Niks vreemds aan

Alguien debería inventar una máquina para poner en tu casa que cuando haces algo estúpido sabiendo que acabará mal, la máquina te arrea un par de bofetones y quizás hasta una patada en los mondongos para que espabiles y en mi caso, la tendría que poner junto al ordenador porque hay veces que reservo entradas para ver películas sabiendo que aquello apesta a bosta de mielda y si quieres más señales, cuando una película neerlandesa solo se estrena en un multicine de los treinta que tiene la cadena, eso huele pero que muy mal. La película se titula Niks vreemds aan, que unos traducen al español como truscoluña no es nación y los menos puristas como nada extraño. En cualquier caso, esto jamás saldrá de las fronteras del país y el resto del planeta está a salvo.

Un grupo de julays buscan chingar, pero revueltos o algo así.

Dos parejas como que saben que su relación se está escoñando y para tratar de evitar lo inevitable, se les ocurre descargar un programa en sus telefoninos para hacer intercambio de parejas y una de las susodichas, acaba en la keli de la otra para eso o algo así. En el piso de encima de esa keli, a una hembra solterona y amargada sin ilusión ni fantasía se le mete un macho cabrío en pelota picada por el balcón y ella claro, lo adopta y le busca el ángulo para que le empete el espolón hasta los pelos de los güevos. No se sabe muy bien ni jamás se sabrá por qué tenemos la historia de la pava con el tipo en el balcón pero es de suponer y se supone que con la historia original se quedaron muy cortos y empetaron esa para añadir minutos y así acabar con un sucedáneo de película de ochenta y siete minutos.

Supuestamente esto era una comedia romántica pero el romanticismo no es sexo y la parte cómica debió salir a echarse un pitillo y no regresó hasta los títulos de crédito porque yo nunca la vi. Todo apesta a fritanga ya vista en miles de películas anteriores, sin originalidad ninguna y con escenas muy forzadas y que cuando crees que no lo pueden hacer, las fuerzan aún más con flipantes coincidencias, como que una de las parejas creadas con el intercambio tuvieron una relación que acabó muy mal unas décadas atrás y aprovechan para chingar como conejos o algo así, aunque tampoco es que veamos nada. Esto es un experimento fallido con siete actores, seguramente en los teatros la gente se parte el culo de risa porque todos sabemos que la miasma que va al teatro es rarita y tiene unos gustos muy distintos de los cinematográficos.

Da igual si eres un miembro del Clan de los Orcos o un sub-intelectual con GafaPasta, esto jamás interesará a ninguno de los dos grupos.

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Categorizado como Cine

Por sulaco

Maximus Julayus

2 comentarios

  1. Yo voy al teatro! bueno, iba más bien…. hace tanto tiempo que casi ni me acuerdo, con lo que me gusta!

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