Foodies


El cine neerlandés se vendió hace años a las comedias románticas, las hacen como churros, hasta con la misma gente y básicamente, es siempre el mismo guion, solo que hacen pequeños cambios para que la gente no lo note. Al parecer les funciona porque los cines siempre tienen grupos de hembras que las van a ver, que parece ser el sector en el que se han enfocado. La última de estas películas se titula Foodies y por suerte, jamás se estrenará fuera de las fronteras de este país, aunque esta es una que deberían estrenar sin doblar en truscoluña, con el título, truscoluña no es nación.

Una julay quiere chingar con un morillo y que la empale en todas las paredes de su keli.

Una pollaboba influenser que escribe de comida o algo así, va a un restaurante nuevo a comer y no es que no le gustara, es que le pone una crítica al restaurante terrible. Lo que ella no sabe, por su estupidez e ignorancia de influenser, es que el chamo que conoció en una tienda y que le pasó su número de teléfono y que parece moro es el chef del restaurante y cuando se entera, lo ocultará todo lo que puede y matará ese tiempo fornicando con él hasta que lo descubre y le coge una tirria que no veas y entonces, claramente, para llegar al final feliz se tienen que reconciliar, algo que quizás sea más fácil si ella le ofrece el sacrificio de su orto y le deja que se la empete por detrás o algo así.

Tenemos dos influensers, una que es una chocha y la otra que es morcillona y con unas lorzas que no veas. Justo esa es la que se enamora del moro y pese a supuestamente ser una buena persona y tal y tal, escribe una crítica terrible del restaurante y a partir de ahí su vida se complica un montón. La película está llena de clichés o más bien, la película es una sucesión de clichés cogidos de otras pelis, amenizados con comida, que vamos viendo todo el tiempo y con un grupo de secundarios peculiares entre los que destaca un negro que siempre salía gritando y al que te dan ganas de sellarle la boca jincándole dentro un jiñote grande, gordo y duro y que no la vuelva a abrir nunca más. Esto es un refrito con el que no te llegas a reir en ningún momento y que se termina pareciendo a una digestión lenta, dura exactamente hora y media que doblan el tiempo y a ti te parecen las cuatro horas de la peli del Señor de los Julandrillos. Igual es que está pensada para los neerlandeses pero en mi caso, no hay absolutamente ningún personaje con el que tenga empatía, todos me caían casi que igual de mal.

Si eres un miembro del Clan de los Orcos o un sub-intelectual con GafaPasta, ninguno de los dos deberías tener nada que ver con algo así y haréis bien en evitarla.


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