El método Williams – King Richard

Seguramente han puesto en alguna ocasión el trailer de esta película en el cine y más que posiblemente, jamás levanté la vista de mis ejercicios de Duolingo para mirar la pantalla porque si hay algo que no me interesa lo más mínimo, es el tenis, deporte que junto con el golf solo sirve para poner la tele y dormirte. Como era el único nuevo estreno de la semana en Utrecht, tuve que hacer de tripas callos y fui a ver King Richard, que sufrió una metamorfósis al traducirlo al español y se estrenó hace un par de semana por allí como El método Williams, que igual la podían haber llamado truscoluña no es nación.

Un julay negro se monta un plan para no dar un palo al agua esclavizando a dos hembras que obligó a su parienta a parir, sin ilusión y con fantasía.

Resulta que un tipo se escribe un plan para ser ricachón-chón-chón que consta de empreñar a su mujer y hacerla parir dos nuevas hijas, que las otras no valen ni para fregar escaleras y desde que maman teta torturarlas y hacerlas campeonas de tenis y después explotarlas y vivir del cuento y lo más increíble de todo es que lo consiguió.

Uno de mis problemas con la película es que dura dos horas y media y se le podía haber quitado fácilmente cuarenta y cinco minutos de Will Smith chupando cámara innecesariamente y sobreactuando hasta tres metros más allá del infinito y que conste que a mí normalmente me gusta ese actor, pero no aquí. Es todo como muy superlativo, el tío era una diva y se pasaba el día como una drag queen, pretendiendo que el universo gira a su alrededor y con melodrama tras melodrama. La historia de la película me interesó a ratos, casi que cuando se van a Florida y en lugar de él tenemos a otro entrenador es cuando más atrapado estuve por la historia y cuando su hija juega su primera final, hizo su gala de drag queen total y bueno, todo fue por quitar escenas del partido de tenis, que era contra la española Arantxa y era tan aburrido como todos los partidos de tenis. En un momento determinado, como que decidieron que ya era hora de acabar y salen los títulos de crédito y sanseacabó, pero como todo era como muy de documental de un periodo de la vida de estas pavas, quedó muy en el aire. De alguna manera, todo esto se simplifica en que los negros, con el entrenamiento suficiente desde que nacen, pueden llegar a coger una raqueta y hasta comprender las complejas y sofisticadas reglas del tenis, algo que anteriormente jamás sucedió porque los empezaban a enseñar muy tarde, o algo así.

Esto puede provocar un ictus a cualquier miembro del Clan de los Orcos al que lo obliguen a verla. Supongo que entre los sub-intelectuales con GafaPasta hay un grupo que considera que el tenis es su deporte y ellos la verán, pero no estoy seguro de si saldrán contentos del cine. Es un telefilm larguísimo perfecto para una tarde tonta de domingo.

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Categorizado como Cine

Por sulaco

Maximus Julayus

2 comentarios

  1. A mí el tenis me gusta, ya ves. (Dentro de lo que me gusta mirar deportes en una pantalla, que es poquito)

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