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  • My People, My Country

    26 de octubre de 2019

    En la cadena de multicines a la que estoy abonado, además de las películas para turcos, indios, polacos y rusos, ahora han decidido también cubrir el segmento de los chinos y de cuando en cuando, aparece una película de ese país que ponen un par de veces. En el caso de la que voy a comentar, pensé que había perdido mi oportunidad porque el día que iba a ir a verla, baldeaban la ciudad de Utrecht y me quedé en casa, pero tuve suerte y la programaron para el fin de semana siguiente y así fue como fui a ver Wo he wo de zu guo, que no, Genín, que no me ha dado el telele, que al parecer ese es el título de ellos, aunque el internacional es el de My People, My Country y en España no tiene prevista la fecha de estreno, aunque el título ciertamente sería el de truscoluña no es nación.

    Un montón de julays como-que-podemitas las pasan putas y maduras o algo así

    Tenemos siete cortos, de unos veinte minutos cada uno, que cuentan historias relativas a siete momentos fundamentales desde la fundación de la China comunista. No tienen por qué ser cosas complicadas y el primero por ejemplo, es el drama de los que trabajaron para organizar el izado automático de la bandera en la ceremonia de inauguración de la China comunista, que fue toda una aventura. Otras historias se centran en momentos como la primera prueba nuclear, la anexión de Hong Kong, los primeros astronautas chinos y similares.

    Con siete cortos, la verdad que pensé que me moriría de aburrimiento con frecuencia pero no, las historias son amenas y entretenidas y como tienen una limitación temporal, no se llegan a hacer pesadas. Choca la diferencia cultural con los chinos, que son capaces de complicarse la vida con cosas que a nosotros nos la sudan. La película la pusieron en versión original con subtítulos en inglés con lo que me harté a leer, pero pese a eso, tengo que reconocer que hubo momentos gloriosos. La historia de la movida para izar la bandera es fascinante, igual que la de los astronautas. Con otras, el nivel cayó un poco, como con la de la primera prueba nuclear. Pese a todo, probablemente ahora conozco un poco más de la cultura china y lo que es mejor para ellos, desde el punto de vista oficial de su gobierno. Si yo fuera truscolán, yo no los provocaría con Hong Kong porque esta gente se toman ese trozo de tierra como algo muy personal y no lo perdonarán en la vida. En la historia relativa a ese lugar, por veintiún segundos de retraso por culpa del Principe ese con los orejones que se divorció de una pelleja joven y rubia para casarse con una vieja y repelente, pues por el retraso ese casi tenemos poco menos que una guerra universal.

    En fin, que pretender que los miembros del Clan de los Orcos vean algo así es utópico y además no les gustará pero sí que creo que puede tener un pase con los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • Fisherman’s Friends

    26 de octubre de 2019

    Hoy tenemos una película que vi en la segunda oportunidad. La primera vez que estuvo en mi radar, fue como el pre-estreno sorpresa de la semana, pero justo ese día diluviaba, literal y efectivamente y decidí que no merecía la pena darme cuatro baldes de agua para ir con la bici al centro de la ciudad, sobre todo cuando es agua fría. Después resultó que solo la estrenaron en un puñado escaso de cines y la tuve que programar en una visita a Amsterdam, ya que tenía un trailer y un tema que se veía interesante. Se trata de Fisherman’s Friends y al parecer no está previsto su estreno en España, pese a que ya habían impreso los carteles con el título de truscoluña no es nación.

    Un puñado de julays berrean que no veas

    Un grupo de pavos londinenses se van a la periferia campurria para una despedida de soltero o algo así y allí a uno de ellos le encargan que consiga que un grupo de palurdos que cantan canciones de marineros firmen un contrato con su empresa discográfica. Lo dejan allí tirado pero resulta que el chamo le huele el chumino a una pava y se encoña que no veas y además, es que está convencido que hay mercado para ese atajo de palurdos pescadores. El colega dejará su vida de ciudad y se pondrá manos a la obra para conseguir que los pescadores publiquen su primer disco y que sea un éxito que no veas, eso pese a que lo tienen todo en contra.

    Estas pelis de superación son siempre fabulosas y como todos sabemos que hay final feliz, nos quita el agobio de pasarlo mal. La historia es sencilla y aunque en ocasiones se les va un poco el baifo al cielo con alguna pollada que resulta difícil de creer, el espíritu de una misión casi imposible se mantiene. Lo de la historia de amor que añadieron entre medias igual hasta se lo podían haber ahorrado pero supongo que querían asegurarse el mercado de las hembras, que esas cosas las rechiflan. La música es folclórica, del Reino Unido y por consiguiente, totalmente desconocida para mi y tampoco me llevó a buscar con ansia y desespero el álbum, ya que está basada en una historia real. El nombre del grupo, si te gustan ciertos caramelos, seguro que te resulta muy familiar. En ningún momento me emocioné hasta las lágrimas pero tampoco me aburrí. Eso sí, personalmente creo que podrían haber recortado almenos quince minutos, que hay escenas que se hacen pesadas por lo largas que son.

    Con machos cantando y pescando, esto está totalmente prohibido para los miembros del Clan de los Orcos. Tampoco creo que esté al nivel que buscan los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • En la obscuridad

    25 de octubre de 2019

    Hoy es un día bastante significativo para mi porque en la latitud y longitud en la que me encuentro, cuando se ponga el sol esta tarde será el último día con una duración de la luz diurna de más de diez horas. Como cada día estamos perdiendo cuatro minutos, mañana ya estaremos en menos de diez horas y la debacle continuará hasta el veintidós de diciembre, que por suerte a mí me pillará en Gran Canaria, pero sí que estaré el día anterior y por esa época, la luz diurna solo durará siete horas y cuarenta minutos. Lo de la luz, cuanto más al norte vas, peor se pone en el invierno y aunque puedas creer que no te afecta, el no ver los rayos del sol, el estar en la obscuridad tiene un precio bastante alto. Si durante la semana no salgo a caminar a la hora del almuerzo, básicamente llegaría al trabajo de noche y me iría de noche y solo vería la luz durante los fines de semana. En Gran Canaria, cuando vaya en navidades, al día siguiente de yo llegar, que es el peor día del año por allí, habrán diez horas y veintiún minutos de luz solar, más el calor, que el sol allí cuando te acaricia la piel lo sientes mientras que el holandés es como una bombilla LED, frío que no veas porque el ángulo es demasiado bajo. En los días que están por venir, las velas con su luz cálida se convierten en protagonistas y en los bolsillos de mis chaquetas o en la mochila siempre tengo algún juego extra de luces para la bici que esté usando en ese momento, sobre todo la que uso en Hilversum y a la que le tengo que quitar las luces para que no me las roben en la estación. En estos meses oscuros, vivimos además la nueva Navidad, la comercial, que en muchas ciudades holandesas ya ha comenzado, con las calles con la iluminación navideña que además dejan hasta bien entrado enero o quizás incluso febrero, como fue el caso de Hilversum el año pasado, aunque en el lado positivo, al menos así hay bastante luz por muchas calles y carreteras.

    Saltando de tema, ayer tenía la fiesta del cuarenta aniversario de trabajo de un compañero en la oficina, que consiguió las cuatro décadas en la misma (o casi misma, ya que ha cambiado de nombre y de manos algunas veces) compañía. No es el único, hay al menos dos fiestas más que tendremos en lo que resta del año. Para mí, que llevo dieciocho años, se me antoja imposible el alcanzar esa cifra, dudo mucho que la multinacional esté en Europa en esa época, aunque no dudo que yo esté trabajando, ya que la edad de retiro se retrasa continuamente para acercarla a la media de lo que vive la gente, con lo que al final, lo de los planes de pensiones parece más bien un esquema piramidal en el que pretenden que vivamos entre tres y seis meses más de lo que trabajamos, para que no falte del dinero.

    En fin, seamos positivos, me estoy tupiendo a castañas asadas y el ascensor de la oficina ya tiene esas paredes pegajosas con los ataques químicos a los que los someto, a ambos ascensores que procuro no discriminar y alterno entre ambos.

  • Interior del Museu da Ordem de São Francisco

    25 de octubre de 2019

    Por salirnos un poco del círculo eterno de los interiores de las iglesias, hoy en lugar de eso noveleriamos en la parte del complejo que estamos viendo correspondiente al Museu da Ordem de São Francisco y una de las espectaculares salas del edificio, que se nota que la vida de los monjes era sufridísima. Las puestas se ven muy reforzadas y como eso fuera un comedor, el Cristo que lo preside tiene que haber pasado un hambre que no veas mientras los otros se encochinaban.

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