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  • Pesadilla en Elm Street – A Nightmare on Elm Street

    16 de noviembre de 2019

    Qué mejor manera que celebrar Halloween que poniendo en los cines un clásico del terror viejuno para que refresquemos nuestras memorias y nos echemos unas risas, que muchas de estas películas las vez de nuevo y te das cuenta que más que cine de terror era cómico por lo malas que son y lo mucho que sobre-actúan todos. Me extraña que con la fiebre que hay por volver a hacer películas viejunas a nadie se le haya ocurrido rehacer esta, ponerles telefoninos móviles a todos los que van a morir y venderla como ujn producto nuevo. Se trata de A Nightmare on Elm Street y en España se estrenó hace la tira como Pesadilla en Elm Street.

    Un puñado de julays se pegan unos viajes que no veas esnifando estiercol y en los sueños se les aparece un deshonorable criminal truscolán que vive en waterloo y que aún no sabe que truscoluña no es nación.

    Un grupo de adolescentes de un poblacho de mala muerte tienen unas pesadillas horrendas en las que les sale un pavo ocmo medio retardado y que se pone un guante con cuchillas y les intenta hacer pupita de la mala. Los chavales lucharán contra este truscolán con todo lo que tienen pero claro, él, como buen truscolán, juega sucio y rastrero y ellos tendrán que improvisar mucho para derrotarlo o algo así.

    Más que cine de terror, esto es cine de cachondeo porque te pasas la película descojonándote con las polladas y con todos esos momentos que ahora que vivimos en la era del puritanismo y el buenismo, no se podrían rodar a menos que el director quiera que lo crucifiquen. Una de las cosas más curiosas de esta peli es que es la primera que hizo Johnny Depp, aquí comenzó su carrera y hace de vecino acarajotado que con tal de golizniarle el potorro a la vecina a la que se la quiere empetar, él si tiene que lamerle el suelo, se lo lame. La película es chorra que no veas pero nunca dejas de reirte con las gilipolleces que dicen o hacen. Lo más alucinante es que esta es la mejor de todas las películas que se hicieron en esa serie, que creo recordar y recuerdo que en la final, cuando mataban (de nuevo) a Freddie Krueger, te daban una gafas TresDé de las que tenían un ojo rojo y otro azul y en una escena determinada de la película te las tenías que poner, veías la escena y después continuaba en DosDé, una cosa rarísima pero que solo por eso mereció el viaje al cine, ya que creo que fue la primera vez que vi algo en TresDé. La película es patética pero de lo mala que es te lo pasas bien, consigue convertir todas sus flaquezas en puntos fuertes.

    Este tipo de cine cómico puede encantar a los miembros del Clan de los Orcos, que se pueden dejar ir en el cine y aullar como si fuera el día que les dan la paga. Por eso mismamente no molará pero que nada a los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • Buceando con tiburones y águilas marinas moteadas

    15 de noviembre de 2019

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

    Yo desde que era pequeñito la ilusión más grande que tenía era la de bucear con las águilas marinas moteadas o la raya jaspeada si eres finoli y hasta se lo decía a Dolorsi cuando le venía a hacer las pezuñas a mi madre y eso que yo ni sabía que algún día bucearía. Después de la sabia decisión de no irme de parranda la noche anterior, que me dijeron que regresaron del barco del alcohol a las tres de la mañana, yo fui el único que se presentó a bucear y como yo quería fuimos a Kandooma Thila, mi tercera y espero que no la última vez allí. El mar estaba como un plato. yo y mi Dive Master llegamos y otros dos barcos acababan de terminar. El plan, si había corriente, era el de siempre pero parecía que no había corriente. Bajamos y aquello era un remanso de paz y vemos un tiburón y dos y tres y treinta y tres. Bancos de peces, atunes, era un festival y nosotros, en lugar de quedarnos en el lateral, como no había corriente bajamos al cáñal, con los tiburones, que yo ya le dije al Dive Master que trabajo con una japuta y a mí me da más miedo la obesa esa rubia asquerosa que un tiburón. Estábamos allí en medio de una orgia de tiburones cuando apareció un águila marina moteada y yo ya era feliz pero es que después vinieron tres más y subí para tenerlas a mi nivel y fue el acabose, un momento épico y legendario. Después de eso, tiburones por decenas, por centenas y por delante y por detrás. Uno de ellos tenía un anzuelo con sedal clavado en una de las aletas. Fueron los treinta y nueve minutos mejor aprovechados de los últimos cinco meses.

    Salí brincando y cantando y al regresar, fui a desayunar y cantando el Macarena, aaaaarrrrrrhhhh. Para la segunda inmersión venían dos nuevas españolas, aunque una ya buceó en la nocturna del día anterior con nosotros y un español con doce inmersiones, básicamente, V-I-R-G-E-N. Como el pobre no podía, fuimos a donde la nocturna del día anterior, pero de día, que es un sitio fácil y bonito con sus morenas, sus corales, sus plantas, cangrejos y todo lo demás. Estuvo bien, pero chacho, después de lo anterior, aquello para mí era bajar a beber aire al fondo marino del agua del mar. Al regresar me fui con las españolas a almorzar, en el más pijos de los tres bochinches de la isla y ya les avisé que había que ir con tiempo porque son lentos preparando y sirviendo, pese a que fuimos los primeros clientes. Antes de eso tuve tiempo para media hora de playa. La tercera inmersión fue en Kandooma’s Corner, mismamente en la misma zona que la primera pero fuera del canal, en un ángulo. Yo no me esperaba mucho y realmente me daba igual pero consiguió sorprenderme. Vimos las morenas habituales, tortugas en abundancia, atunes, al menos dos Napoleones y tiburones de punta de aleta blanca de los pequeños, incluyendo un bebé escondido debajo de un coral. En un punto determinado, las pavas, que iban con su Dive Master, tiraron para arriba y el mío me dijo de seguir por allí para ir a ver unas cavernas. Estábamos de camino cuando aparecen dos águilas marinas moteadas, espectaculares y relativamente cerca. Me entró el frenesí, empecé a nadar como un poseso y conseguí ponerme a su altura para hacer un vídeo épico y legendario y verlas prácticamente mirándonos a la cara. Me dejé seguramente treinta bares de oxígeno en el esfuerzo y mordí con tanta fuerza la boquilla para tomar el aire que partí uno de los puntos que muerdes para mantenerla en la boca pero MERECIÓ LA PENA. Otro momento tan épico como el de la mañana. Después fuimos a las cuevas, fastuosas y muy interesantes y hasta el Dive Master me hizo un vídeo conmigo entrando en la cueva y para cuando salimos, yo seguía exaltado como evangelista en sus falsas misas. Toma, toma y toma, tremendo día cristiana.

    Después de eso, me fui a la playa a tomar el sol una hora, después a hacerme la caminata diaria, me premié con un helado corneto, recordándome que no quiero ser obeso como algunos comentaristas y ya por la tarde, quedé con los argentinos para ir a cenar, que ellos se van de la isla el viernes a primera hora y hoy se habían ido de excursión a otra isla. En resumen, un día fabuloso.

    El relato continúa en Prácticamente al final de la semana de buceo

  • Pelourinho do Porto

    15 de noviembre de 2019

    Enfrente de la catedral y la keli del Obispo tenemos el Pelourinho do Porto y al parecer la palabra adecuada en el español para esta estructura es la picota. Yo en mi ignorancia pensaba que era un monolito, pero una picota era una columna sobre la que se exponía a los reos de cuerpo entero o en versión comprimida solo con cabeza o cuerpo y se les exhibía para regocijo del populacho. La verdad que no todo es mejor ahora, yo hasta visitaría Barcelona si ponen una docena de estos y los petan con chusma y gentuza truscolana de la peor. Hasta me daría un viaje a Waterloo para escupir sobre los restos de alguno. La picota que vemos hoy en día se hizo en 1940 en base a un dibujo que había de otra que estuvo por allí, aunque no exáctamente en este lugar, unos siglos atrás.

  • Orgía sin fin de tiburones y alguna manta

    14 de noviembre de 2019

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

    Llegamos al día mayor del buceo, el día con cuatro inmersiones, que aunque Genin y Virtuditas están convencidos que esto agota lo mismo que cuando ellos se encuentran en sus coches para tomarse el cafelito en el aparcamiento del Karrefú, pues no, esto es una actividad física que desgasta y meterte cuatro veces a profundidades bárbaras tiene su peaje energético. Quedamos como siempre a las ocho de la mañana y como siempre, yo sin desayunar. Hoy solo íbamos la argentina e il Scelto y la primera inmersión era en Kandooma Thila, lugar que ya visité pero que es lo más a primera hora de la mañana y más con luna llena y las corrientes más brutales. Con corrientes, hay tiburones y con corrientes brutales, hay una cantidad brutal de tiburones. Nos dejaron garfios para poder engancharnos a las rocas. En la explicación previa, bajábamos primero a una roca grande y por allí están las rayas águila y después la corriente nos llevaría a donde los tiburones pero la corriente en ese canal era tan brutal que cuando llegamos al fondo, en un descenso de los que llaman en negativo porque es tirarte al agua y no puedes ni rezar un padre nuestro, comienzas inmediatamente a sumergirte y desde la superficie del mar a veintipico metros bajo el agua en unos pocos segundos. Nos pasamos del primer punto y solo vimos un Eagle Ray, espectacular y que volaba sobre las corrientes, pero pillamos el sitio de los tiburones y aquello fue épico. Bueno, primero tuvimos que cruzar un banco gigantesco de unos que no sé como se llaman en español y después el canal y decenas de tiburones de punta de aleta blanca y tiburones grises de arrecife pero en la versión adulto, gigantescos y algún atún enorme y bancos y bancos de peces y los tiburones que parecen disfrutar con la corriente brutal del lugar mientras nosotros permanecíamos en los laterales viendo el espectáculo. Aquello fue corto, la inmersión completa incluyendo los tres minutos a cinco metros para reducir la cantidad de nitrógeno fue de cuarenta minutos pero fue intensísima. No nos quedamos más porque a veintisiete metros, el tiempo que puedes permanecer sin necesidad de hacer descompresión es menor. Fue un flipe y salimos agotados pero eufóricos. En el viaje de vuelta nos topamos con las mantas comiendo plancton en la superficie y por lo menos cincuenta turistas nadando entre ellas. Nos tiramos con gafas y aletas y vi al menos cuatro en un momento determinado pero se fueron y estaba tan cansado que no podía nadar. Al llegar a tierra, fui a desayunar y regresé para la segunda inmersión, que fue en Manta Point, aunque estuvimos casi una hora y no vino una manta, con lo que aquello fue de esperar a dieciocho metros de profundidad sin que sucediera nada, salvo un pulpo al que le amargamos el día al final. Tras esto fui a almorzar con la argentina y adelantaron cuarenta minutos la tercera, que fue un híbrido y una que no hacen normalmente con clientes. Fuimos desde el lugar en el que acaba la inmersión Guraidhoo Córner a donde comienza la de Medu Faru. Suena fácil pero ambas están separadas por un canal, que fue lo que cruzamos, no creo que fueran más de ciento cincuenta metros, pero con una corriente brutal. En los cuarenta y tres minutos que estuvimos en el agua, en la mayor parte del tiempo yo pensaba que no nos movíamos. Nosotros llegamos a estar a treinta y un metros y por debajo de nosotros, cientos y cientos de tiburones, no se podían contar porque cuando mirabas solo en aquel instante pasaban diez o más por debajo de tí, todos enormes. Aquello era una orgía épica y legendaria de tiburones y de atunes y una mantelina (que son de las eléctricas, creo) y una manta gigantesca que pasó muy cerca de nosotros. El esfuerzo fue brutal, fue una de las inmersiones en las que más he luchado contra la corriente en mi vida, pero el resultado fue épico y quiero volver a cruzar ese sitio. Salí del agua con un subidón del quince, aquello es lo máximo.

    Ahí debería haber acabado el día pero teníamos una nocturna a las seis menos cuarto. Se apuntó otra chica española. Ni me acuerdo del nombre del sitio al que fuimos pero es como un pináculo submarino y lo vas rodeando. Al ser de noche, toda la luz que tienes es la de tu linterna. Vimos peces león, una morena fuera de su agujero, enorme y cambiándose de sitios, multitud de cangrejos minúsculos, gambas y bichos pequeñitos y unos corales preciosos. Es fascinante pero lo de las nocturnas sigue siendo algo que puedo hacer pero también puedo vivir sin ellas.

    Después de la cuarta, a las ocho de la noche, los buceadores del club quedaron con las latinas para que los llevaran a un barco que está en algún lugar sin determinar y en el que se puede comprar alcohol, ya que al no estar en tierra no está prohibido. Tal como me lo explicaron, íbamos a volver después de medianoche para cenar entonces y yo, con cuatro inmersiones y otra prevista para los ocho de la mañana al lugar de las corrientes y los tiburones, yo pasé que mi prioridad es y será siempre el buceo.

    El relato continúa en Buceando con tiburones y águilas marinas moteadas

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