, aquello era como una película de accidente aéreo y la gente inquieta y en cierto punto, cuando debíamos estar a medio minuto de aterrizar, el piloto se rindió, aceleró y abortó el aterrizaje. En el avión no se escuchaba ni a una ladilla chupando güevo, a todo el mundo se le quitó la guasa. El piloto dijo que pidió que nos cambiaran para aterrizar por otra pista que por su orientación no tiene el problema del viento y que tardaríamos unos veinte minutos. Ahí es cuando te acuerdas de San Ryanair, que si esos lo tienen que hacer, dicen las malas lenguas que el avión cae porque viajan con la gasolina justa. La segunda aproximación fue impecable y el aterrizaje perfecto. Nos dejaron en el quinto coño y tuvieron que llevarnos hasta la terminal en guaguas. No mola nada salir de un avión a treinta y tres grados a la medianoche. Después tuvimos que pasar un nuevo control de seguridad y buscar nuestras nuevas puertas y con el retraso, lo de la seguridad y demás, yo pensaba que tendría unas dos horas y media de transbordo pero al final se quedaron en nada.

El segundo vuelo, a Denpasar, o Bali, que es como le dice todo el mundo, iba petadísimo. El mismo tipo de avión solo que esta vez a mi lado iban dos julays. En este caso, en lugar de seis horas y algo de vuelo iban a ser nueve. Despegamos más o menos en hora y de nuevo me eché una sobada hasta que trajeron la comida. Después me puse a dormitar y conseguí dormir unas cuatro o cinco horas. Tres eso, el resto del tiempo fue mirando series y jugando. Cada rato encendían la luz para abrocharse los cinturones, pero eran más bien sacudidas, nada tan épico como en el primer vuelo. Dos horas antes de llegar nos dieron un brunch, una mezcla de desayuno y almuerzo. En el tramo final hice uso de mi hora gratis de Internet y así charlé con mi madre y el Turco, subí fotos a mi Güazá y demás. Después de aterrizar fui a pasar el control de pasaporte, el de aduana y aprovechando el wifi del aeropuerto miré la ruta para ir andando a mi hotel, que estaba según Google a novecientos metros, aunque en realidad es menos porque parece que ellos no conocen los callejones que yo usé. Por el camino, todo hijo de vecina me ofrecía un taxi o una moto, o un coche o hasta llevarme a la pela y yo, que estoy muy entrenado para estos menesteres, los ninguneaba a todos con un estilo increíble. Después de llegar al hotel, dejé mi bolsa y salí a buscar una tienda para comprarme una tarjeta SIM, que además ha de ser de una compañía determinada, la única que tiene cobertura en mi destino de la primera semana. Antes se vendían en todos lados y en todas las tienditas pero el gobierno montón una ley que obliga a identificar a los usuarios con su pasaporte y a activar de esa forma las tarjetas y ya no se venden en ningún lado. Después de caminar por la calle de los centros comerciales durante un par de kilómetros sin suerte, decidí ir al aeropuerto y por los callejones desde el hotel me tropiezo con una tiendita en la que dos pavas parecen vender tarjetas prepago y recargas de todos los operadores. Por unos diez leuros me vendieron una de simPATI con seis gigas de datos para treinta días, el año pasado pagué mucho más. Aproveché para llamar a mi madre y así probar mi nueva SIM y después volví al hotel. Mirando los mensajes en mi móvil me encontré que mi vuelo de mañana me lo han cambiado de horario. En lugar de a las diez de la mañana se supone que ahora sale a las nueve y media. En cualquier caso, mi plan era y es el de llegar temprano al aeropuerto por los por si acaso, que por aquí siempre hay que tenerlos en cuenta.

Y así fue como en unas veinticuatro horas, salí de mi casa, fui en guagua a una estación de tren, en tren a un aeropuerto, en avión a Doha, en otro avión a Denpasar y después caminé hasta el hotel.

El relato continúa en Desde Bali hasta el centro de buceo en Komodo

3 respuestas a «Desde Utrecht a Bali pasando por Doha»

  1. Se supone que te tengo que valorar que lleves 4 calzoncillos para 16 días?????? Ya no se da la circunstancia, pero si quedasemos los dos solos sobre el planeta, ya te digo que ¡raza extinguida! ni untada con ambrosía! argh! cocho! cocho! cocho!!

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